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Redondo de Talavante al sexto
Redondo de Talavante al sexto

Talavante se salva en la repetición de otra corrida estafa con las figuras

Por Emilio Martínez / DC
viernes 30 de mayo de 2014, 10:31h
Toros de EL PILAR, mal presentados en general, sin remate y anovillados excepto 1º y 6º; mansos, descastados y flojos. SEBASTIÁN CASTELLA: silencio tras aviso; silencio tras aviso. JOSÉ MARÍA MANZANARES: silencio; silencio. ALEJANDRO TALAVANTE: silencio; ovación. Plaza de Las Ventas, 29 de mayo. 21ª de Feria. Lleno con cartel de 'no hay billetes'.

Esta película ya la hemos visto. Los taurinos que manejan y manipulan la Fiesta la proyectan todos los años, en varias funciones a lo largo del ciclo isidril. Ya que hablamos de películas, nada mejor que remedar, pluralizándolo, uno de sus más inveterados títulos: 'Con ellos llegó el escándalo'. Con las figuras o figuritas o figurones, que eligen sus corriditas -aquí no cabe el aumentativo despectivo de corridones- de ganaderías comercialitas, flojitas y descastaditas para dar la cara -ja ja- en Madrid. Como en la estafa torera de este jueves, de la que se salvó a medias Alejandro Talavante.

Y el extremeño, que forma parte del G-5, del grupo que es incapaz de examinarse en la cátedra de Las Ventas con toros/toros de otros hierros, de esos que dejan para los modestos y desesperados, también es cómplice y beneficiario de apuntarse a estos bureles podridos. Pero, al menos, derrochó torería y entrega a lo largo de la pésima tarde, siendo el único que participó en quites ajenos y bordó algunas verónicas, delantales y remates de lujo en el último.

Este burel, que tenía una digna presentación aunque era flojo, le permitió una faena inspirada con un Talavante muy creativo que ofreció buenas series por ambos pitones, con desgarro, desmayo y encaje por el derecho y menor ajuste por el izquierdo. Festoneó buenos e improvisados adornos, y aunque faltó la máxima emoción por la cortedad de fuerzas, habría echado un trofeo en su esportón, pero, como en su anterior comparecencia isidril, falló a espadas.

Todo lo demás fue una tomadura de pelo de principio a fin De principio por esos bicornes, escogidos por los poderdantes y/o veedores de la terna, sin remate e incluso acornes -valga la paradoja- como el quinto, indignos de Las Ventas y de las figuras, figuritas y figurones si tuvieran dignidad y respeto no sólo a la afición sino a su profesión, que no las tienen. A tantas 'cualidades', añadían -los bureles, se entiende- la de su flojera rayando la invalidez. De principio también por ser aprobados por los veterinarios, cómplices en la estafa, como el usía, por no echar a alguno a las galeras del corral.

El teletoreo de Manzanares
De fin porque, encima, sólo Sebastián Castella se justificó con cierto valor ante el que abrió espectáculo hasta que el bicho rodó por la arena y demudó en (más) inválido. En el feote cuarto, ambos plantearon la faena a una defensiva que para sí quisiera Mourinho: el burel porque no se tenía en pie; el matador porque lo molió a trapazos. Más o menos como Talavante en la piltrafa tercera.

Siempre se pueden empeorar las cosas, siempre. De ello se encargó un apático y falsamente parsimonioso Manzanares, que tras la desastrosa lidia de su cuadrilla al segundo, aplicó sus armas habituales del teletoreo o toreo a distancia en algún pase de tanto empaque y estética como mentira, hasta le punto de que el animal acabó huyendo del alicantino dejándolo corrido.

Una huida del coletudo que ni siquiera el anovillado y escasamente ofensivo quinto, de 'bello' trote cochinero, fue capaz por su inmovilidad, mientras gran parte de los tendidos batían palmas... de tango. O reivindicaban y gritaban, sobre todo en el sanedrín sabio del 7 la palabra mágica que define a la esencia de la Fiesta, a la antítesis de la estafa y olé: toro, toro.

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