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Regás y las armas de Bush en Oriente Próximo

Regás y las armas de Bush en Oriente Próximo

miércoles 08 de agosto de 2007, 00:00h
Las vacaciones de verano, además de regalarnos sol y descanso, poco más nos deparan desde el punto de vista de lo que ofrecen  los periódicos en esta época estival. Los que seguimos leyendo la prensa -a pesar de tener muy en cuenta la consideración personal de la directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás, respecto al descanso necesario en los hábitos, más o menos extendidos, de leer lo que escribimos los que nos dedicamos a esto-, comprobamos que, al peso, recibimos menos que antes por el mismo dinero y que, como hay que llenar páginas y minutos de radio y/o televisión como sea, convertimos en noticia algo tan normal y natural como el criterio de Regás sobre estos asuntos y sus razones para celebrar que se vendan menos periódicos y que lleve dos meses sin ver tele ni oír la radio.

A mi esto último,  me ocurre desde hace muchas más semanas. La radio que odia por principio a Zapatero y que escupe cada vez que su Gobierno hace lo que sea me parece tan poco digerible como la que hace lo mismo pero con la oposición al PSOE. Por eso, cuando necesito estar al tanto de lo que sucede sin necesidad de incrementar el nivel de bilis en  mi organismo, enciendo un ratito Radio Nacional, y a otra cosa, mariposa.

Como a Regás, trasladar a los medios de comunicación la crispación e intolerancia de nuestros gobernantes, y también la de sus amados contrincantes, me provoca malhumor. No encontrar ningún resquicio de crítica, por parte de los que reproducen en sus medios los argumentos, e incluso los tics  del partido amigo, ni posibilidad de bondad en lo que hacen o dicen los defendidos por el contrincante medíático,  ayuda a conseguir no lectores sino fanáticos  adiestrados para recibir el producto adulterado sibilinamente.   

Por eso, porque lo enrollado es decantarse con claridad, algunos han arremetido contra la directora de la Biblioteca Nacional, intentando estirar sus palabras para hacer noticia de varios días con el propósito de que buenos y malos opinen. Afortunadamente, la clase política ha preferido tomar el sol y no dar cancha a los medios afectados por estas afirmaciones tan naturales  que, de no haber sido protagonistas,   podrían haber dejado su  espacio periodístico para dar cancha crítica al gran negocio armamentístico que EE.UU.  pretende hacer en Oriente Próximo. Más de 45.000 millones de euros.

Esta industria, tan interesada en que sus juguetes asesinos se fabriquen y, también,  se usen con la sana pretensión de no perjudicar a los que venden los proyectiles, no se detiene en menudencias como el nombre de los países compradores, por eso sus negocios de guerra  se extienden por  Israel, Palestina, Egipto, Arabia Saudí. Da igual, no importa si se entregan armas a ambos bandos; es indiferente saber que muchos de los países inundados por instrumentos bélicos que sólo pueden ayudar a extender guerras donde no se han producido todavía necesitan de más mantequilla y menos cañones. No sólo EE.UU. vende armas, también Rusia y Alemania se ponen las botas.

Hasta España, que hace pocos años vendía por un valor de 33 millones de euros, quiere ser de los primeros de la fila. Ahora, somos los octavos, con un negocio en 2006 de 587 millones. ¿Y qué? Me dice un colega que, como Regás y otros no se siente atraído por  las misas informativas. En su opinión, da igual, unos preparan la guerra, eligiendo con la venta de armas los puntos donde su uso es conveniente, y los que dan noticias prefieren que los defensores y detractores de la directora de la Biblioteca Nacional se despellejen hasta quedar exhaustos. Se presume  que, en este estado,  quedarán los habitantes de los países  de Golfo en lo que Bush ha puesto el ojo. Ya se sabe, donde pone el ojo, pone la bala y algo más.
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