2012 ha sido un año convulso para la escena madrileña. La llegada de Fernando Villalonga a la Delegación de Las Artes del Ayuntamiento fue el germen de una transformación completa en la gestión de los espacios culturales de titularidad municipal. La reforma se materializó en marzo con el cese de varios directores teatrales, entre ellos Mario Gas.
Villalonga aterrizó en el Ayuntamiento de Madrid a petición de la alcaldesa,
Ana Botella. Llegaba en sustitución de Alicia Moreno, cesada en diciembre de 2011, dispuesto a tomar las riendas del futuro de MACSA (Madrid Arte y Cultura S.A., la empresa pública desde la que se gestiona gran parte del presupuesto cultural municipal y sus actividades).

El nuevo titular no se anduvo con rodeos con su cometido. El 10 de febrero se conocía que la ex consejera delegada de MACSA,
Cristina Conde, había renovado por cuatro años los contratos del director del Teatro Español, de su gerente, de la directora de Fiestas Populares y de la directora del Teatro Fernán Gómez pocos días antes de que
Alberto Ruiz Gallardón abandonase la alcaldía de la capital. Estos puestos eran cargos de confianza de la antigua delegada de Las Artes, por lo que
Villalonga no tardó en denunciar que se trataba de prórrogas irregulares que no contaban con el informe pertinente de la Dirección General de Presupuestos.
A principios de marzo, el delegado anunciaba un nuevo ‘fichaje estrella’ para la cultura madrileña.
Natalio Grueso, antiguo director del Centro Niemeyer de Avilés, pasaba así a ser
responsable de Programación de las Artes Escénicas en la capital. Su labor como gestor cultural se basaría en diseñar un nuevo modelo para los espacios escénicos de Madrid: Teatro Español, Teatro Fernán Gómez, Teatro Circo Price y las Naves del Español de Matadero Madrid. Un modelo que implicaría la destitución de, al menos, tres directores teatrales de aquella ‘lista negra’ de contratos irregulares que dejaba el antiguo consejo de administración de MACSA.
El Español y el Fernán Gómez, ‘huérfanos’ de director
El primer nombre en salir a la palestra fue el director del Teatro Español y Las Naves del Matadero,
Mario Gas. Fuentes del teatro confirmaron el cese el 8 de marzo
(tan solo un día después del anuncio de la incorporación de Grueso) aunque
su salida no se haría efectiva hasta agosto. El delegado de Las Artes ya había arremetido anteriormente contra el que fue director del Español durante ocho años, al calificar de “insostenible” el valor de los años de prórroga de su contrato, que cifraba en 465.000 euros.
“Me voy porque los actuales responsables del Consistorio creen conveniente formar un equipo nuevo”, aseguró el director catalán, que en 2011 recibió 111.463 euros por su labor al frente del espacio escénico.
En apenas dos semanas la polémica salpicó al Fernán Gómez. La que fuera directora del teatro desde 2004,
Mora Apreda,
comunicaba su cese debido a los “cambios de estructura” propiciados por el nuevo equipo de Gobierno del Ayuntamiento. Tras una reunión que ella misma solicitó con el responsable de Las Artes, Apreda señaló que las reformas en el espacio escénico madrileño harían que “
no hubiera directores en los teatros” municipales.

El nuevo plan del Ayuntamiento para las artes incluía
cuatro direcciones generales: Comunicación, Asuntos Comerciales, Artes Escénicas y Actividades Culturales. Grueso se haría cargo de la tercera además de la programación del Teatro de Madrid y Casa de Vacas.