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Así es el proyecto de ley reguladora de los derechos de las personas ante el proceso final de la vida que se debatirá en septiembre

Una ley para morir mejor

miércoles 03 de agosto de 2011, 00:00h
Morir sin sufrimiento es un deseo anhelado por muchos. La medicina evoluciona para conseguirlo a través de los cuidados paliativos y las administraciones comienzan a ocuparse de regular lo que han llamado muerte digna. Conozca en qué consistirá la norma que legislará los límites del sufrimiento al final de la vida.
El Congreso de los Diputados abrirá en septiembre el primer plazo de enmiendas al Proyecto de la Ley reguladora de los derechos de las personas ante el proceso final de la vida, también conocida como "ley de muerte digna", tras haber sido aprobada por el Consejo de Ministros el 10 de junio. Entre los motivos citados en su preámbulo menciona el debate social surgido ante el aumento de la esperanza de vida de los ciudadanos, el envejecimiento de la población y, por consiguiente, "el aumento de enfermedades de evolución progresiva, en muchos casos acompañadas de un alto grado de sufrimiento del paciente y, por extensión, de sus familiares y allegados". "Ello suscita interrogantes éticos y jurídicos sobre las respuestas (...) que se han de dar a un número creciente de procesos terminales, degenerativos e irreversibles, dolorosos y comprometedores de la dignidad personal de quienes lo sufren. De este debate surge la conveniencia de regular, con un suficiente grado de certeza y precisión, los derechos de la persona en el proceso del final de la vida", prosigue el texto.

Hospital Beata María AnaContra lo que pudiera parecer, la normativa deja fuera, no obstante, la regulación de la eutanasia. El Código Penal tipifica como delito en su artículo 143 la inducción al suicidio de otro y se castiga con penas de prisión de cuatro a ocho años o de seis a diez en caso de ejecutar la muerte. "La presente ley no contempla la posible alteración de dicha tipificación penal vigente, por lo que la eutanasia resulta una actuación completamente ajena a los aspectos regulados en esta norma", reza el texto. Con todo, la carta no deja de ser controvertida. Para algunos, como el presidente de la Asociación Madrileña de Cuidados Paliativos, Álvaro Gándara, "es clarísimamente una puerta abierta a la eutanasia que restará autoridad a los médicos". Para otros, como el presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, Luis Montes, "es una oportunidad perdida para entrar en el debate que está en el tejido social, que es la disponibilidad de la propia vida".

"La mayoría de profesionales que nos dedicamos a atender a pacientes terminales coincidimos al considerar que ha sido un intento absolutamente fallido para intentar regular los derechos de las personas al final de la vida", asegura Gándara, que es además jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Beata María Ana, un centro sanitario privado y perteneciente a las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. "Esta ley dará todo el protagonismo al paciente en cuanto a la toma de decisiones, restándoselo a los profesionales. Lo que hace falta es una ley que ponga dinero sobre la mesa y garantice que todos los españoles puedan ser atendidos por profesionales acreditados en cuidados paliativos", agrega el doctor.

Según Gándara, dar más autonomía a los pacientes no era necesario, pues ya se regulaba "suficientemente" a través de la ley 41/2002 de 14 de noviembre, que reservaba al médico la lex artis (conjunto de prácticas médicas aceptadas generalmente como adecuadas para tratar a los enfermos). "Hasta ahora un médico no podía aplicar una sedación a un paciente recién diagnosticado de cáncer. Con esta ley el paciente puede pedirte una sedación y, si los profesionales nos negamos, probablemente nos puedan sancionar. Eso no va acorde con los protocolos normales", sostiene Gándara.

El doctor Luis Montes, en cambio, se ha hecho famoso por defender el derecho a morir dignamente. En 2005 fue cesado acusado de administrar altas dosis de sedantes a enfermos terminales en el Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa, departamente que coordinaba desde el 2000. En 2008 los tribunales archivaron el caso y exculparon al médico. Su historia llegó a la primera línea de los medios de comunicación y abrió un debate público sobre el tema, además de acelerar la aprobación de un Plan Regional de Cuidados Paliativos. Desde 2009 preside la Asociación Derecho a Morir Dignamente, que aboga por la despenalización de la eutanasia y el acceso universal a los cuidados paliativos.

Califica de positiva la futura ley porque "incrementa la calidad de la muerte de los ciudadanos", pero la considera "una oportunidad perdida" para haber regulado la total "disponibilidad de la propia vida". "Es como entrar en el túnel del tiempo y prolongar el debate que deberíamos tener", afirma. Además, en el área de los cuidados paliativos, Montes cree que lo importante es garantizar que estos servicios sean públicos. "La mayoría de los servicios de cuidados paliativos están en manos de organizaciones 'sin ánimo de lucro' confesionales, en manos de la Iglesia", denuncia.

Los cuidados paliativos en la región

En la Comunidad de Madrid exiten unidades de cuidados paliativos en el Hospital Gregorio Marañón (la más grande de la región), el Ramón y Cajal, La Paz, el Clínico San Carlos y el 12 de Octubre, además de equipos de soporte hospitalario en La Princesa, el Príncipe de Asturias, el Puerta de Hierro, Móstoles, el Severo Ochoa y el de Getafe. A ello hay que sumar la atención a domicilio (para pacientes con suficiente calidad y apoyo familiar) y el concierto de camas paliativas con instituciones privadas como el Hospital Centro de Cuidados Laguna y el Hospital de la Beata María Ana de Jesús.

La mayoría de usuarios son enfermos oncológicos o de patologías neurodegenerativas, así como otros males sin posibilidad curativa. La labor fundamental consiste en aliviar el dolor y otros síntomas. La morfina se utiliza a diario. Cuando un enfermo llega a estas unidades "debería saber" que va a fallecer (la LO 4/2002 obliga a los médicos a informar del diagnóstico al afectado). En la práctica, sin embargo, esto no siempre es así. "Aún siguen viniendo pacientes que no tienen ni idea. Hay compañeros míos que todavía no se atreven a informar adecuadamente", asegura el presidente de la Asociación Madrileña de Cuidados Paliativos. "Lo que también es verdad es que hay muchos pacientes que no lo quieren saber", añade.

Las plantas de paliativos son tristes. Y tranquilas. Habitual es encontrar en los pasillos allegados desolados, por lo que la asistencia psicólogica —y en algunos casos espiritual— se hace imprescindible. Y es que "aprender a asumir la muerte es una de las tareas más difíciles de la vida", dice una psicóloga especializada en ayudar a superar los duelos. A los estudiantes de medicina se les enseña a salvar vidas. El cien por cien de las personas, sin embargo, se mueren. Conseguirlo sin dolor ni sufrimientos es aún un reto de las sociedades modernas. El reto de morir mejor.
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