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Rafaelillo y Aguilar no pudieron y Robleño se estrelló con el peor lote

San Isidro. Escolar nos trae el toro/toro con emoción e interés

San Isidro. Escolar nos trae el toro/toro con emoción e interés

Por Emilio Martínez / DC
viernes 13 de mayo de 2011, 00:00h
A la tercera fue la vencida. Tras los petardos ganaderos anteriores, San Isidro, o más bien José Escolar, nos trajo la autenticidad del toro/toro, de irreprochable trapío -algunos aplaudidos nada más salir-  y variado juego, pero siempre con la emoción inherente e imprescindible para que la Fiesta cale en los espectadores, cuyo interés no decayó ni un momento. Eso sí, de la terna, sólo destacó Robleño, pese a sufrir el peor lote, mientras fracasaron Rafaelillo y Alberto Aguilar.
Toros de JOSÉ ESCOLAR, muy bien presentados y de juego desigual: 1º, 3º y 4º encastados -ovacionados en el arrastre-; resto mansos y peligrosos; todos desarrollaron sentido. RAFAELILLO: (pinchazo, media baja y 5 descabellos) pitos; (media y descabello) bronca.- FERNANDO ROBLEÑO: (bajonazo): palmas; (pinchazo y estocada) palmas. ALBERTO AGUILAR: (pinchazo y media) silencio; (media y descabello) silencio. Plaza de Las Ventas, 12 de mayo. 3ª de Feria. Casi lleno. Se guardó un minuto de silencio en recuerdo a las víctimas mortales del terremoto de Lorca, y Rafaelillo lució brazalete negro.

La jornada táurica podría haber sido redonda: ahí es nada, José Tomás anuncia su regreso a los ruedos por fin y en Las Ventas aparece una corrida con bicornes/bicornes que ofrecieron a la tarde la autenticidad de la Fiesta. Sí, toros guapos, pero duros y correosos, siempre con ese punto de fiereza que tanto gusta a los aficionados dabuten; que tanto disgusta a las figuras, figuritas y figurones -incluido el propio 'Mesías'- que ni en sus peores pesadilla sueñan anunciarse con ellos.

Vayan por delante, pues, las gracias a un ganadero honrado, José Escolar, que no se presta a los manejos que dominan la Fiesta, y que cría toros/toros, espectaculares -cual corresponde a su encaste Albaserrada- y sin aditamentos ni manipulaciones. Y, como en toda botica, unos le salen con mayor casta y bravura, otros con genio, otros resultan mansos, otros muy peligrosos... pero su lidia suele transcurrir con los ojos de los parroquianos clavados en el ruedo, embebidos porque allí pasan muchas cosas.

Como este jueves en la cátedra venteña, a diferencia de las dos funciones planas con el toro bobote y descastado de los dos festejos anteriores. La corrida cumplió -con desigualdad, pero cumplió- en los pencos, tomó 15 varas y ninguno de los 'escolares' rodó por los suelos. Además, la mitad de ella, 1º, 3º y 4º se adornó con casta agresiva -pero toreable- y las palmas restallaron con fuerza en su arrastre.

Tocarle en suerte y en desgracia
Es una pena que un experimentado lidiador como Rafaelillo mostrase una faceta desconocida en los de su lote, con los problemas de la casta, y ante los que este valentísimo murcianico tan querido en Las Ventas naufragó esta vez. Lo intentó de inicio en sus dos labores muleteriles pero sin quietud ni mando ni reposo; al contrario con un exceso de movilidad y dudas que fue justamente recriminada. Ya se sabe que el mejor escribano echa un borrón.

Más verde de experiencia, aunque se ha hecho un hueco en estos carteles, algo similar le ocurrió a Alberto Aguilar, en el codicioso que le correspondió en tercer lugar, aunque se la jugó más que el murciano y la afición así lo entendió. Con el reservón y peligroso último era misión imposible el toreo moderno que intentó; sólo merecía el macheteo final antes de despenarlo.

Y a Fernando Robleño, más que en suerte lo que le tocó en desgracia fue el peor lote, pues segundo y quinto -en la foto- fueron desarrollando sentido y pese a las probaturas del coletudo en todas las distancias y querencias, jugándose siempre la femoral, de tales pozos también era imposible sacar el agua del lucimiento con la pañosa. Eso sí, al segundo le saludó con un ramillete de mecidas verónicas rematadas con una larga -en la foto- de auténtico cartel como tarjeta de recuerdo de su clasicismo... cuando sus enemigos se prestan.

No obstante, antes de concluir esta crónica es justo y necesario, es nuestro deber y se insiste: bien, mal o regular; o sea, Robleño, Rafaelillo y Aguilar, todo fue de máximo interés porque aconrteció el escaso milagro del protagonista -ay, cada día más teórico y perdido- del toro/toro. Y olé.
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