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Un establecimiento madrileño ofrece una escultura personal a sus clientes

Un establecimiento madrileño ofrece una escultura personal a sus clientes

Por Miguel Ángel Moreno
miércoles 24 de noviembre de 2010, 00:00h
Tener su efigie reflejada en una escultura ya no es un privilegio, sino que está al alcance de cualquier consumidor. La empresa Three-Dee You ofrece a los madrileños una escultura personal a través de una imagen en tres dimensiones, un 'recuerdo sólido'. Madridiario descubre cómo se crean estas esculturas.
El concepto es tan interesante como difícil de entender en un principio: no hablamos de fotografía en tres dimensiones, ni tampoco de una escultura en el sentido estricto de su elaboración artesanal. Cleto De Matos, director general de 'Three-Dee You', explica a Madridiario que se trata de un producto "muy complicado de explicar con palabras".

Para evitar este problema, el establecimiento que esta empresa tiene en la céntrica calle de Fuencarral está lleno de pequeñas figuras de niños, jóvenes, parejas, mujeres embarazadas, novios... Figuras que están entre los 16 y los 23 centímetros de ancho, en las que se distinguen expresiones faciales y de colores realistas. Este es el aspecto de estos 'recuerdos sólidos' que ofrece este establecimiento madrileño.

"No nos querían registrar la marca porque decían que eso no existe", afirma De Matos, quien se muestra muy convencido en el futuro éxito de un producto que lleva apenas cinco meses en el mercado: "Creemos que va a ser el regalo de esta Navidad".

Regalo sorpresa
La escultura requiere obligatoriamente un modelo: esto representaba en principio un problema para aquellos clientes que entendían este producto como un regalo sorpresa. La solución que han encontrado desde la empresa es más sorprendente que la propia figura: conseguir que el modelo sea llevado a la tienda con los ojos vendados.

"Vienen con los ojos vendados, nosotros cuando llegan les preguntamos si saben lo peligroso que es lo que van a hacer y les metemos en el estudio, que es una habitación totalmente negra. Allí les escaneamos, les volvemos a vendar los ojos y les sacamos de aquí. Cuando tenemos la escultura lista quedan con nosotros y dejamos la escultura lista colocada en el escaparate. Cuando la ve, el regalado se queda absolutamente sorprendido", afirma Cleto De Matos.

Lo que da lugar a estas pequeñas esculturas personales es un proceso combinado entre dos tecnologías (fotografía y escultura tridimensional), que ya se utilizaban de manera independiente: las cámaras en tres dimensiones son un complemento habitual de los grandes montajes cinematográficos, mientras que la impresión en tres dimensiones se utiliza para crear prototipos industriales y maquetas de construcción. Este uso conjunto es lo que, según De Matos, hace pionera a esta empresa: "Somos los primeros en el mundo en unir estas dos tecnologías y sacar el producto a la calle".

De fotografía a figura
El proceso de creación de estas 'fotoesculturas' no difiere mucho para el comprador de una fotografía de estudio tradicional. El modelo se mete en un estudio oscuro, equipado con cuatro columnas de cámaras, donde es retratado. Es lo que Cleto De Matos denomina 'escáner 3D'. "Es como una cámara de fotos. Lo que hace es coger una imagen, pero una imagen tridimensional".

A partir de este escaneado en tres dimensiones, el turno es para la informática. Por medio de un software, los puntos que se han recogido —que cuentan con información posicional y de color— se ordenan en el espacio, formando un modelo tridimensional o 'sólido virtual'. Con este modelo se envía 'a imprimir', donde entra en juego la otra tecnología que compone el proceso: la impresión en tres dimensiones.

La impresora tridimensional trabaja como una impresora tradicional, con la salvedad de que en lugar de folios lanza capas de polvo, a partir del cual se irá formando la escultura. Capa a capa —con una resolución de 12 capas por milímetro— se imprime la figura, desde la parte interior a la superior, quedando solidificada la escultura, por lo que sólo resta apartar el polvo sobrante.

Estas 'fotoesculturas' pueden llegar a costar entre 99 y 289 euros, en función del tamaño que elijamos: el más pequeño tiene 16 centímetros de altura, mientras que el mayor llega a los 23. De momento solo pueden encontrarse en la calle Fuencarral 65, aunque en breve —según Cleto De Matos— comenzarán a extenderse por medio de franquicias en la mayoría de capitales de provincia y podrían llegar hasta a 35 países distintos.
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