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Treinta años de homenaje a doña patata

Treinta años de homenaje a doña patata

Por Carmen M. Gutiérrez
miércoles 07 de abril de 2010, 00:00h
El Museo de las Patatas (calle del Ferrocarril, 21) es toda una institución tanto dentro como fuera del barrio de Delicias. Populoso, barato y con una gran variedad de platos dedicados a este tubérculo, el bar cumple 30 años este mes.
El éxito cosechado por este bar se debe a su dueño, Ramón Guío, que a sus 78 años sigue siendo quien lleva el timón. De él fue la idea de dedicarlo a ese alimento rico en hidratos de carbono y vitamina C que "a todo el mundo gusta, a cualquier hora, no cansa y combina con cualquier cosa", según sus palabras.

Al entrar al bar llama la atención la cartelería, compuesta por vistosas láminas con frases como "Lo mejor de Madrid: el Museo de las Patatas y sus Clientes", "Homenaje a Doña Patata", "Aquí se comen las mejores patatas de 'to' Madrid" o "Plato de lujo. Torreznos y chorizo ibérico con patatas". Los carteles también parten de Ramón Guío, aunque a escribirlos le ayuda un amigo, ya que el hostelero nunca fue al colegio.

Desde el momento en que se pide la bebida, a un precio muy popular, se pueden ir degustando, por cortesía de la casa, patatas revolconas, patatas bravas o, incluso, migas y paella en domingo, es decir, "aperitivo gratis de cuchara y tenedor".

Después, si uno continúa con hambre puede pedir cualquiera de las raciones, como judías, callos o chistorra, por supuesto, con patatas, a un precio de unos nueve euros. "Cuando son dos personas les recomendamos que pidan media ración para que no se gasten el dinero y luego se quede en el plato", comenta Guío.

Entre tapas y raciones este bar sirve cada día unos 150 kilogramos de patatas, pero como reza su lema, "no sirve cualquier patata", y las traen de Segovia ya cortadas y lavadas. Para preparar semejante cantidad de platos Ramón Guío, a quien en el barrio conocen como el 'hombre de hierro', acude cada día de madrugada al bar el primero de todos pese a su edad. "No nos deja hacer mucho", dice Patricia, la cocinera. Así durante los treinta años que lleva haciendo las salsas para las patatas, las migas y las paellas que se sirven en el Museo de las Patatas, marca registrada. Después de todo este tiempo las espumaderas que utiliza para cocinar han pasado de ser redondeadas a parecer espátulas. "Con esta forma es mejor porque no se agarra el arroz", bromea.
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