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Recicla, que algo queda

Recicla, que algo queda

sábado 14 de noviembre de 2009, 00:00h
Un año más he tenido el lujo y el honor de arrimar el hombro en las jornadas medioambientales que ha organizado Madridiario. Repetir en el evento me da ya cierta perspectiva y horizonte para creerme conocedor de la realidad de la que estamos hablando. Pero repetir, también me da la absoluta certeza de que queda un mundo para que entre todos sepamos bien lo que hacemos cada vez que nos acercamos a un cubo de basura. Es el gesto más cotidiano y si me apuran más simple: pero en las jornadas celebradas la semana pasada en La Casa Encendida se pudo comprobar que tirar una cajetilla de tabaco puede convertirse en un solo gesto o en tres. Depende de si uno es un usuario avanzado y desmenuza la cajetilla en el plástico que la envuelve, el papel de aluminio que lleva dentro y el cartón que lo es todo, o si cree que es una cajetilla única y como tal va a al cubo del papel y cartón.

El camino es el correcto. Estamos en el buen rumbo. No hay más que ver el interés que despiertan estas materias entre los más jóvenes. Y eso ya garantiza el éxito para las próximas generaciones. No podremos evitar nunca que una abuela nos desmorone el reciclado de una semana echando, por despiste, la lata de atún al cubo de la materia orgánica, pero sí que podremos evitar que nuestros hijos no aprendan desde pequeños algo que no les supondrá ningún esfuerzo. Para ellos reciclar o separar los residuos será lo más normal del mundo porque será lo que les han enseñado y lo que han hecho en casa desde el primer momento.

Ahora bien: en todo este panorama tan idílico, también tienen que ponernos las cosas un poco más fácil. No me refiero a instalar un contenedor cada dos metros que afea, estorba y ocupa. Cuando uno quiere reciclar o tirar la basura “como Dios manda” si se tiene que coger el coche se lo coge. Y cuando uno no quiere reciclar, ni una legión de contenedores a los pies de su cama hará que le parezca cómodo reciclar y siempre dirá que le pillaba un poco lejos o que no tenía sitio. Reciclar es cuestión de voluntad, no de metros cuadrados. Y entonces ¿si no es lo de los contenedores, quien tiene que ponernos las cosas un poco más fáciles? Pues las administraciones y las empresas que se dedican a esto. Aspirar a que un ciudadano vea en una cajetilla de tabaco tres materias reciclables y no sólo una, es un ejercicio idílico y por otra parte innecesario. Reciclar debe ser fácil. Y si hemos sido capaces de llevar un hombre a la luna, seremos capaces de reciclar dentro del reciclaje y de diferenciar, distinguir y separar esos pequeños errores que seguro que cometemos todos.

PD: la pastilla de las cafeteras Nespresso ¿dónde se tiran? ¿Es un envase o va al cubo de “resto”? Me quedó esa duda. El año que viene, en las VIII Jornadas de Madridiario, si me invitan, lo pregunto.
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