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IU se une para no ahogarse con su particular soga

IU se une para no ahogarse con su particular soga

domingo 29 de marzo de 2009, 00:00h

Por primera vez en muchos años, la reunión de los delegados de IU de Madrid para fijar sus políticas de futuro y elegir nuevos cargos políticos no terminó con más heridas abiertas que antes de empezar el cónclave. Casi siempre, las distintas familias que conviven dentro de la coalición se convertían en los verdaderos protagonistas, quedando en un segundo o tercer lugar las propuestas a los problemas de los ciudadanos. Ahora, no.

Desde que se celebró la pasada Asamblea Federal de IU, en la que se eligió a Cayo Lara para sustituir a Gaspar Llamazares, las peleas internas se redujeron, incluso en Madrid. El colectivo mayoritario -el que se mueve en torno a Angel Pérez- llevaba semanas hablando con los chicos de Llamazares en la comunidad gobernada por la popular Esperanza Aguirre -los que se mueven cerca de Fausto Fernández, Inés Sabanés o Pepe Masa- y con una parte del PCM -los que se mueven alrededor de Enrique Santiago-.

Antes de inaugurar la Asamblea regional de IU, ya había acuerdo para apoyar todos juntos a Gregorio Gordo como futuro coordinador de la coalición. Sólo quedaba por meter en el saco del consenso a la parte de PCM que gira sobre su secretario general, Juan Ramón Sanz, quien inicialmente no estaba por la labor. Al final, el consenso total fue posible porque la gente de Sanz tuvo que respetar la decisión de los comunistas madrileños presentes en esta Asamblea de la coalición.

Por muy poco ganaron los defensores de la unidad interna. IU de Madrid llevaba mucho tiempo en batalla internas que la desgastaban y desprestigiaban ante la ciudadanía. Llevaba demasiados años con la soga al cuello y, cada vez que había elecciones, se temía que el número de votos menguase respecto a los anteriores comicios. La unidad  fue posible porque entendieron que la única manera de decidir y expresarse con claridad era quitarse la soga que les impedía hacer y casi respirar.


 Asumieron que la unidad, dentro de la discrepancia y el respeto absoluto al pluralismo,  era la solución a algunos de sus males. Hablaron mucho de política y se pusieron de acuerdo en trabajar para exigir soluciones a la crisis. Coincidieron, igual que la ugetista Carmen López y el secretario regional de CCOO, Javier López, en que es necesario dar caña a los que hacen las mismas políticas, aunque se refugien en siglas políticas distintas.

Echaron en cara a Esperanza Aguirre su inacción ante la crisis, y a José Luis Rodríguez Zapatero,  su generosidad con la banca y los empresarios. Cayo Lara llamó a la huelga general, siempre que ese sea el deseo de los sindicatos. Terminó la VIII Asamblea de IU-Madrid y la gran mayoría de los delegados interiorizó tan bien lo de la unidad que cuando dejaban la sede de CCOO,  el ánimo había hecho olvidar los insultos que en otras asambleas unos se lanzaban contra otros. Olvidados los cuchillos y
 eliminada la soga, ahora toca un tiempo en el que la palabras y las ideas toman el protagonismo.

Nino Olmeda

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