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Del fracaso escolar al éxito profesional

Del fracaso escolar al éxito profesional

Por Celia G. Naranjo
martes 28 de octubre de 2008, 00:00h
Cuando un joven arrastra un expediente académico plagado de suspensos o acaba de llegar de otro país, les resulta casi imposible acceder al mundo laboral. Los centros de formación para el empleo como CATFA, en el Corredor del Henares, les ayudar a abrir las puertas de su futuro, bien para continuar formándose o bien para empezar su carrera profesional.
Un grupo de jóvenes vestidos con mono azul se apiñan en torno a un soplete. Son aprendices de chapa y pintura. Casi todos inmigrantes, aunque también hay algún madrileño en paro. Ninguno había pensado nunca en dedicarse a esa profesión, pero ahí están, ilusionados con la posibilidad de empezar a ganar algún dinero.

Ese es el objetivo de Darío, un colombiano de 18 años que lleva apenas catorce meses en España. "Es lo que me ha salido. Antes trabajé como instalador de cocinas, pero ahora buscaré como chapista. Tengo que ayudar a mi familia", apunta.

Hoy solo está mirando: no puede practicar porque se ha dejado el uniforme en casa y aquí, en CATFA, son estrictos con la prevención de riesgos laborales. "Tenemos que serlo, es parte de la formación. Si no tienen el equipo, no pueden practicar", explica Alejandro López, director del centro, situado en Torrejón de Ardoz.

Los alumnos más jóvenes suelen ser alumnos que no han completado la enseñanza obligatoria y, por tanto, no pueden acceder a la formación profesional por no cumplir los requisitos académicos mínimos. En este caso, la formación para el empleo les abre la posibilidad de trabajar de inmediato, "y por lo general, cuando empiezan a ganar dinero, suelen olvidarse de la formación", dice López. Pero esa titulación también puede servirles para acceder a otra formación reglada. También hay algunos que pasan por varios cursos diferentes, en busca de más especialización.

En CATFA también reciben formación algunos jóvenes derivados por la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), otros  por el área de refugiados de la Cruz Roja, y otros no tan jóvenes que derivados por los servicios de empleo. Alumnos no faltan: se trata de uno de los pocos centros de estas características que existen en el Corredor del Henares. Pero, explica López, "no queremos dejar de lado la labor social, aunque a veces resulte difícil".

El perfil de estos alumnos, que carecen de experiencia laboral, obliga a orientar los cursos hacia la práctica. "A muchos hay que explicarles qué es cada cosa, para qué sirve, cómo utilizarla y cómo protegerse", dice López.

Para participar en alguno de los talleres gratuitos —electricidad, fontanería, mecánica— resulta imprescindible estar apuntado en el INEM. Suelen ser los organismos públicos los que derivan a los alumnos al centro, pero otros, como Darío, los han pedido por su cuenta y son admitidos cuando sobran plazas. También se ofrece formación continua para trabajadores en activo.
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