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Los habitantes del Gallinero reciben ayuda humanitaria

Los habitantes del Gallinero reciben ayuda humanitaria

Por Celia G. Naranjo
jueves 02 de octubre de 2008, 00:00h
Once días después de que una tromba de agua dejara sumergidas numerosas chabolas del poblado del Gallinero, en la Cañada Real, los voluntarios de la parroquia situada en la vía pecuaria repartieron este jueves alimentos, material escolar y ropa para los damnificados.
Una multitud se agolpó este jueves junto a la verja de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, en la Cañada Real, para recibir el material. Una bolsa de alimentos —aceite, arroz, azúcar, pasta y leche— por familia; leche infantil para los niños pequeños; ropa para niños y mayores en caso necesario, y material escolar —listado del colegio en mano— para que el inicio del curso no se les hiciera, si cabe, más cuesta arriba a los habitantes del Gallinero.

Entraron de uno en uno para llevarse las bolsas; alguno lo intentó dos veces, pero no 'coló'. Los voluntarios tenían ya un censo de las chabolas inundadas y las familias que las habitaban, además de un control de la escolarización de los niños, tarea en la que llevan varios años implicados. Por eso, se intentaba racionalizar el reparto, para dar ayuda a las que más lo necesitaban. "Y a nosotros, ¿no nos ayudáis?", se quejaba una gitana española que vive en los alrededores de la Cañada. "Esto es solo por la catástrofe", le respondían los voluntarios. Una emergencia con la que Cáritas y algunos particulares se han sensibilizado y han aportado un total de 2.400 euros, con los que la parroquia ha comprado alimentos y material escolar.

Agua estancada
El poblado, comunicado con la parroquia por una vía sin asfaltar plagada de drogadictos y 'camellos', por la que iban y venían las familias que se acercaban a por la ayuda, continuaba siendo, once días después de las inundaciones, una auténtica 'zona cero'. El agua ya se encontraba a niveles 'tolerables' que evidenciaban los estragos de la tromba: coches inservibles —convertidos en dormitorios y 'salones de juegos' para los niños—, restos de viviendas y montañas de escombros, ropa, colchones y todo tipo de enseres convertidos en basura.

En algunos rincones todavía quedaban varios centímetros de agua estancada, cuyo hedor podía percibirse desde cualquier rincón del Gallinero y del 'Ensanche', el 'PAU' que le ha crecido al poblado al pasar de albergar doce familias a las más de 150 actuales en solo dos años. Había ratas por todas partes: su proliferación se ha disparado desde las lluvias, hasta el punto de que resulta difícil encontrar algún rincón donde no haya alguna. Precisamente, este jueves el Ayuntamiento envió a los servicios de desratización, que no cesaban de advertir a los niños, la mayoría descalzos, para que no se acercaran al veneno.

Según Ángel Castilblanque, uno de los voluntarios, este martes solo fueron al colegio once de los centenares de niños que viven en el poblado. A la parroquia, que lleva varios años elaborando el censo y controlando el absentismo de estos menores, solo le constan 150 escolarizados. ¿Y cuántos quedan sin escolarizar? "Ni idea", respondió el voluntario, "pero calcula", añadió mientras señalaba la 'calle principal'.

Decenas de menores deambulaban entre las chabolas. Unos decían que querían ir al colegio, pero que no lo habían hecho porque no tenían zapatos. Otros, un poco más mayores, no querían ni oír hablar del asunto. Algunos estaban semidesnudos porque sus padres lo perdieron todo con la inundación. Hasta este jueves, cuando, por fin, llegó la ayuda para empezar otra vez desde cero. Mientras tanto, según fuentes municipales, 10 de las 34 familias que hace once días fueron realojadas por los servicios sociales de emergencia continuaban este jueves en esos dispositivos.
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