En los dos últimos años se ha hablado en varias ocasiones sobre la restauración del mural del Rastro, en la cabecera de la calle Embajadores, junto a la plaza de Cascorro. En noviembre de 2019 el diario ABC publicó que recuperaría sus perfiles y sus colores primitivos. Según esa información costaría 40.000 euros, que serían sufragados por el Ayuntamiento. En los dos últimos años se ha vuelto a hablar de la inminencia de la restauración, pero esta no llega y los vecinos lo vemos cada día más difuminado.
Esta obra mural de Enrique Cavestany fue realizada junto a otros tres artistas. Mide 17 metros de alto y 5 de ancho. Se pintó por iniciativa del entonces alcalde Tierno Galván, que quiso decorar algunas medianerías con pintura simbólicas. Corría el año 1983. Un poco más abajo, en el 9 de Embajadores, Alcáin pintó otro mural, que permanece. Para una de las paredes medianeras de Puerta Cerrada se eligió a Alberto Corazón, y también está más o menos bien conservado.

En la plaza del Carmen se pintó el conocido como Mural de la Paz, que está en situación similar de destrucción. Este, tal vez tenga más suerte con la prevista remodelación integral de la plaza. Todavía no era habitual, como ahora, que artistas que dominan la pintura callejera, realizaran grandes obras al aire libre. En los últimos años figuras como Okuda, Suso o el Rey de la Ruina contribuyen a hacer más hermosa la ciudad.
También, desde hace tres años, la feria de arte Urvanity convoca a muralistas de todo el mundo que trabajan durante unos días en Madrid, dejando un espectacular legado. Muy cerca del mural del Rastro se pintaron, en la calle Embajadores, dos nuevos, uno frente al otro, que son uno de los atractivos actuales para los turistas.
El mural de Cavestany tiene, además, un destacado simbolismo que lo convierte en un documento único de la época de la Movida. El artista, que tenía cuarenta años cuando lo realizó, pintó una galería de más de treinta personajes que, entonces, se reconocían a primera vista. Allí retrató a Sabina y al fundador de La Mandrágora, además de poner como fondo algunos de los comercios de la época. Realmente tituló su obra como Cocktail Grand Luxe.

Cavestany ha manifestado en alguna ocasión que está dispuesto a supervisar la restauración de su gran obra. Solo hace falta que se tome la decisión de hacerla y de conseguir el presupuesto necesario. Siendo el Rastro uno de los atractivos turísticos más importantes -visita obligada los domingos- no se entiende que se deje desvanecer esta estampa del Madrid de los ochenta.