La Dehesa de la Villa es de todos los madrileños, pero hay uno que la disfruta más que los demás. Se trata de Mariano Hermira, un octogenario que plantó y cuida las encinas y pinos de una vaguada de esta zona verde de Madrid.
Hubo un tiempo en el que la actual Dehesa de la Villa era conocida como la Dehesa de Amaniel, debido a su propietario, Lope de Amaniel, ballestero de Enrique II de Castilla. En este mismo lugar, desde hace más de una década y pese a ser propiedad del Ayuntamiento de Madrid, hay un rincón situado entre la Fuente de la Tomasa y el Ciemat que pertenece, al menos sentimentalmente, a Mariano Hermira, un vecino de 81 años.
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"Empecé a plantar árboles hace 14 años, cuando me jubilé. Vi a una pareja regando un árbol con una botella y me dije que ese gesto no era suficiente", explica el hombre, menudo, cano y de ojos ilusionados. En ese momento, comenzó a pensar que tenía que hacer algo por la Dehesa de la Villa y aprovechó una plantación del Ayuntamiento para pedir permiso al responsable de la misma y colocar 47 árboles en una zona de vaguada que estaba casi yerma. La única condición que le pusieron fue que los cuidara él.
Desde entonces, Mariano riega sus árboles y cuando alguno no consigue salir adelante, lo sustituye por otro. Siempre planta pinos piñoneros y encinas, las dos especies más comunes del parque, gracias a los ejemplares que le regalan otros usuarios o consigue él. "Los cuido como si fuera una madre buena", dice tras asegurar que todos los sábados a primera hora de la mañana acude al lugar para que los árboles más jóvenes tengan el agua que necesitan para crecer.
Los grandes ya no los riega, porque el agente medioambiental de la Dehesa de la Villa le explicó que los que ya han crecido no necesitan más agua que la de la lluvia. "Me dijo que si los regaba crecerían más, pero eso es lo que yo quiero, que estoy ya casi criando malvas", protesta. La realidad es que cumple las indicaciones que le dan los responsables del parque.
Jardinero espontáneo "Yo creo que aquí ya me respetan", comenta. Efectivamente, casi todo los asiduos al parque le conocen y saludan, y la zona ha llegado a ser conocida como 'donde Mariano'. También tiene relación con los jardineros, a los que pide cada sábado una manguera para regar, aunque cada vez se lo ponen más difícil por petición de su mujer, ya que tiene los achaques de la edad y ha sufrido problemas de espalda posiblemente por esta afición.
Prácticamente todos los días se puede ver a este hombre entre sus pinos y encinas, controlando su desarrollo y disfrutando del paisaje. Y no lo hace solo por entretenerse. "Esto se ha convertido en una obligación", dice el jardinero espontáneo, que ha sido camarero y transportista antes de jubilarse.

La Dehesa de la Villa no ha sido su única ocupación durante su retiro. También ha conseguido el Graduado Escolar. No había terminado los estudios, pues al acabar la Guerra Civil, cuando era niño, cerraron su escuela y tuvo que dejar Madrid precipitadamente. Este año cursa segundo de Electrónica en el instituto de educación secundaria Virgen de La Paloma. "He empezado a escribir mis memorias en el ordenador", añade Mariano como si lo demás fuera poco.