Se suele señalar a los madrileños como presumidos o incluso de faroleros, hasta el famoso refrán 'más chulo que un ocho' tiene su origen en la capital. Pese a ese orgullo, de sobra conocido, no todas las joyas de la ciudad han tenido el cariño y respaldo que su importancia requieren. El característico ladrillo rojo del neomudéjar que se puede observar en cientos de edificios de Madrid ha pasado hace poco más de dos meses a engrosar el patrimonio protegido de la ciudad, hasta entonces años de lucha entre las entidades vecinales y en defensa del patrimonio para salvaguardar este legado tan popular desde finales del siglo XIX y principios del XX con edificios que, además de esta protección, demandan un mayor cuidado para alguno de las construcciones más simbólicas que sufren el paso del tiempo y los años de desidia sobre sus muros.
El estilo “más genuinamente español”, como lo llegó a calificar el historiador y arqueólogo José Amador de los Ríos, vivió el pasado febrero un hito en su longeva historia cuando el Ayuntamiento de Madrid modificó del Plan General de Ordenación Urbana con su incorporación al Catálogo de Edificios Protegidos la arquitectura popular neomudéjar. En concreto 319 edificios, de los cuales más de 250 son de nueva incorporación y otros 66 estaban ya incluidos pasando ahora a gozar de un mayor nivel de protección con los distritos de Tetuán y Puente de Vallecas a la cabeza en el número de edificios, clave para entender la evolución y crecimiento de Madrid donde además de alojar importantes instituciones fueron el primer hogar de muchas familias de la clase obrera madrileña.

El neomudejar castizo
15 de los 21 distritos de la ciudad acogen en sus calles algunos de estos edificios protegidos. Tetuán encabeza la lista con 122, 96 se suman al catálogo y 26 ven aumentada su protección. Los distritos con mayor concentración de esta arquitectura son Puente de Vallecas, con 78 edificios, Latina, 28; Carabanchel, 25;, Salamanca, 14; Usera y Ciudad Lineal, 11, Retiro, ocho; y Chamartín, siete. También se encuentran ejemplos en Fuencarral-El Pardo y Villaverde con cuatro; Villa de Vallecas, tres, Barajas, dos. Por su parte, los distritos de Moncloa-Aravaca y Hortaleza, con un solo edificio en cada uno de ellos.

Estas construcciones fueron erigidas en Madrid entre finales del siglo XIX y principios del XX. Su distintivo principal es el empleo de ladrillo como material y técnica constructiva. Presentan además una arquitectura caracterizada por la utilización de pocos materiales y un enfoque artesanal. Las fachadas siguen los estándares tradicionales de la arquitectura residencial de la época: simetría, proporción vertical de aberturas y muros en todas las plantas. Los balcones suelen contar con rejas de hierro forjado y zócalos en las plantas bajas. Mientras que en los edificios representativos del neomudéjar de Madrid se usaba ladrillo fino aplantillado, en la variante popular se empleaba un ladrillo tosco, con arena en sus caras, moldeado a mano y cocido en hornos abiertos. La identificación de estas características han permitido a los técnicos del Área de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad realizar un análisis histórico y formal de los edificios seleccionados de manera individual, con el objetivo de reconocer los elementos característicos de este estilo y así incorporarlos en la modificación del PGOU.
Joyas desconocidas protegidas por los vecinos
Un paseo por los enclaves más céntricos de la ciudad nos permite contemplar imponentes construcciones que albergar hoy algunas de las instituciones más importantes de la ciudad. Entre los edificios más destacados que con este estilo arquitectónico en su construcción se encuentran las Escuelas Aguirre, hoy Casa Árabe. El Hospital Niño Jesús con importantes rasgos de este estilo, así como la Plaza de Toros de las Ventas o incluso la castiza Parroquia de la Virgen de la Paloma. Pero hay joyas que la ciudad todavía esconde para la gran mayoría de madrileños y que muchas han llegado a nuestros días por el empuje de grupos vecinales en defensa de estas construcciones.
“Es el germen y embrión de la modificación del PGOUM”, ha reconocido el delegado del Área de Urbanismo, Medioambiente y Movilidad en el Consistorio, Borja Carabante, en el Pleno que aprobaba esta la incorporación al catálogo de la arquitectura popular madrileña. Detrás de este trabajo de mapeo, identificación y posterior propuesta al Ayuntamiento están entidades como Patrimonio Tetuán, que en diciembre del 2022 presentó al Ejecutivo municipal un documento de 40 páginas donde realizaron un análisis de la situación de estas edificaciones y la propuesta de protección para el Ayuntamiento. Tirso Ocaña, doctorado en Patrimonio por la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los responsables de este informe, hace un “balance positivo” desde la aprobación de esta mayor protección. El trabajo de este grupo compuesto por vecinos, urbanistas y arquitectos comenzó a dar sus primeros paseos de reconocimiento en verano de 2021, para identificar aquellas construcciones que corrían riesgo de desaparecer. Un trabajo que plasmaron en una ficha que identifica da una de las construcciones, una labor minuciosa que trasladaron al Consistorio y que empujó su incorporación al catálogo de mayor protección.
"No se debe proteger por proteger"
Una tarea que ha tenido momentos agridulces. Ocaña señala que en los últimos ocho años se han perdido el 50 por ciento de las construcciones originales del neomudéjar popular. Subraya, además, que el objetivo no debe ser “proteger por proteger” si no que, de la mano de las instituciones, se realicen rutas para divulgar la importancia histórica de este patrimonio, así como la puesta de señales o carteles que identifiquen los edificios, así como un espacio permanente de interpretación en el distrito. Desde Patrimonio Tetuán crearon un mapa con fotografías de cada edificio singular, señalando además los distintos grados de protección de las construcciones.
Inusual consenso político
Salvo excepciones es poco habitual que alguna propuesta pase primero por comisión y luego llegue al Pleno para aprobarse por unanimidad. En este caso, la protección del neomudejar popular consiguió que a los votos del equipo de Gobierno de José Luís Martínez-Almeida se sumaran los apoyos de Más Madrid, PSOE y Vox en el Pleno de febrero que aprobó la protección definitiva para estas construcciones. El delegado de Urbanismo, Medioambiente y Movilidad Borja Carabante, destacó que la medida "conserva una parte importante de la memoria colectiva de la ciudad" e incorpora al registro de edificios protegidos "manifestaciones de la arquitectura popular", no solo obras de renombrados arquitectos.
La protección fue aprobada por unanimidad
Por su parte, el edil socialista y portavoz de Urbanismo en el Consistorio, Antonio Giraldo, señala que lo aprobado el pasado febrero en Cibeles se trata de un documento que recoge “todas las propuestas” recopiladas por las entidades sociales en defensa del patrimonio madrileño. El concejal echa en falta que en el catálogo no se hayan incorporado las casas bajas, cuyo futuro está más en riesgo por la presión inmobiliaria. Estas edificaciones recogen la esencia del neomudéjar popular, sin “una calidad muy alta”, en cambio tiene un “gran interés cultural y para la historia de la ciudad”.

La protección es un paso clave que suscitó la unanimidad de los 57 ediles en el Pleno de Cibeles, pero para Giraldo hay que dar pasos más concretos para garantizar el futuro de estas construcciones que, en su inmensa mayoría, están en manos privadas, en muchos casos sobre las espaldas de perfiles humildes y con bajos recursos. “Ahora que les exigimos un mantenimiento y una conservación más estricta habría que avanzar unas líneas de ayuda”, señala a este medio el concejal del PSOE, que subraya, “si entendemos que es patrimonio municipal, y exigimos una protección, habrá que ayudar a los propietarios que no pueden hacerle frente".