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OPINIÓN

Hábitos saludables de ahorro e inversión

Por Joaquín Galván Vallina
martes 17 de agosto de 2021, 11:12h

Si se quiere lograr algo importante, hace falta planificación y método. También en el ahorro y la inversión.

Ahorro doméstico

Existe una gran cantidad de libros que promueven y exponen métodos para llevar adelante el ahorro doméstico. En general, todos estos libros son recomendables debido a que se desarrolla un método de ahorro, que es lo fundamental. Lo mismo ocurre para otras tantas cosas en la vida: si son importantes y a largo plazo, el establecer un objetivo y ceñirse a una planificación y un método es crucial (y supone, en la mayoría de los casos, la diferencia entre el éxito o el fracaso).

Hay situaciones en la vida laboral de las personas en que se puede ahorrar y en otras no, por lo que es mejor hacerlo cuanto antes: el ahorro es el estadio previo a la inversión, y hay que aprovechar el factor tiempo -fundamental para poner a trabajar la inversión y rentabilizarla-. Estos métodos se adaptan mejor a personas con cierta estabilidad laboral y salarial, cosa que escasea cada vez más.

El sistema japonés Kakebo (libro de contabilidad del hogar), creado en 1904 por Hani Motoko, se ha hecho muy popular en los últimos años. Propone llegar a ahorrar hasta el 35% del sueldo, sobre una base sistemática que consiste en hacer presupuestos realistas y anotarlo todo escrupulosamente. Pero también hay otros libros que desgranan consejos útiles para el ahorro doméstico, como “Claves y trucos fáciles para ahorrar en casa”, de Carmen Fernández, con muchos consejos prácticos y basado en la planificación y la reutilización.

También está de moda el interesante sistema 50/30/20 enunciado por la profesora de Harvard Elizabeth Warren, coautora con su hija del libro “Todo lo que vales: el mejor plan para gestionar el dinero de por vida”.

Las proporciones no son una regla rígida, aunque lo deseable es -al menos- acercarse a ellas: los gastos imprescindibles, como la vivienda y la comida, deben ocupar el 50% del presupuesto; un 30% en cosas opcionales como vacaciones, cenas o actividades de ocio; el 20% restante debe ir dedicado al ahorro.

Es importante diferenciar entre gastos que son necesidades y los que son deseos. Un gasto del que se pueda prescindir sin grandes inconvenientes, como acudir a un concierto, es un deseo; mientras que aquel que si se corta afecta gravemente a la calidad de vida, como la electricidad, es una necesidad. Los deseos son esos pequeños gastos que entretienen y hacen la vida agradable, pero si no se controlan ponen en peligro las finanzas domésticas.

Un elemento importante para casi todos los sistemas es el preahorro, es decir, detraer desde el principio de cada mes la cantidad que se ha proyectado ahorrar; aplicando a la parte restante los porcentajes planificados para los diferentes gastos.

Este método de control financiero ha pasado a ser una referencia a escala mundial en cuanto a standard de hábitos financieros saludables. Su gran virtud es que es útil, y que ese 20% de ahorro supone un colchón de seguridad ante circunstancias imprevistas.

Inversión

Tras ahorrar, el siguiente paso es la inversión. ¿Qué estrategia tengo para llevar a cabo la inversión? En función de la cuantía de los ahorros, se suele evolucionar de la siguiente forma:

1- Si se tienen unos ahorros mayores de cero y hasta, aproximadamente, 400.000€, lo normal será centrarse en productos de inversión convencionales, tales como cuentas remuneradas, fondos de inversión, títulos de deuda, planes de pensiones o acciones.

2- Si los ahorros se acercan a los 400.000€, lo recomendable es buscar un asesor financiero de confianza (para cantidades inferiores saldría más caro el collar que el perro).

3- Para cantidades más altas, se podría ir pensando en beneficiarse de las ventajas fiscales de una SICAV; cuyo capital mínimo son 2,4 millones de euros, pero compartidos por varios socios, y que tributa al 1% en el impuesto sobre sociedades. Normalmente, el mismo asesor financiero orienta al cliente sobre esta opción.

Habitualmente, los ahorros domésticos llevan a situarse en la fase 1, en la que no hay un asesor profesional, por lo que el ahorrador tiene que elegir su modalidad de inversión. Para ello, conviene observar ciertas reglas y conocer los productos principales de que se dispone.

Antes de invertir, conviene tener presentes unas normas básicas. La mayor parte de las inversiones fallidas, tienen como origen contravenir estas medidas. Los inversores y los organismos de control, han elaborado síntesis de recomendaciones que se deben seguir, como el decálogo del inversor de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

Una inversión con éxito en los mercados no nos convierte en inversores profesionales. Para invertir en los mercados hay que conocerlos. Hay que partir de un objetivo de rentabilidad; la inversión debe responder a un plan y no es como comprar un billete de lotería. Es necesario establecer un plazo (corto, medio o largo) que condicionará completamente la modalidad de inversión

También hay que tener en cuenta el riesgo (bajo, alto o muy alto), para elegir la modalidad de inversión. Es necesario ser conscientes de que, cuanto mayor es la rentabilidad que se ofrece, mayor es el riesgo que se corre.

Es necesario elegir un intermediario para operar en los mercados. Para ello, en el caso de España, debe figurar en los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores como entidad autorizada para ofrecer servicios de inversión. En caso contrario, hay que descartar esa entidad, a riesgo de que sea un chiringuito financiero y que se pueda perder todo el dinero.

Hay que elegir uno o varios productos y, para ello, lo fundamental es comprender el producto en que está invirtiendo. Nuestra inversión debe ser acorde con nuestros conocimientos, experiencia, los objetivos que nos hemos planteado y la situación de nuestras finanzas personales. Se puede elegir un producto simple o complejo, pero siempre comprenderlo.

Cuando invertimos en títulos que están denominados en moneda extranjera, obtenemos una rentabilidad en esa misma moneda. Si la moneda extranjera se deprecia con respecto a la nuestra, esa rentabilidad disminuye. Este riesgo hay que valorarlo, tanto para los dividendos como para los tipos de interés.

No todo el mundo es igual, y no hay una cartera idónea para todos los tipos de inversores. Para cada perfil de inversor hay una inversión adecuada, aunque nos centraremos en una inversión conservadora.

Por último, durante el tiempo que dure la inversión, es necesario realizar un seguimiento de la misma. No sólo hay que hacer una inversión acertada, sino también ver cómo evoluciona y, en su caso, modificarla.

¿Cuáles son los principales productos en que puedo invertir?

  1. a) La renta fija –obligaciones y bonos-, supone prestar dinero al emisor y convertirse en sus acreedores. En general, la renta fija nos proporciona rentabilidad mediante el pago de unos intereses periódicos de una forma prefijada.

Podemos encontrar una gran variedad de títulos de renta fija nacional e internacional, como deuda pública de diferentes países, deuda corporativa, bonos extranjeros, eurobonos, obligaciones indiciadas o bonos de alta rentabilidad.

Cuando se invierte en renta fija es importante conocer las características peculiares de cada título, ya que pueden variar de forma significativa en función de la modalidad que elijamos.

Es fundamental la relación de la cotización de los títulos de renta fija con el tipo de interés del mercado: si los tipos de interés suben, la cotización del título en el mercado baja y si los tipos de interés bajan, la cotización del título en el mercado sube.

También es fundamental la relación entre rentabilidad y riesgo en los títulos de renta fija: si un título es muy seguro, tenderá a ofrecer una rentabilidad baja, mientras que un título es arriesgado, tenderá a ofrecer una rentabilidad alta.

Si quiero obtener una rentabilidad segura –como la que correspondería a los títulos de deuda pública- mis expectativas serán poco más que mantener el poder adquisitivo de mi inversión. Si compro bonos de alta rentabilidad, su rendimiento será alto, aunque también tendrán un nivel elevado de riesgo de impago.

Siempre que nos ofrezcan una rentabilidad significativamente más alta que los tipos de interés del mercado, estaremos asumiendo un considerable riesgo de impago.

  1. b) Las acciones otorgan a sus tenedores la condición de socio propietario de la misma, en proporción a su participación. Las acciones son valores de renta variable, debido a que no es posible conocer con certeza la rentabilidad que se obtendrá de la inversión. Tanto el precio al que podrán venderse como los dividendos que se van a percibir durante su periodo de posesión son inciertos

Los rendimientos que un inversor puede obtener por invertir en acciones dependerán, principalmente, de dos factores:

1ª La diferencia entre el precio de compra de las acciones y el precio de venta de las mismas (plusvalías, si el precio de venta es superior al de adquisición, o minusvalías, en caso contrario).

2ª De los dividendos que la Junta General acuerde distribuir. Por ello, la política de dividendos de una empresa es una referencia importante para los inversores.

El inversor en renta variable a corto plazo, se fijará principalmente en las posibles ganancias a través de plusvalías, mientras que el inversor a largo plazo, prestará especial atención a los dividendos.

Para disminuir el riesgo, los inversores en renta variable diversifican sus carteras.

De cualquier manera, la inversión en renta variable se concibe principalmente para el largo plazo. En el largo y muy largo plazo, una inversión adecuadamente diversificada en renta variable, resulta considerablemente más rentable que una inversión en renta fija.

  1. c) Los Derivados son productos financieros cuyo valor se basa en el precio de otros activos. Entre éstos, podemos encontrar principalmente los mercados de opciones y futuros. Nos adentramos en un campo de instrumentos apalancados; el apalancamiento permite negociar grandes volúmenes con una cantidad de dinero invertida pequeña; esto hace que los beneficios puedan dispararse, pero las pérdidas también. Es por ello que habrá que conocer en detalle los productos en que estamos invirtiendo y realizar un seguimiento adecuado de los mismos. Los derivados son productos apalancados que pueden conllevar elevadas ganancias o elevadas pérdidas.
  2. d) Las inversiones en divisas y commmodities a largo plazo pueden ser una apuesta a considerar; a corto plazo (trading) son muy volátiles y, con la gran competencia que existe en los mercados, es muy difícil obtener rentabilidades considerables.
  3. e) Las inversiones en activos sin un mercado secundario líquido (sellos, arte, bienes de colección antigüedades, bosques…) pueden ser una auténtica encerrona y son desaconsejables para el inversor no especializado.

¿Qué inversión es conveniente y saludable para ir rentabilizando los ahorros durante los próximos años?

En función del tiempo que quede para rescatar la inversión (por ejemplo, en el caso de jubilación) puede escogerse entre productos de mayor rentabilidad y mayor riesgo o productos menos rentables y de menor riesgo.

Hay productos que suponen una ayuda para llevar adelante la inversión, como los fondos de inversión o los planes de pensiones, si bien los planes de pensiones privados están en el punto de mira del Gobierno, al reducir drásticamente su principal ventaja (se ha disminuido la cantidad máxima de aportación anual por la que se difiere el pago de impuestos, de 8.000€ a 2.000€). Por lo demás, son productos análogos.

Estos productos permiten invertir en un mix de valores compatible con la estrategia del inversor. Habitualmente, el mix se compone principalmente de renta fija y renta variable.

Si se invierte a corto plazo, se puede aumentar el peso de la renta fija en el mix para evitar oscilaciones importantes en los precios y restringir las posibilidades de pérdidas. No obstante, hay que tener en cuenta que, si se invierte en títulos de renta fija al 100% buscando la máxima seguridad, la inversión mantendrá sólo el valor adquisitivo, y poco más, frente al deterioro que le produce la inflación.

Si la inversión es a largo plazo hay que tener en cuenta que, mientras a corto plazo la renta variable es arriesgada; una cartera diversificada de acciones, a largo y muy largo plazo, tiende a ser una inversión bastante más rentable que la renta fija, y con una volatilidad contenida. Es decir, que a largo plazo lo rentable y seguro es un fondo de renta variable adecuadamente diversificado. En este sentido, los fondos indexados a un índice potente del mercado (como Dow Jones o SP 500) resultan óptimos.

De cualquier modo, hay que recordar que las inversiones suponen riesgo y que no se puede garantizar una rentabilidad futura por resultados positivos anteriores.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales. Profesor de la Universidad Europea de Madrid

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