www.madridiario.es
el concejal intentaba enderezar la reunión. Su aspecto cansado era todo un poema
Ampliar
el concejal intentaba enderezar la reunión. Su aspecto cansado era todo un poema

El complot de las Magdalenas. Capítulo 2: 'Alianzas'

El cabo Perales sesteaba en el cochambroso sillón del escuadrón de la policía municipal que, de manera provisional (apenas veinte años) estaba emplazado junto al depósito de la grúa municipal, en un informe acumulado de barracones metálicos de distintas épocas.


Al fondo del solar, en una nave semi-abierta, varios coches patrulla despanzurrados eran reparados por un par de mecánicos que parecían haberse escapado de una residencia de día. Por lo demás, el ambiente soñoliento de finales de junio era apenas perturbado por el motor de alguna segadora de césped del cercano parque del Oeste. En el quiosco de música del parque, un nutrido grupo de indigentes del cercano albergue de San Isidro, daban cuenta de varios bricks de Don Simón y de unos sándwiches de Rodilla caducados, que acababan de encontrar en la suculenta basura de tan insigne establecimiento.


- ¡Coño, Genaro, cuanto tiempo! -dijo Perales sacándose el palillo de la boca
- Mucho, Perales. Desde que me jubilé he estado ocupado en importantes asuntos personales…
- ¿Y esa piltrafa que te acompaña? -le soltó
- ¿Este? Es Aurelio, un compañero -contestó Genaro evasivamente, como debió responder San Pedro cuando negó a nuestro señor en la casa de Caifás- ¿Qué tal por aquí? ¡Te veo estupendamente! ¿Te han ascendido?
- No me puedo quejar. Desde que se acabó el contrato de mantenimiento con Nissan, el escuadrón es una pieza clave en la seguridad madrileña -dijo Perales con suficiencia …
- Ya veo, dijo Aurelio apreciando la ruina del local.
- Oye, tú, ¡mequetrefe! -respondió Perales captando perfectamente la ironía- Hoy es la fiesta del Cuerpo, y están todos los efectivos en el Retiro, desfilando de gala ante la alcaldesa. Por eso no ves ahora el frenesí habitual… En fin, ¿qué te trae por aquí? – y se volvió hacia Genaro, borrando a Aurelio de su atención
- Bueno, me trae un asunto…importante -dijo Genaro bajando la voz y acercándose a Perales-. Un asunto… importante -repitió.
- Pues tú dirás -dijo el municipal intrigado y depositando cuidadosamente el palillo en la mugrienta mesa…


Según iba contándole Genaro el complot puesto en marcha desde Cataluña, el cabo Perales iba frunciendo el ceño. El palillo que había recuperado y mordía distraídamente, abandonado a su suerte, se había quedado pegado al labio inferir y se movía a su compás.


Aurelio no podía evitar estar más pendiente de su caída del labio que de la importante misión que les traía. Ya desde niño, los pequeños y posibles percances mecánicos (un vaso al borde de la mesa, una caja de dinero abierta en un bar o un botón forzado en un escote) le dejaban en suspenso y con una cara de memo, académica.


- Vale, de acuerdo -concluyó Perales re-atrapando el palillo-. Me da que, por joder al concejal y a sus asesores perro-flautas, nada más les gustaría más a mis compañeros de la policía que meterles en un lío, pero esto es por España, así que ¡podéis contar con la policía municipal! -prometió Perales con pose de estatua del Retiro.


Cuando salían del solar, esquivando cagadas de perro, Genaro estaba exultante y se frotaba las manos
- ¡Ya sabía yo que la policía municipal no me fallaría!
- ¡Hombre, la policía! -dijo Aurelio aterrizando su entusiasmo-. Perales
no me parece a mí que maneje…
- ¡Tú qué sabrás! Al fin y al cabo, no eres del cuerpo. Tú no has sido más que interino treinta años en la calle Mayor. Todos podemos ayudar. Vamos a ver a tu amigo Julián Orzales, el Ordenanza Mayor, que él tiene acceso a todo el mundo…



Cuando llegaron a la plaza de la Villa, tres docenas de turistas escuchaban las explicaciones de los guías sobre el cautiverio de Francisco I en la Torre de los Lujanes (nada nos gusta más a los españoles que haber apresado a un rey francés y haberle sacado los cuartos)


- Por lo que nos robó Napoleón -dijo Genaro al paso, con gigantesco e impune anacronismo-. Mira. Ahí está Julián.


Julián estaba aposentado en la puerta principal, con su uniforme de gala y acompañado de dos maceros, también engalanados. El brillo raído de los dorados del uniforme apenas se percibía, ya que el enorme gorro emplumado atraía, sin querer, la mirada.


Era imposible saber la edad de Julián, ya que tenía el mismo aspecto desde hacía cincuenta años. Había entrado como ordenanza raso en la época de Arias Navarro (de quien aseguraba que había sido el mejor alcalde de Madrid) y, por un incomprensible error burocrático, se había prorrogado indefinidamente su jubilación obligatoria.


En el Ayuntamiento se decía que no era él, sino su hijo, quien realmente ocupaba el puesto, y como tenía su vivienda en el ático del palacio, era una especie en extinción, entre memoria y fantasma municipal, intocable.


El empedrado irregular de la plaza desacompasaba el funcionamiento de la cadera artificial de Genaro, por lo que, según llegaban a la puerta, se movía con un ritmo incomprensible.


- Aurelio ¿Qué tal? Creía que te habías muerto -soltó Julián como saludo- ¿Qué le pasa a tu acompañante?
- Nada, un loable experimento de la ciencia quirúrgica –respondió Aurelio evasivamente-. Ya ves. Aquí estamos -dijo con la inmensa obviedad de tan común frase- ¿Eres tú o tu padre? –(era la broma habitual).
- No me toques los cojones, Aurelio, que estoy esperando que llegue la alcaldesa y la comitiva de la patrona de la policía, y no puedo entretenerme con tus tonterías.

- Bueno -dijo entrando en materia y jugando una carta segura-. Nos trae un asunto que ni Arias Navarro hubiese querido desatender. Cuanto más uno de sus pupilos preferidos...


Incapaz de sustraerse a una coba de tal calibre, Julián se apartó de los maceros


- ¿De qué se trata?


Bien asentado para encajar la cadera, Genaro le susurró:


- ¿Tú tienes acceso a la alcaldesa? Se trata de un asunto… importante.
- Hmmm. ¡Por supuesto! -afirmó con poca seguridad Julián- Pero no la pienso molestar por cualquier cosa. Tengo que reservar mi influencia para temas, de verdad relevantes…
- Este lo es -dijo Genaro con aplomo-. Se trata de un tema… de un tema… ¡de Cataluña!


Impresionado por el tono y picada su curiosidad por la posible gravedad de la revelación, Julián, dio un paso atrás:


- ¿Y tú, quién eres?
- Genaro Revuelta, jubilado de la policía municipal. Por mis manos han pasado miles de denuncias y habré almacenado millones de sanciones en los armarios municipales -dijo Genaro con orgullo-. A pesar de no haberse tramitado apenas ninguna, son un ejemplo de eficacia burocrática. Ahí están, a disposición de cualquier mando. Perfectamente clasificadas…
- Conforme. Desembucha.
- Tengo un primo que se acaba de jubilar en el CNI catalán. Ha descubierto una operación clandestina de Esquerra Republicana para derivar una parte importante de las pensiones hacia Cataluña, sin que el Estado se entere -soltó con la gravedad de quien depende la salvación de su país.
- ¡Caramba! Esto es serio, esto es serio.


Los plumeros del gorro de Julián, acompasaban con sus movimientos la enjundia del problema nacional que acababa de conocer.


- Pero ¿qué pinta la alcaldesa en esta historia? –reparó de repente. Id a la policía
- Ya hemos estado -respondió conspirativo Genaro-. Acabamos de hablar con un alto mando de la policía municipal y está dispuesto a colaborar…
- ¡Vaya, vaya! Esto es serio, esto es serio -se balancearon los plumeros.


Tras una profunda reflexión y tras contemplar distraídamente a una turista japonesa que acababa de sacarle cincuenta fotos, Julián encomendó la siguiente visita:


- -Tenéis que hablar con mi vecino, que es asesor del concejal de xxx.
Es una persona muy influyente, y estuvo en las acampadas del 15 M desde el cuarto día... ¡Fue el inventor de los signos de las manitas en las asambleas! concluyó rotundamente. Además, creo que tu conociste a su padre -le dijo a Aurelio-. Estuvo contigo en el negociado de parques y jardines, cuando lo de la sequía…
- - ¡Anda, coño! Ya sé quién es. ¡Es Pitu! Pues no nos tomamos cañas ese año… Como había sequía y no se podía regar, pues allí estuvimos un añito tocándonos los cojones a dos manos y…


Julián interrumpió el conato de contar una batallita


- … Y su concejal es muy cercano a la alcaldesa…

La asamblea de militantes y militantas, simpatizantes y simpatizantas estaba en plena ebullición. Varias voces se interrumpían mientras, pacientemente, el concejal intentaba enderezar la reunión. Su aspecto cansado era todo un poema


- ¡Compañeros y compañeras! Vamos a escucharnos. Llevamos varias horas, son casi las once y todas estamos cansadas…
- ¡Desde luego, hablamos mucho de conciliación, pero no hay manera,
nos eternizamos -decía una mujer de mediana edad en medio del barullo
- ¡Menos gritos y más cuidarnos unas a otras! -Decía un vejete agitando el bastón
- ¡Votemos, votemos! –vociferaba otro desde el fondo
- Pero ¿qué hay que votar, si no hemos tenido tiempo de presentar las enmiendas? –comentaba por lo bajini una chica con el pelo rapado a otra colega sentada junto a ella-
- Pero ¿enmiendas, a qué documento? –preguntaba un joven con gafas y aspecto de profesor que estaba al otro lado de la compañera.
¡Un momento! Pido la palabra -se levantó impetuoso.
- No tienes la palabra compañero -dijo el asesor del concejal-, hay turnos pedidos.
- Pues apúntame…
- Tiene la palabra la compañera de la cuarta fila. Si tú, Maripi
- Bueno -se levantó azorada Maripi- ya no me acuerdo lo que iba a decir, porque pedí la palabra hace media hora… Como otras compañeras se enrollan tanto…


Se oyen murmullos desaprobatorios… Maripi se levanta con dificultad apoyándose en sus muletas.


- Pero sí quiero aprovechar para reclamar que en el sectorial LGTBI se incorporen compañeres con discapacidad. Es intolerable que nos mangoneen los asesores de turno, pagados por el partido y que ninguno de elles sea de diversidad funcional…


Más murmullos


- Compañera
- Si no te importa, compañere. Pertenezco al colectivo queer.
- Vale, si, perdona, compañere. La cosa es que el orden del día de hoy
es debatir nuestra postura sobre la operación Chamartín…
- ¡Castellana Norte! -gritó desde el fondo el joven profesor
- …. Sobre la operación Chamartín -remachó el asesor tocándose nerviosamente un pendiente en su oreja. Y si estamos todas de acuerdo en apoyar, en el próximo pleno, este pelotazo especulativo…
- - ¡Manipulador! ¡Qué morro! -siguió vociferando el joven del fondo.
- … y no hemos preparado este asunto que planteas
- ¡Me da igual! Protestó Maripi agitando la muleta derecha. Lo he planteado ya cuatro veces y nadie me hace ni caso. Esto es una vergüenza...
- Tienes la palabra compañera, digo compañere- dijo el asesor para
quitarse de encima a Maripi-
- ¡Compañeros y compañeras! -alzó la voz el joven con aspecto de profesor, mientras Maripi se sentaba bufando-. Somos una fuerza plural, que venimos de la calle pero que ahora estamos gobernando. Nos toca hacer lo que no han hecho durante 25 años los partidos viejos. Ni el PSOE ni el PP han pensado en los madrileños en tantos años, sino en sus intereses y en los de los poderosos. Me duele que muchos sigáis hablando de un pelotazo con nuestro proyecto, que tiene el componente social más amplio que ha tenido nunca…



Tras constatar el barullo a su alrededor, y que nadie le está haciendo caso, el joven se interrumpe:


- Pero, ¡qué cojones..!
El concejal, tras cuchichear un rato con un joven que ocupaba con él la mesa presidencial, hace un esfuerzo supremo:


- ¡Compañeros y compañeras! Llevamos ya cinco horas de reunión… Tenemos que ser resolutivos. Os propongo que compartamos nuestro documento con la asamblea del distrito y mediante Telegram os convoquemos a una reunión virtual para tomar la decisión definitiva sobre este importante asunto. ¡No podemos tolerar que la alcaldesa nos chulee con este proyecto con el que no estamos de acuerdo! ¡No vinimos para amparar especuladores!...
- Pero ¿no somos del partido de la alcaldesa? -le dice perplejo el vejete
a la señora de pelo paja que estaba a su lado-
- Bueno sí, pero en esto no estamos de acuerdo, se ha derechizado, les hace el juego a los especuladores -le responde en otro susurro.
- Pero ¿cómo que consultarlo a la asamblea y decidir por Telegram? Si
ya estamos reunidos ahora para esto… - se cabreó el joven profesor-


Mientras un enjambre de manos abiertas agitándose hacia arriba dio su aprobación a la propuesta del concejal, el joven profesor, bufando y cogiendo su cartera, se largó a grandes zancadas. La sala se fue vaciando y Genaro y Aurelio pudieron acercarse al joven asesor que despedía al concejal:
- Joder, concejal, menos mal que tienes mano izquierda y sabes llevar estas asambleas…
- Bueno, ya sabes…Muchos años de experiencia en asambleas y mis años en la FRAM… Ya sabes lo que se dice, gana las asambleas el que
tiene culo de hierro: aguantar hasta quedarte el último… En fin, me
largo.


El asesor no estaba dispuesto a soltar al concejal sin extremar el peloteo


- Ya te digo. Y no te he dicho nada de lo que estás consiguiendo en el proyecto del Palacio de Sueca… Un año y medio de un procedimiento participativo acojonante. Sí, es verdad que empezamos con cincuenta entusiastas y ahora sólo vienen cinco o seis… pero ¡oye! Ni un ruido y ahí seguimos. Bueno, tampoco tenemos una propuesta clara y la alcaldesa no hace más que preguntarnos que qué pasa...

Pero…


El concejal, algo mosca, no sabía se le estaba tomando el pelo con increíble astucia o es que su asesor era idiota. Pero, en suma, satisfecho de haber rematado la asamblea sin haber tomado ninguna decisión, y agotado tras cinco horas de asamblea, interrumpió el equívoco discurso de su consejero, y se marchó dando abrazos y palmadas a unos y otros, y los dos amigos pudieron abordar al asesor.


- Oiga, joven ¿es usted Pitu? -le dijo amistosamente Genaro. Muy bonito ese pendiente que lleva…


El joven les miró de arriba abajo con desconfianza, como quien ve un antiguo acreedor


- Y vosotros, ¿De dónde salís?
- Somos amigos de Julián, el ordenanza mayor. Nos ha recomendado que viniésemos a verte…por tu conocida influencia con el concejal xxx…
- Bueno sí, la verdad es que hace lo que yo le digo… -alardeó mirando
hacia la puerta por si alguien oía su chulería y respondiendo con suficiencia-. Decidme.


Genaro se acercó y bajo la voz conspirativamente:


- Bueno, es una cosa… una cosa importante. Tengo un primo al que acaban de jubilar en el CNI catalán. Ha descubierto una operación clandestina de Esquerra Republicana para derivar una parte importante de las pensiones hacia Cataluña, sin que el Estado se entere…
- ¿Cómo? ¿Y a nosotros qué nos importa esa vaina? Además, los de
Esquerra son colegas. ¡Qué se joda el Estado!
- No seas burro -le dijo Aurelio al jovenzuelo con paciencia. Si estas acémilas logran su objetivo, tu padre, al que conocí hace años, se queda sin pensión… Y sin su pensión, me da que tú y tu hermana estáis jodidos…
- ¿Tú conoces a mi padre?
- Sí, hombre, de cuando “Parques y jardines”. Si alguna vez venías con él y jugábamos al futbol en el vivero…
- ¿Aurelio? ¿Eres Aurelio Pizcueta?- dijo algo más confiado.
- El mismo
- ¡Vaya, vaya! Sí, mi padre hablaba de ti: …ese cabrón de Pizcueta, que
no se paga una caña ni así le maten… ¡Puto gorrón...!


- Sí –dijo Aurelio sin dar importancia a la indirecta… Fuimos grandes
amigos.
- Bueno y ¿yo que puedo hacer por tu primo? -miró resignadamente a
Genaro
- Mi primo quiere contárselo todo a Marisa Cantera. Dice que es la única persona seria e independiente de España… Tu concejal tiene mucha confianza con ella, y todo el mundo sabe que el concejal bebe de tu mano, que eres el que maneja los hilos …

Tras unos segundos acariciándose el pendiente, el asesor, hinchado de vanidad por el halago, nos miró con cara de “ese soy yo” y de aceptar rebajarse (una gestión más, dijo) a apoyar nuestra conspiración.


- Vale, no os preocupéis. Yo hablo con él y os digo algo…También puedo hablar con la jefa de comunicación, que es colega y habla todos los días con la alcaldesa…Pero no os prometo nada ¿Eh?

Salieron del local y, evitando meterse en el bar contiguo donde los asistentes a la reunión seguían arreglando la ciudad apasionadamente, entraron en otro un poco más allá. Genaro, a pesar de la vaguedad del asesor, propia de compromisos políticos, estaba muy animado con los progresos.


- ¡Esto marcha! Vamos a cenar unos huevos con gallinejas al bar de mi amigo Antúnez, que nos lo hemos ganado.

Autor : Luis Cueto.
ilustraciones: Danish Xavier J. Morales B.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios