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Tras unos segundos de masticación sincronizada, y aun con media magdalena en la boca, el campeón del mundo soltó (a la vez que un chorro de miguitas)
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Tras unos segundos de masticación sincronizada, y aun con media magdalena en la boca, el campeón del mundo soltó (a la vez que un chorro de miguitas)

El complot de las Magdalenas. Capítulo 3: 'Cibeles'

Capítulo 1 'Rosita'

Capítulo 2 'Alianzas'

Un coche demasiado lujoso aparcó en el zaguán del palacio de Cibeles por la entrada de Alcalá. A su lado, el coche eléctrico de la alcaldesa parecía

un humilde y pequeño utilitario, y el del visitante parecía presuntuoso y hortera. Mientras el chófer uniformado sostenía la puerta abierta, un enorme individuo de abundante pelo ensortijado gris, ropa cara deportiva, monumental bigote y gruesos anillos en los dedos de ambas manos, hablaba por el móvil y hacía enérgicos gestos a su acompañante para que se bajase del coche.

- Sí, claro, por supuesta. Cómpralo. Ya hablaré yo luego con el primer ministro (dijo con inidentificable acento). – Y en un aparte: ¡Bájate, coño, que llegamos tarde!...

Un individuo engominado se bajó por la otra puerta. Su postura encorvada y su sonrisa falsa acentuaban la antipatía que generaba inmediatamente.

- Por supuesto, John. ¡Vamos allá!

Al rematar la imponente escalera de mármol, en el segundo piso, una ordenanza estaba esperando a los visitantes. John Pereac llegaba resoplando por el esfuerzo

- Teníamos que haber subida por la ascensora…

La ordenanza les llevó hasta una sala de espera en la que, al cabo de pocos minutos, apareció la alcaldesa, Marisa Cantera. Los dos hombres se levantaron

Con las gafas colgando de un cable-soporte, y acompañada de su jefe de gabinete, un joven larguirucho de aspecto despierto, la alcaldesa, una mujer sorprendentemente jovial y de aspecto joven para sus setenta y tres años, les tendió la mano y una enorme sonrisa:

- Muy-bien-venidos -dijo silabeando las frases- Perdón-por-lo- temprano-de-la-cita.

- Señora alcaldesa. Gracias a usted. Aquí mi colaborador –dijo presentando al engominado-

- ¿Quieren-un-café? ¿Té? Señor Pereac, tengo-unas-magdalenas-que- he-preparado-yo misma-esta-mañana-pronto ¿Le apetecen?

- Oh, claro, señorra alcaldesa. ¡Me encantan las magdalenas! Perro - dijo con cierto embarazo- no hace falta que hable usted despacio, señorra alcaldesa. Aunque hablo esta cosa rrara de medio españolo, italiano y rumano, entiendo perfectamente…

- Ah, muy bien. Pues encantada de conocerles. Este es mi jefe de gabinete y este que entra es el coordinador general, que lleva vuestros temas…

(Un hombre ya veterano, de escaso pelo blanco, revuelto y algo desaliñado, entraba en ese momento llevando unos papeles)

- ¡Hola a todos! -dijo sin rodeos- Perdonad porque estaba recogiendo los últimos datos de lo que cuesta el evento vuestro y lo que saca a cambio la ciudad, por si lo comentábamos en la reunión.

- Mejor no nos lo digas, no vayamos a llevarnos un susto -dijo con una encantadora sonrisa la alcaldesa e invitando a los interlocutores con un gesto-. Pues ya nos contáis….

El hombretón se revolvió en el sillón, mirando a su ayudante y, de soslayo, los papeles que había traído el coordinador.

- Alcaldesa. ¡El evento deporrtivo nuestro es el mejor del mundo!

- El mejor del mundo –repitió el ayudante.

- Y como querremos lo mejor parra Madrid, hemos subido los premios para los deportistas, hemos mejorado las instalaciones y tenemos más retransmisiones…

- Más retransmisiones –volvió a repetir el engominado, como un eco

- Pues, me alegra mucho oír eso, señor Pereac… -respondió alegre la alcaldesa ¿Le han gustado las magdalenas?

- Oh, sí. ¡Mucho!

- Pues, ¡Qué bien! Yo, la verdad, no soy muy aficionada a los deportes y, debo confesarle, que tener que ir a esas aburridas entregas de premios y estar una hora al sol esperando a los reyes, pues, ¿qué quiere que le diga? Prefiero estar en mi despacho trabajando o con mis nietos. ¿Tiene usted nietos, Sr. Pereac?

- Oh. ¡No, señorra! Perro, en mi país tengo una fundación para apoyar

niños en deporte. Hemos construido un estadio en cinco meses ¡y es mejor que estadio de alemanes! ¿Verdad? –interpeló agresivamente a su ayudante

- Mejor que el de los alemanes -dijo impertérrito el eco.

- ¡Qué interesante! Una fundación ¿Y, a cuántos niños apoya su fundación?

- Oh, no sé decirle. Muchos...muchos

Ya iba a sonar la frase repetida en el ayudante, cuando se le adelantó el joven jefe de gabinete festivamente

- Muchos, muchos, alcaldesa –guiñándole un ojo. Oye, nos está esperando el nuevo embajador de USA. El amigo de Obama….

- Es verdad, tenemos otra visita. Mucho gusto, señor Pereac.

¡Vámonos a seguir trabajando! (la alcaldesa, animosa, hizo un amago de levantarse)

- Oh, perro, señorra alcaldesa. Parra hacer todo eso que le he contado,

necesitamos dinerro, tenemos que renegociar las condiciones del contrrato… ¡Es todo por bien de Madrrid!

- …de Madrid…-sonó desde algún sitio.

- Ah, claro. Se me olvidaba que es usted un hombre de negocios… ¿Es verdad que tiene usted un banco en su país? ¿Y que se ha comprado un latifundio en Ciudad Real?

- Oh, ¡sí, señorra alcaldesa! Amo mucho su país. Me gusta mucho caza (al levantarse para simular la escopeta, una lluvia de migas de madalena iba cayendo de su frondoso bigote)

- Bueno, bueno -la alcaldesa que, ya pensando en otra cosa se había levantado definitivamente-. Para esos detalles le dejo aquí con el Coordinador General, que seguro puede manejar con usted estos detalles.

El gigantón se levantó torpemente e intentó una mezcla de abrazo y reverencia que quedó en un confuso gesto. La mujer, con la misma sonrisa que al principio, le dio la mano y salió seguida de su jefe de gabinete, dejando a los tres hombres en el despacho.

Tras un embarazoso silencio de unos segundos, el Coordinador intentó comenzar la conversación, pero el otro le cortó bruscamente con tono irritado:

- Yo sólo negociarr con la alcaldesa. Yo en mi país hablo con primer ministro, con figurras mundiales. Yo he sido campeón del mundo…

El Coordinador, viendo esa deriva, se sentó en el sillón que había dejado libre la alcaldesa y comenzó a comerse con parsimonia una madalena de las

que habían sobrado… El gigantón, soltado su discurso se había quedado de pie y parecía totalmente confundido.

- Pues usted verá, pero ya ha oído a la alcaldesa. Somos un equipo nuevo, con menos formalidades. Y este tema me lo ha encargado, así que…

Sin saber muy bien qué hacer, John Pereac se sentó de nuevo, miró fieramente a su ayudante, al coordinador y con un gesto brusco cogió la última madalena que quedaba en el plato. Tras unos segundos de masticación sincronizada, y aun con media magdalena en la boca, el campeón del mundo soltó (a la vez que un chorro de miguitas)

- ¡Nuestro evento es el mejorr del mundo!

- Sí, claro, desde luego. El tema, señor Pereac, (le contestó el Coordinador quitándose alguna de las migas que había proyectado desde su plataforma bigotuda su interlocutor), es que tienen ustedes un contrato firmado hasta 2021 y un segundo prroblema (medio arrastró una erre contagiado por el eslavo) es que nuestro gobierno quiere devolver los treinta palcos que su organización le da al Ayuntamiento y ahorrar a los madrileños un millón y medio de euros…

La expresión de la cara del gigante cada vez se ponía más furiosa

- Ya sabe usted que la alcaldesa ha devuelto los palcos de la plaza de toros, los del Teatro Real y queremos hacer lo mismo con los del evento deportivo más importante del mundo (dijo con un deje de sorna en la expresión)

- Perro, ¡el anterior gobierrno estaba encantado con los palcos!

- Si, ya nos han contado que era abrirse el fastuoso catering (por cierto, de una empresa austríaca) y la barra libre y quedarse las pistas vacías.

¡Vaya espectáculo, los jugadores casi solos y todo el mundo poniéndose morado en la zona VIP!

El campeón del mundo pareció acusar el golpe

- Bueno, este es también un grran acto social. Todo el mundo quierría venir

- Ya, lo malo es que ese todo el mundo, acababan siendo los amigos y enchufados del gobierno municipal… y pagados con el dinero de todos… En fin, lo que queremos nosotros es negociar, pero para que nos cueste menos. Venda usted los palcos y seguro que saca lo suficiente para esos nuevos gastos. Siendo el evento deportivo más importante del mundo seguro que no tienen ustedes ningún problema… –agregó con sorna.

Tras unos segundos de desconcierto el gigante se levantó furioso:

- ¡Ya hablarré con la alcaldesa! Si Madrrid no me quierre me iré a Emirratos o a Berlín…o a Barcelona…y, para hablar con usted, ya le mandaré a mis hombres…

La frase, entre amenazadora y ambigua, quedó flotante en el aire. Al abrir bruscamente la puerta, cayó aparatosamente al suelo la ordenanza, que parecía que había estado escuchando.

- ¡Joder! -Soltó la interfecta sin miramientos. ¡Menuda hostia! –dijo levantándose ruborizada.

- Manoli, acompaña a estos señores, por favor, que ya se van –dijo el coordinador obviando la riqueza léxica que adornaba a la ordenanza.

- ¡Menos mal que había colocado la alfombra el otro día, que si no me desgracio! –iba mascullando y maldiciendo Manoli, según bajaba la elegante escalera

Autor : Luis Cueto.
ilustraciones: Danish Xavier J. Morales B.

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