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Varios barrenderos limpian con la sopladoras una calle del barrio de San Andres en Villaverde Alto.
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Varios barrenderos limpian con la sopladoras una calle del barrio de San Andres en Villaverde Alto. (Foto: Kike Rincón)

Ecologistas denuncian el carácter "nocivo y ruidoso" de las sopladoras de aire y proponen el regreso de la escoba y el rastrillo

Por Hugo García Reina
martes 10 de diciembre de 2024, 07:00h
Actualizado: 13/12/2024 13:45h
No es sencillo encontrar un refugio de paz y silencio entre el bullicio de la ciudad de Madrid. Recónditos lugares de acceso improbable y, en cualquier caso, de efímero disfrute. Cuando uno se piensa acompañado solo del piar de los gorriones y el crujir de las hojas secas, irrumpe la horrísona sopladora de aire limpiando la calle. Un aparato habitual en el paisaje madrileño durante los meses de otoño e invierno que molesta a los ecologistas por su carácter “ruidoso” y “nocivo”.

El Ayuntamiento de Madrid anunció a principios de noviembre el inicio de la campaña de recogida de hojas, una noticia que “no ha necesitado leer” la ciudadanía, “pues desde hace semanas, en cualquier momento del día, el estruendo de la maquinaria la sobresalta e impide seguir concentrada en sus tareas o tan solo descansando”, lamenta Ecologistas en Acción.

La plataforma ha emitido un comunicado en el que denuncian que los operarios de limpieza no están utilizando las “innovadoras” sopladoras de agua a presión que describe el Consistorio en el anuncio de la campaña, sino los modelos tradicionales de gasolina.

Los ecologistas aseguran que “parte de los trabajadores portan mascarillas y auriculares durante sus trabajos, lo cual es indicativo de que las sopladoras levantan partículas”. Esto, concluye la organización, indica que “o bien los supuestos beneficios de presurizar agua no son ciertos o que, como afirmamos, las sopladoras mayoritariamente son las tradicionales”.

Partículas nocivas y ruido insoportable

Las quejas de Ecologistas en Acción no se reducen al carácter contaminante de las sopladoras, sino también al “ruido insoportable” que generan “desde primera hora de la mañana, con las molestias consiguientes para el vecindario y los propios trabajadores”.

"Generan un ruido insoportable desde primera hora de la mañana"

En el anuncio de la campaña, el Ayuntamiento destacó el despliegue de 80 aspiradoras (los camiones grandes que siguen a los operarios), 152 barredoras (los camiones pequeños con cepillos, el 53 por ciento de ellos eléctricos o de gas natural comprimido, según el propio Ayuntamiento) y 400 sopladoras (los aparatos que cargan los operarios a su espalda).

Respecto a estas últimas, el Consistorio anunció un “innovador sistema que sustituye el aire por agua a presión para poner las hojas al alcance de las barredoras, con lo que se evita el polvo en suspensión y las molestias que pudieran ocasionarse a los ciudadanos”. Los ecologistas aseguran que no hay “ni rastro de ellas”. “Hemos hecho varias catas en distintas zonas de la ciudad, en el parque de Madrid Río, en el parque Atenas…Y nada. No hemos visto ninguna de las supuestas sopladoras de agua”, cuenta Carmela Gómez, una de las portavoces de la organización.

"La hipótesis es que a lo mejor están en algunas zonas a las que no llegamos, explica la portavoz, pero en todas las zonas en las que hemos mirado, los trabajadores nos han dicho que ese nuevo material no les había llegado". Según Ecologistas en Acción, los operarios estaban empleando las sopladoras de aire Stihl Br800, StihlBr700 y Stihl Br430, todas ellas de gasolina, “que como reconoce el Ayuntamiento, elevan sobre el nivel del suelo grandes cantidades de partículas sólidas contaminantes PM2,5 y PM10, así como restos de excrementos animales y alérgenos a la altura de las vías respiratorias con el consecuente riesgo sanitario para las personas”.

Un regreso a la escoba y el rastrillo

Los ecologistas no solo se preguntan por qué no se están utilizando las sopladoras de agua a presión, sino que proponen regresar a la escoba y el rastrillo, “métodos silenciosos y sostenibles que no dispersan las partículas contaminantes por nuestro aparato respiratorio”. Aunque no niegan “la necesidad de limpiar y despejar las aceras, caminos y calles de hojas que pueden entorpecer los movimientos de la población, sobre todo a ancianos, carritos con niños y personas con movilidad reducida”, proponen reducir el uso de la maquinaria “a lo estrictamente imprescindible”.

"No se pueden limpiar las hojas al precio de la salud de los ciudadanos”

“De hecho, estaban soplando los propios alcorques”, se queja Gómez, que afirma que la motivación principal es “hacer el trabajo más rápido y no dejar ni una sola hoja en el suelo, cosa que no tiene ningún sentido”.

La ecologista considera que, en lugar de soplar todas las hojas, la ciudad debería convivir de forma más natural con los elementos estacionales: “No podemos pretender tener parques y jardines que no evidencien las épocas del año en las que vivimos. Parece como si las hojas fueran elementos nocivos para la salud. Hay que respetar que el otoño tiene su impacto y, sobre todo, no se pueden limpiar las hojas al precio de la salud de los ciudadanos”.

El colectivo ecologista “exige al Ayuntamiento que implemente otro plan de recogida de hojas cuyas principales líneas de actuación potencien el factor humano, aumentando las plantillas y mejorando sus condiciones laborales”.

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