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Emilio de Justo, paseado a hombros por el ruedo de Las Ventas antes de salir por la Puerta Grande
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Emilio de Justo, paseado a hombros por el ruedo de Las Ventas antes de salir por la Puerta Grande (Foto: Muriel Feiner)

Buen toreo y Puerta Grande de Emilio de Justo, en una tarde excesivamente triunfalista

Por Emilio Martínez
lunes 05 de julio de 2021, 07:42h

Protagonista indiscutible del anunciado mano a mano que cierra, por ahora, la minitemporada de Las Ventas, fue Emilio de Justo. Con la verdad y ortodoxia de su toreo ascendió hasta la cumbre de la fiesta, donde sólo llegan los elegidos. Eso sí, se sirvió del ‘nuevo’ público postpandémico para echar en su esportón tres excesivas orejas en el mano a mano nada competitivo con Antonio Ferrera que le sirvieron para descerrojar la soñada Puerta Grande de Las Ventas. Más allá de números y estadísticas en este Madrid cada día menos exigente, como los usías, el extremeño cascabeleó la mejor arma: su toreo de oro puro que mostró con altibajos. Con una corrida de impresionante presencia y arboladura de Victoriano del Río –el cuarto, un buen toro a secas, fue premiado en exceso con la vuelta al ruedo-, Antonio Ferrera casi pasó de puntillas.

Emilio de Justo es un rara avis en el escalafón, sí. Porque su concepto clásico del toreo va aunado no sólo con la entrega y rabia novilleril, sino con sus intentos, muchas veces conseguidos de la pureza. Sin ventajismos, con la muleta ‘planchá’ por delante, cargando la suerte, mandando en la embestida, templando y con el añadido de la ligazón. Casi ‘na’. O sea, la antítesis del toreo moderno que practican siempre, salvo contadísimas excepciones, las consideradas figuras.

Es más, el extremeño intenta, y casi siempre consigue, esa difícil virtud que se resume en una sola palabra: torear. Aplicar su concepto a los bicornes comerciales, tan exigidos por los mandamases del escalafón, como a las ganaderías bautizadas como duras. Tal es su grandeza y tan necesario es para la decaída Fiesta. Y de tal guisa festoneó este domingo en la cátedra venteña ya desde que comenzó su faena con la flámula ante el noblote segundo.

Sin embargo, su ortodoxia tardó en calar en los tendidos hasta la segunda parte de la faena cuando logró tres buenas series de naturales, la última muy espectacular citando de frente y algunos adornos finales. Se tiró a matar como un león, a pesar de las ofensivas navajas que lucía el bicho, como todo el encierro, y aunque el estoque quedó desprendido y tendido no fue óbice para que flamearan pañuelos y cortara su primera oreja.

Mejor anduvo en el otro, ‘Duende’, que cumplió a secas ante el penco, y sobre su nobleza, al igual que sus hermanos, añadió fijeza y un comportamiento encastado, pero no tanto como para merecer el triunfalista premio de una vuelta al ruedo. En este caso, De Justo, siempre en el sitio, con la flámula a rastras por la arena y sin una ventaja, mostró su toreo de clasicismo por ambos pitones. Su labor fue compulsiva y apasionada, pero faltó macizarla: más reposo y menos aceleración en algunas fases. Eso sí, es menester y necesario destacar que fueron series casi siempre cerradas con monumentales pases de pecho marcadísimos al hombro contrario.

Actuando para él y sin concesiones a la galería, paradójicamente sí caló hondo en el cotarro, que para una faena de oreja de peso, pero no más, y tras un espadazo en su sitio y volcándose de nuevo, pidió y logró los dos trofeos. Quizás otro coletudo, con la salida a hombros asegurada, se habría aliviado ante el último, un animal sin entrega que iba y venía a la defensiva. Pero la honradez del protagonista de la tarde le llevó a sobarlo poco a poco y robarle cortas tandas cerradas de nuevo con barrocos pases de pecho que, en conjunto, de no haber marrado con el verduguillo seguro le habrían valido para otra oreja. En definitiva, pese a los reparos referidos, De Justo logró un importantísimo triunfo dejando clara su diferente ética y su toreo 'der güeno' con las figuras, figuritas o figurones.

Y también con un Antonio Ferrera más ocupado y preocupado por sus originalidades, tantas veces creativas, a veces nada ortodoxas. Y antirreglamentarias, como obligar a su picador, en el que abrió función, a obrar en el centro del ruedo. El también extremeño, lejos del clasicismo de su paisano, sólo apuntó alguna bisutería en este bicorne y en su segundo, desaprovechando su nobleza, y ya con el quinto, también sin clase, anduvo espesote y poco confiado. Sí brilló con percal y rehiletes su subalterno Antonio Chacón.

FICHA

Toros de VICTORIANO DEL RÍO, el primero con la divisa de CORTÉS, de gran trapío y muy ofensivos de cabeza; 1º y 4º encastados; 6º descastado y manso; resto manejables; todos nobles. El 4º, premiado con la vuelta al ruedo. ANTONIO FERRERA: palmas tras aviso; palmas; silencio. EMILIO DE JUSTO: oreja; dos orejas; ovación; saliño a hombros. Plaza de Las Ventas. Corrida de la Cultura. 4 de julio. Lleno de no hay billetes sobre el aforo de 6.800 localidades, aunque dio la impresión de que había más.

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