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Falsa libertad de expresión

sábado 04 de enero de 2020, 12:35h

Si Pedro Sánchez quiere crear un Ministerio de la Verdad, no tendrá inconvenientes orgánicos. Los problemas empezarían a la hora de encontrar a la persona idónea para hacerse cargo de ese Ministerio. Lo tiene difícil, porque hallar un adalid, defensor y protector de la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, es como encontrar una aguja en el pajar de las contradicciones, del “no es no” (pero eso era antes de la necesidad que obliga a desdecirse), de la intocabilidad de la España constitucional, de la negación a los chantajes independentistas, de las medias verdades y las falsedades enteras, de la línea roja que no había que cruzar y que ahora se construye un puente para pasarla.

En ese pajar de los órganos de decisión del PSOE, es difícil encontrar la aguja que marque el fiel de la verdad, al ministro sin mácula. Y no digamos ya entre los compañeros, aliados, o colaboradores necesarios, de Podemos. Aquí sí que poner en sus manos un ministerio de la Verdad sería como nombrar ministro de Turismo a un mochilero, o ministro de Comercio a un mantero, por no decir lo de: “Poner a la zorra a cuidar del gallinero”.

Pedro Sánchez anda obsesionado con la verdad, la mentira y la libertad de expresión, que son conceptos básicos, sobre todo en el ejercicio de la responsabilidad pública, pero que frecuentemente son pisados, cuando no, pisoteados, a favor de intereses propios o particulares.

Sánchez defiende el derecho a la libertad de expresión, faltaría más, pero una cosa es defenderlo de boquilla y otra respetarlo democráticamente, sobre todo, al amparo de la “luz y taquígrafos” que él ha pregonado siempre… hasta llegar a la Moncloa.

La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ha hecho público un comunicado en el que “constata con suma preocupación el deterioro de la libertad de prensa y del ejercicio libre del periodismo en nuestro país, donde se suceden los vetos a los periodistas y a los medios para excluirlos como testigos de los hechos, en una intolerable estrategia que afecta directamente a derechos constitucionales de los periodistas y de los ciudadanos. El cierre del año con la exclusión de los periodistas del acto de firma del acuerdo de coalición entre el PSOE y Podemos en la sede del Congreso de los Diputados ha sido el último eslabón de una cadena de límites a los derechos constitucionales a la libertad de expresión y de información registrados en los últimos tiempos”.

La libertad de expresión no está garantizada para todos, y sino que se lo pregunten al ciudadano que se apostó con una pancarta en la acera de la sede del PSOE y fue reducido y retirado a la fuerza por la Policía. A este ciudadano se le negó el derecho a expresar en la calle su desacuerdo con los pactos de Sánchez con los independentistas catalanes, y fue retirado de la circulación peatonal. Claro, que por libertad de expresión debe entenderse una acampada del 15-M en plena Puerta del Sol durante varios días.

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