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Blanca Fernández Ochoa se cuelga la medalla de bronce en los JJOO de Albertville en 1992.
Blanca Fernández Ochoa se cuelga la medalla de bronce en los JJOO de Albertville en 1992. (Foto: Real Federación Española de Deportes de Invierno. )

PERFIL l Blanca Fernández Ochoa: un alma solitaria conectada a la Sierra madrileña

miércoles 04 de septiembre de 2019, 16:25h

Los presagios más agoreros sobre la desaparición de Blanca Fernández Ochoa se confirmaron la tarde de este miércoles. Un perro guiado por la Guardia Civil hallaba el cuerpo de la exesquiadora en la zona de La Peñota, en Cercedilla, su lugar predilecto de retiro y hasta donde se había desplazado para practicar senderismo hace ya 11 días.

En contacto con la sierra madrileña desde la niñez, tras fijar su familia la residencia en la estación de esquí de Navacerrada, no extrañó que ligara su trayectoria vital y profesional a los deportes de montaña. El oro de su hermano Paquito -su eterno referente- en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1972 dio el impulso definitivo a la pequeña Blanca, de ocho años entonces, para probar suerte en su misma disciplina.

Con 11 años ingresó en el centro de entrenamiento de Vielha, en el Pirineo de Lleida. Los primeros triunfos no tardaron en llegar y a los pocos meses se proclamó campeona nacional infantil de eslalon gigante. Un título que revalidaría al año siguiente y que supondría el pistoletazo de salida hacia la cumbre del deporte femenino español, del que se convirtió en una referencia.

En categoría absoluta, la de Carabanchel conquistó el doble Campeonato de España de eslalon gigante y descenso en 1982, se alzó con el primer puesto del podium en todos los títulos un año más tarde y volvió a la cima en otras tres categorías en 1989.

A esta última cita llegaba ya como una figura de relevancia en el circuito del esquí internacional después de colgarse cuatro preseas de oro en la Copa del Mundo, y participar en cuatro citas olímpicas: Lake Placid, Sarajevo -donde fue abanderada del equipo nacional por primera vez-, Calgary y Albertville. En esta ciudad francesa dejó una impronta imborrable para los aficionados a su deporte en los Juegos Olímpicos de 1992. Con su bronce en los Alpes galos se consagraba como la primera y única mujer española en colgarse una medalla en los JJOO de Invierno.

Blanca jugando al golf, una de sus pasiones. (Foto: Felipe Pérez)

El esquí fue para ella una predestinación. En cambio, el senderismo y el golf, del que era una gran apasionada, supusieron una válvula de escape en su vida tras su retirada a los 29 años. Siempre le gustó practicar estas disciplinas en solitario.

Sus relaciones de pareja le generaron ciertos altibajos y la muerte de su hermano Paquito en 2006, con tan solo 56 años, dejó tocada a Blanca en el terreno personal. Su familia y el deporte al ire libre se convirtieron en sus mejores aliados.

En contacto con la naturaleza, en los parajes que frecuentaba de forma habitual, se apagó la luz de una mujer que quienes conocen recuerdan con una permanente sonrisa en el rostro. Una persona que se enfrentaba con pasión a todos sus retos y cuya muerte ha conmocionado a todo el país.

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