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Santa misa de la patrona de Madrid la Virgen de la Almudena en la plaza Mayor.
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Santa misa de la patrona de Madrid la Virgen de la Almudena en la plaza Mayor. (Foto: Kike Rincón)

La ayuda divina frena el fuego en la Plaza Mayor

domingo 07 de julio de 2019, 09:13h

El devastador fuego ha sido protagonista de muchos de los sucesos que han ocurrido a lo largo de la historia en la ciudad de Madrid.

La Plaza Mayor, uno de los atractivos más importantes de la capital también ha sido víctima de las llamas nada más y nada menos que en tres ocasiones.

Tan solo 11 años después de finalizar las obras y de ser inaugurada, la plaza sufrió su primer incendio. Fue en la noche del 6 al 7 de julio de 1631 cuando las chispas de un horno en una de las casas particulares de la plaza se convirtieron en llamas y se propagaron a lo largo de la fachada de la Casa de la Carnicería.

De ahí, el fuego se extendió al resto de inmuebles, llegando a afectar a 60 hogares de los 68 que componían la plaza. Durante tres días, el incendio creció y asoló todo lo que encontraba a su paso, ensañándose con la zona sur y especialmente con la Casa de la Carnicería. Las cubiertas de plomo decorativas fueron clave para la extensión de las llamas a lo largo de este espacio –el calor del fuego las fundía–.

13 personas fallecieron en este gran suceso y 50 casas se vieron completamente arruinadas. Las pérdidas se cifraron en un total de 1.300.000 ducados.

Ayuda divina

Ante el rápido avance del fuego, los vecinos de la zona se vieron desbordados y desesperados, por lo que uno de los remedios a los que se aferraron fue encomendarse a todos los santos posibles para que les ayudasen a que la tragedia acabase cuanto antes.

Los Santísimos Sacramentos de las Parroquias de Santa Cruz, San Miguel y San Ginés, las Vírgenes de los Remedios, de la Novena y otras varias fueron llevadas a la plaza, y los balcones se convirtieron en altares improvisados donde se rezaba e incluso se hacían misas.

Pero lo más llamativo fue el traslado del cuerpo incorrupto de San Isidro y las tallas de las vírgenes de la Almudena y Atocha para que, por obra divina, extinguiesen el fuego y acabasen con la pesadilla.

Cuenta la leyenda que fue gracias a ellos que el fuego dejó de arrasar la plaza y los vecinos pudieron iniciar la reconstrucción de sus hogares.

El arquitecto Juan Gómez de Mora se encargó de devolver a la plaza su esplendor, llevando a cabo como medida la sustitución de las cubiertas de plomo por tejas. Por desgracia, cualquier medida ‘anti-fuego’ no fue suficiente ya que, en 1672, solo 41 años después de esta primera tragedia, un farolillo que alumbraba una imagen de la Virgen del Rosario arrasó de nuevo la plaza, quedando solo en pie en la Casa de la Panadería –donde se hallaba el farolillo– la planta baja y el sótano. La reforma de este edificio fue rápida, en 1674 ya se encontraba reconstruida.

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