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Retrato de Carlos de Austria, hijo de Felipe II.
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Retrato de Carlos de Austria, hijo de Felipe II. (Foto: Alonso Sánchez Coello)

Sádico y desequilibrado: fallece Carlos de Austria

Por MDO
martes 24 de julio de 2018, 08:00h
El 24 de julio de 1568 fallecía tras seis meses encerrado en el Castillo de Arévalo, Carlos de Austria, heredero de la corona española y príncipe de Asturias. Su vida estuvo marcada por sus taras físicas y mentales, que provocaron su temprana muerte a los 23 años.

Conocido por sus múltiples desvaríos, se dice que la historia de Carlos de Austria y sus rifirrafes con su padre, Felipe II, dio origen a la leyenda negra de España. El heredero de la corona y Príncipe de Asturias padeció desde pequeño numerosos achaques físicos y malformaciones, así como tendencia a sufrir desórdenes mentales.

Muchas historias relatan cómo le gustaba asar conejos vivos, maltratar a animales e incluso a sus sirvientes, ir de burdeles y maquinar conspiraciones como la preparada contra su padre, que no llegó a buen puerto.

Una vida destinada a la muerte

Ya sus malformaciones no presagiaban que la vida del heredero al trono fuese a ser larga. Su caminar encorvado, la cojera que padecía y la tartamudez que se le atribuye fueron solo el comienzo de una corta existencia.

A los 11 años, un brote de malaria sacudió palacio y él fue el “rival más débil”, llevándose la peor parte. Se recuperó, pero como recuerdo de la enfermedad le asolaban golpes de fiebre constantemente.

Después, consecuencia de perseguir a una joven por la corte, se cayó quedando en un estado grave. Los médicos le daban por muerto hasta que una trepanación –cirugía consistente en agujerear el cráneo, cuyo objetivo era eliminar enfermedades cerebrales– le devolvió a la vida, eso sí, provocándole serios daños irreparables.

Uno de ellos eran los cambios de humor constantes en los que el príncipe se volvía violento y actuaba con agresividad. El odio hacia su padre por no concederle el gobierno de los Países Bajos fue el desencadenante de la conspiración contra Felipe II que hizo que acabase encerrado en el Castillo de Arévalo.

Durante los seis meses que permaneció encerrado hasta su muerte el 24 de julio de 1568 (con 23 años de edad), presa de la demencia mandaba ordenar que le trajesen nieve para tumbarse sobre ella en su cama, bebía agua helada y comía cubitos de hielo, pidió estar vigilado las 24 horas por miedo a ser asesinado e inició una huelga de hambre, principal hipótesis de su muerte.

Su muerte por inanición podría haber sido un alivio para el monarca Felipe II, pero desde Holanda se extendieron los rumores que el fallecimiento de Carlos de Austria había sido provocado por su padre, que quería deshacerse de él, llegando a creerse que el heredero había sido envenenado. Estos chismes consiguieron que la figura del rey fuese protagonista de una campaña de desprestigio hacia la corona española, dando pie a la leyenda negra de España.

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