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Retrato de Carlos de Austria, hijo de Felipe II.
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Retrato de Carlos de Austria, hijo de Felipe II. (Foto: Alonso Sánchez Coello)

Felipe II arresta a su hijo Carlos, el febril heredero que conspiró contra el monarca

jueves 18 de enero de 2018, 07:58h

El 18 de enero de 1568 el rey Felipe II tomó la determinación de confinar a su hijo Carlos en las atalayas del Alcázar de Madrid. Preocupado por su constante actitud orgullosa y colérica, la gota que colmó el vaso del monarca fue el conocimiento de que su primogénito conspiraba contra él. Lejos de enmendar su actitud, el príncipe sufrió un brote de demencia que unida a su quebradiza salud desde la infancia terminó con su vida seis meses después de su encierro.

La corta existencia de Carlos de Austria estuvo marcada por el infortunio desde su infancia. El primogénito de Felipe II, fruto del matrimonio con María Manuela de Portugal, su prima hermana por doble vía, fue un niño de naturaleza débil desde su alumbramiento, el 8 de julio de 1545. Su madre fallecía dos días después del parto y la salud precaria del pequeño se hizo notar muy pronto en un proceso febril que le acompañó a lo largo de su vida.

Esta salud precaria propició un continuo cambio de residencia del heredero, que vivió a lo largo de su vida en Valladolid, Aranda de Duero, Toro, Alcalá de Henares y Madrid, buscando un clima que favoreciera su estado. Con 11 años, una plaga de malaria asoló la Corte. Los vulnerables genes del joven no pudieron hacer frente a la enfermedad, que le provocó un desarrollo físico anómalo.

Con 17 años sufrió un accidente al caer por una escalera cuando acudía a una cita clandestina con una mujer. La gravedad del traumatismo que presentaba en la cabeza hizo que los médicos le desahuciaran. Por ello, se decidió el traslado de los huesos de San Diego de Alcalá a los pies de su cama, esperando que se obrara el milagro. Sin embargo, fue una trepanación la que lo salvó.

Contemporáneos como el embajador austríaco de la época lo describieron como tartamudo, cojo, jorobado y sin el desarrollo intelectual propio para su edad. No obstante, eran su desmesurado carácter orgulloso y sus arrebatos de cólera el motivo de desvelo de su padre. “Cuando las personas que le parecen de escasa consideración se presentan ante él manda que les den palos o latigazos y no hace mucho que se empeñó del modo más absurdo en que había de castrar a uno", comentaba sobre su aciaga personalidad el embajador veneciano Paolo Tiepolo.

La conspiración contra su padre, el principio del fin

Carlos no se cortaba a la hora de pregonar su odio hacia su padre. Pese a ello, Felipe II planeaba el matrimonio de su hijo con Ana de Austria y tenía entre sus planes reconocerlo como su heredero en Flandes. Canceló sus planes cuando Don Juan de Austria le informó de que su primogénito conspiraba contra él y estaba preparando su fuga a Italia.

La noche del 18 de enero de 1568 el rey se personaba en los aposentos de su hijo, ordenando el bloqueo de puertas y ventanas de la conocida como ‘habitación de la torre, en las atalayas del Alcázar de Madrid. El monarca le quitó la espada que tenía en la cabecera de la cama y el duque de Feria cogió el arcabuz que guardaba bajo la almohada, como explica Geoffrey Parker en su obra ‘Felipe II: la biografía definitiva’.

Este último recurso para que el joven enmendara su actitud no dio los frutos esperados. En un arranque de demencia, Carlos de Austria decidió dejar de comer. Además, se acostumbró a calmar sus calenturas bebiendo agua helada y bañándose en nieve en su cama. Su cuerpo no pudo soportar estos episodios que mermaron aún más su salud y falleció el 24 de julio de 1568, tan solo medio año después de su confinamiento.

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