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EN LA ENCINA TEATRO

'La Casa de Bernarda Alba' en la Encina Teatro
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'La Casa de Bernarda Alba' en la Encina Teatro (Foto: Gonzalo Cabanyes)

La 'masculina' Casa de Bernarda Alba

jueves 23 de noviembre de 2017, 08:17h
Paco Sáenz dirige una interesante adaptación de ‘La casa de Bernarda Alba’ en el que todas las protagonistas están interpretadas por un elenco de actores. Puede verse todos los viernes en la Encina Teatro.

Se sube el telón y seis figuras, con un velo negro, visten de riguroso luto el escenario de La Encina teatro. Poco a poco, las manos de los protagonistas deslizan, con delizadeza, la gasa que cubre sus rostros, marcados por el dolor que quieren ocultar bajo un trozo de tela. Hasta aquí, todo parece ajustarse al texto que Federico García Lorca escribió en 1936: La Casa de Bernarda Alba. Sin embargo, cuando sus caras quedan al descubierto, para sorpresa del espectador, los seis personajes femeninos de la obra del poeta son hombres.

Bernarda y sus hijas Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela son interpretadas por seis actores vestidos con traje negro, camisa blanca y corbata. Pero la historia que cuentan es la misma: una mujer, Bernarda Alba, que tras haber enviudado por segunda vez a los 60 años, decide vivir los siguientes ocho años en el más riguroso luto. Sus hijas se convierten en víctimas de la rigidez inquisitoria de la madre que las hace sentir encadenadas a la casa familiar.

"Si la historia está bien contada, no afecta que sea diferente el género del personaje"

"Bernarda no es una mujer cruel, es el resultado de su educacion y de la historia en la que está viviendo, ambientada en 1936. Cuando ella les dice a sus hijas que van a estar ocho años de luto, no se lo dice con maldad. No las quiere hacer daño, a ella le paso lo mismo cuando murieron su padre y su abuelo. No hace daño de manera gratuita, cree que es la mejor manera de cuidar de sus hijas. Cuando ella les prohibe a sus hijas llorar, en el fondo está llorando". Así ve Ángel Ferrero el personaje que interpreta. Una experiencia, la de contarla con el cuerpo de un hombre, que le está resultando muy satisfactoria: "Si la historia está bien contada, no afecta que sea diferente el género del personaje porque al final no deja de ser una convención social".

El "brutal" texto de Lorca, asegura Ferrero, sumerge al público en una conversación y unos diálogos escritos "escrupulosamente". Esta es la parte más sencilla de la obra, "aprenderse el guión", cuenta Ferrero. Trabajar con las emociones, la energía y "buscar la feminidad dentro de la figura masculina", esa es la parte más complicada y el verdadero reto de los seis actores.

"Hay escenas de testosterona pura y mostrarlo en el escenario es complicado"

Guillermo Ollés, quien se pone en la piel de Adela, la hija más pequeña de Bernarda, reconoce que hay escenas de "testosterona pura" y mostrarlo en el escenario es "complicado". Para este joven actor, que acaba de terminar sus estudios en una escuela de interpretación, La Casa de Bernarda Alba es un "regalo". Ollés ve a Adela como la más "rebelde" de la familia, quizás, porque es la más joven y se impone a su madre: "Es como el caso de los asolescentes actuales que reaccionan contra las normas que imponen los padres".

Un clásico de la literatura que le ha permitido subirse al escenario de una abarrotada sala que no quiere perderse el texto de Lorca, interpretado con un giro de tuerca, "con un doble guiño", explica Paco Sáenz, director de la obra y de La Encina teatro. "Lo primero que queríamos hacer era centrarnos en ese trabajo de laboratorio actoral, preparando ese cromosoma femenino y manejando las emociones y la sensibilidad porque siempre sale lo abrupto del hombre", cuenta el director que se embarcó en este arriesgado periplo hace escasos ocho meses: "Miedo no, nunca, porque de lo contrario, no nos hubiesemos lanzado. Al contrario, sueños e ilusión".

Teatro íntimo y cercano

La compañia española que lleva el mismo nombre que la sala, abrió en pasado mes de marzo un espacio "cercano" al público con 74 butacas situadas casi rozando la escena y buscando la intimidad: "No olvidemos que el teatro tiene su origen en la calle, donde el vecino se sentaba con su silla para ver la obra". Sáenz todavía recuerda la obra con la que estrenaron la sala: 'En el nombre de Cristo', un montaje escrito por el uruguayo Juanse Rodríguez y que la compañía adaptó al Madrid de los años 80 en su versión.

Tras más de veinte años de historia en los escenarios, este teatro sirve ahora de "puente" ente autores e intérpretes, que siendo primeras figuras en Uruguay, no terminan de afianzarse e España. Y es que uno de los retos es conseguir expandir al máximo la dramaturgia hispana y la uruguaya: "Madrid no abre facilmente las puertas y es complicado incluso acceder para nuestras compañías". El director de La Encina teatro lucha cada día por dignificar el trabajo actoral para que el público vea producciones diferentes.

Así ocurre con esta versión de La Casa de Bernarda Alba: "¿Por qué tiene que ser siempre la mujer la que se oculta?", se plantéo Sáenz, especialista además en tratar textos de Lorca. Así surgió la idea de poner sobre el escenario esta historia protagonizada por intérpretes masculinos que goza de tanto éxito en las tablas madrileñas. "Quería que la obra fuese un guiño", añade.

'Bodas de sangre', 'Hay que deshacer la casa' y 'Rubias', son otras de las producciones que se pueden ver en la sala. Y en unas semanas, estrenarán 'Prófugas'. Además, La Encina Teatro acoge una escuela con talleres y cursos, a cargo de dramaturgos uruguayos, como el curso de voz impartido por Mariana Taranto Monteverdi.

La casa de Bernarda Alba es una obra teatral en tres actos del autor Federico García Lorca que fue escrita en 1936.​ Tanto el estreno como la publicación, que contaron con la iniciativa y la mediación de Margarita Xirgu, en Buenos Aires, tuvieron que esperar a 1945.

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