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Donación de pelo para la confección de pelucas en Pekelucas
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Donación de pelo para la confección de pelucas en Pekelucas (Foto: Salva Pons)

Donación de pelo a cambio de una sonrisa

miércoles 01 de febrero de 2017, 07:59h

La pérdida de cabello que provocan algunos tratamientos oncológicos se puede convertir en un trauma para algunas mujeres agravando su estado anímico. Gracias a los donantes de pelo, que cada año crecen dispuestos a ayudar con sus coletas y trenzas, varias asociaciones fabrican pelucas gratuitas.

Estela Guerisoli se crió entre telares y pelucas. Su madre tenía una fábrica de pelucas en Argentina pero al poco tiempo de llegar a España, le fue diagnosticado un cáncer de mama contra el que luchó siete años. Ella misma se encargó de fabricar su propia peluca cuando perdió el pelo tras el tratamiento de quimioterapia pero cada día que acudía al hospital, no podía evitar pensar en todas aquellas mujeres que pasaban por su misma situación y no podían costearse el precio de este tipo de postizo. Nidia no paró nunca, durante la enfermedad, de decirle a su hija que había que ayudar a estas mujeres. Unos años después, cuando Nidia falleció, una mujer se acercó a la peluquería de su hija Estela para cortar y donar su pelo. "Te lo dono para que hagas algo bonito para alquien que lo necesite", le dijo la clienta. Así fue como Estela se convirtió en presidenta de Mechones Solidarios hace ya tres años.

Esta asociación, sin ánimo de lucro, que se centra principalmente en ayudar a afrontar las consecuencias estéticas del tratamiento de quimioterapia, proporciona pelucas realizadas con pelo natural. En el tiempo que lleva de vida, han entregado 400 pelucas y recibido más de 12.000 donaciones de pelo, lo que supone una media de 1.000 kilogramos de cabello. "En la Comunidad de Madrid, hemos recibido 1.500 donaciones entre peluquerías solidarias y particulares, lo que ha permitido diseñar más de 130 pelucas", contabiliza Estela, presidenta de Mechones Solidarios.

Unas 38 peluquerías en la región colaboran con el colectivo -más de 700 repartidas por todo el territorio nacional-. "La gente es muy solidaria y comprometida", asegura Alicia Carreira, propietaria de uno de los establecimientos peluqueros que colabora con la iniciativa. Lleva tres años "cortando la coleta" para donarla a la organización. Y aunque hay semanas más flojas, lo cierto es que entre cuatro y cinco personas a la semana, deciden donar su cabello. Cualquier edad es buena para entregar pelo rizado, ondulado o liso, el único requisito que piden, explica Alicia, es que el largo mínimo sea de 20 centímetros y no importa que el pelo esté tintanto o decolorado. Se cobra un precio solidario de cinco euros por el corte y cada peluquería se encarga de agrupar los mechones, intentando que estén todos a la misma altura para enviarlos a la asociación que fabricará la peluca en su sede principal situada en Málaga.


Cuando se trata de pelucas dirigidas a menores, las melenas tintadas o con canas están prohibidas. Berta Martínez, presidenta de Pekelucas, lleva tres años fabricando pelucas gratuitas para niños de entre 5 y 14 años que han perdido su cabello no solo como consecuencia de los tratamientos oncológicos, también por quedamuras, alopecias, ricotilomanía o cualquier otro problema. Esta asociación, que nace de la mano de Free Style, una empresa de pelucas oncológicas, las confecciona con pelo natural que reciben de las peluquerías asociadas o también de donaciones particulares altruistas que se acercan hasta el barrio de Argüelles para llevarlas en persona.

El almacén se encuentra a rebosar de cabellos de todo tipo que han ido llegando en los últimos meses catalogados por peso, largo y tonalidad. Y aunque a día de hoy no se encuentran en campaña de recogida de cabello, Berta recibe casi 60 personas al mes que llegan a la sede de la asociación con la trenza o coleta en mano. Intentan utilizar todo el banco de pelo en el menor tiempo posible porque los mechones aguantan una media de dos años. De hecho, intentan que la peluca se confeccione nada más cortar el cabello, si pasa más tiempo "pierde colágeno y elasticidad" y el resultado "ya no es el mismo". Además, las pelucas se reutilizan en Pekelucas. Cuando llegan de nuevo a este banco de donación de cabello, las limpian y arreglan para que otro menor las pueda utilizar.

Al conseguir el pelo de forma solidaria, el coste de la peluca desciende un 80 por ciento. Se reduce el precio porque tan solo hay que cubrir los gastos de producción lo que permite crear pelucas gratuitas cuando en el mercado tienen un precio que puede superar, en ocasiones, los 2.000 euros, dependiendo si es para un adulto o un menor. Su fabricación puede llevar dos semanas y, aunque parte de la confección se hace a máquina, la parte superior se anuda a mano, pelo por pelo, lo que supone un trabaja practicamente artesanal. "Es así como quedan bien", aseguran desde Pekelucas. Un intenso trabajo que encuentra su recompensa cuando la cara de los más pequeños "se ilumina" en el momento de verse con pelo en el espejo. "Ya es bastante el trago que tienen que pasar con los tratamientos", añade Berta, recordando los casos de algunos niños que han hecho uso de las pelucas.

Una ayuda psicológica en la batalla contra el cáncer

En la Asociación Española contra el Cáncer llevan lustros trabajando para donar pelucas gratuitas, aunque en los últimos años hayan ido surgiendo diversas entidades, como Mechones Solidarios o Pekelucas. Raquel del Castillo, trabajadora social de la Asociación Española contra el Cáncer, no tiene ninguna duda de las mejoras que conlleva para las personas enfermas verse con pelo. "Les mejora la autoestima", subraya. Aunque siempre hay mujeres a las que no les produce ningún trauma verse sin melena, otras sin embargo, no son capaces de afrontar su nueva situación si se ven calvas en el espejo. Ahí es donde la asociación pone su granito de arena donando pelucas de pelo natural a través de un convenio, a nivel nacional, con Svenson para que lleguen a las mujeres enfermas de cáncer con pocos recursos económicos. Las donaciones de pelo se entregan a la Asociación Española de Posticería, una empresa que, gracias a un convenio firmado con la AECC, elabora las pelucas para los pacientes sin coste alguno, detallan desde la asociación.

Valeria Moriconi lleva siete años trabajando en la Fundación Aladina como psicooncóloga y al igual que Raquel, tiene una larga experiencia en ver cómo los enfermos, sobre todo menores, afrontan de mejor manera la enfermedad cuando se ven con pelo. El cáncer "congela todo creando otro tipo de realidad", explica, por eso las pelucas cobran un "papel protagonista en el estado de ánimo del paciente".

Mechones Solidarios colabora con la Fundación Aladina donando pelucas de pelo natural. Esta organización, que nace en el 2005 con el objetivo de ayudar a niños y adolescentes enfermos de cáncer y a sus familias, surgió de la experiencia personal de Paco Arango. A lo largo de cinco años acudió semanalmente como voluntario al Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, tras lo cual decidió involucrarse más a fondo y crear la fundación. Hoy en día, atiende cada año a más de 1.700 niños y familias en el Hospital Universitario Infantil Niño Jesús, en el Hospital Universitario Gregorio Marañón, en el Hospital Universitario Cruces, de Vizcaya, y en otros centros de toda España.

Como apunta Valeria, la adolescencia es una época "crucial" en el desarrollo de una persona en la que se asisten a grandes transformaciones físicas, intelectuales y sociales. Si en esa etapa se someten a un tratamiento oncológico y les provoca alopecia, les puede generar mucho malestar frente a los demás. "Los adolescentes dan más importancia a su imagen corporal y ser igual que sus amigos es importante para ellos", explica. Por esta razón, las pelucas ayudan a sobrellevar la enfermedad, se ven igual que los demás y no se sienten "estigmatizados", lo que supone un paso más en la mejor adaptación a la nueva situación.
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