Miguel del Arco ha adaptado –y dirige- la obra que en 1975 escribió el sueco Per Olov Enquist. La primera vez que se representó en España fue en el Lliure el año 1978. En Madrid la vimos en el Alfil el año 1994.
Del Arco potencia en algunos momentos lo que tiene de comedia de enredo el encuentro entre su ex esposa, la amante de ésta y un joven director de escena. Como parece lógico en una obra de metateatro (teatro dentro del teatro) distribuye la acción entre el escenario donde se ensaya y el patio de butacas, que ocupan Strindberg y el director. Pero no tarda en aparecer el conflicto personal del hombre, angustiado por lo que considera una amenaza del género femenino. Pero, también, vamos conociendo las razones –o circunstancias- que llevaron a Siri a los brazos de una mujer. No hay reconciliación posible ni marcha atrás en las posiciones femeninas. Strindberg pasará a la posteridad como un notable misógino.
La representación del Pavón es excelente, con un cuarteto protagonista de primer orden. Me creo obligado a destacar el trabajo de Manuela Paso, cada vez mejor actriz. Sus tránsitos de personalidad son fascinantes e impone constantemente su presencia en la escena. No es que eclipse a sus compañeros: es que sobresale. Jesús Noguero es un Strindberg atormentado, tirando a colérico, manteniendo en todo momento una tensión que no llega a resultar excesiva. Miriam Montilla es la amante lésbica, en esta ocasión el más gris de los personajes. Porque Daniel Pérez Prada, como el atolondrado actor-director, está brillante en todas sus intervenciones.
Una sobria escenografía y una iluminación crepuscular contribuyen a crear un ambiente de aislamiento en el espacio cerrado de un teatro en ruinas, el de la ficción naturalmente.
Del Arco y todo el equipo de Kamikaze demuestran que no temen poner en pie textos arriesgados. Pero, a la vista del resultado, podemos decir que la apuesta por obras como ‘La noche de las tríbadas’ deben ganarla.