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El tesoro escondido

viernes 12 de agosto de 2016, 12:48h
Fue el actor Danny DeVito el que preguntó, de visita por Madrid, al encontrarse toda la ciudad patas arriba por las obras, si habíamos encontrado el tesoro escondido. No le faltaba razón al estadounidense. Parece que en la Villa hay una avidez política por estar constantemente de obras, siempre que las crisis no lo impidan, a pesar de que el resultado siempre tiene un sesgo lampedusiano. O sea, dar la vuelta a todo para que todo siga igual. Es una ironía del destino que desmiente ese eslogan que se inventó el equipo del exalcalde Alberto Ruiz- Gallardón para justificar su ansia por la piqueta: "¿Qué pasaría si nunca pasase nada?". Viendo, sirva de ejemplo paradigmático, cómo los atascos en la M-30 siguen repitiéndose en hora punta, mejor sería pensar que el mensaje para la ciudad debería ser: "¿Qué pasaría si, cuando cambias todo, no cambia nada?".

Pues en esas estamos en este mes de agosto (pues nada de lo que se hace es para transformar nada, en realidad, sino para rehabilitar lo ya existente) que se ha convertido en un auténtico suplicio para moverse por la ciudad. Obras y más obras que dan fe del incipiente músculo que los supuestos brotes verdes de la economía española empiezan a mostrar en la ciudad. Pero también del 'mono' que tenían nuestros políticos por el pico y la pala.

Renfe y Metro se dieron prisa en enero y febrero en tramitar para el verano dos intervenciones que, por sí solas, hubieran provocado muchos problemas a la movilidad de los madrileños. El cierre de la estación de Recoletos ha colapsado la red de Cercanías y ha cuestionado por enésima vez la pertinencia de que la estación de Atocha asuma en solitario ser el nudo gordiano del transporte ferroviario regional. Los retrasos ya no se cuentan por minutos sino por cuartos de hora. Es prioritario establecer la línea Este- Oeste de Cercanías que Fomento lleva prometiendo una década y una muy necesaria circular ferroviaria alrededor de la metrópolis. Mucho más necesario que llevar el tren al aeropuerto o darle un lavado de cara a la estación de Chamartín.

En el Metro se ha cerrado la columna vertebral Norte-Sur del transporte de la ciudad. Es como si hubieran cerrado al tráfico el eje Castellana-Recoletos-Prado, de golpe y sin anestesia. Los kafkianos servicios alternativos funcionan para los que los conoce pero no están solucionando el problema a los que no son usuarios habituales. Vallecas se acaba en Atocha, siempre que el tren lo permita. Y los barrios del distrito Centro, a los que se les supone alternativas de transporte, se les ha dejado absolutamente incomunicados con el sur, sino es por coche o previo rodeo por media ciudad. Pero, todavía peor, el contagio se extiende a los barrios anexos a toda la línea. Es más, en el Sureste se extiende a toda la franja de municipios de la zona, donde, al precario sistema de autobuses interurbanos que cubre la zona con una media de 25-30 minutos de espera en hora punta por vehículo, hay que sumar la inexistencia de un plan específico para la plaza de Conde de Casal, donde, especialmente, la línea 14 se ha colapsado al tener que transportar a todos los vecinos de Rivas, Arganda, Morata y demás municipios hacia el centro.

La situación del ferrocarril evidencia algo todavía más grave ¿Era necesario darle un repaso a los túneles de la Línea 1? Sí ¿Se podía haber hecho en varios años? Sí. Según me dijo el consejero delegado de la compañía, Juan Bravo, en una entrevista, eso hubiera durado unos doce años. Lo que yo me pregunto es dónde ha estado el mantenimiento de los túneles en las últimas décadas. Aquí confluyen dos características básicas de la política del pelotazo. A las obras nuevas de deficiente calidad constructiva (solo hay que ver la chapuza de la L7 en San Fernando, o los permanentes cortes estivales en Metrosur o las estaciones de los últimos veinte años, que deberían estar en buen estado), hay que sumar la evidente política de mantenimiento insuficiente que se ha realizado en la red de transporte público madrileño. Una desatención que evidencia el papel electoralista y nada técnico, ni práctico, que ha tenido el transporte regional en las últimas dos décadas. Pero también cómo esa construcción megalomaníaca que fue objeto de tantos golpes de pecho de los líderes del Partido Popular ha hipotecado el sistema en lo sucesivo con mantenimientos pantagruélicos e inasumibles por la administración.

Por si eran pocos los que ponían parches, el Ayuntamiento de Madrid está haciendo valer sus millones recuperados a la amortización de deuda forzando más la máquina de la exigua movilidad madrileña. Ha cerrado túneles, ha hecho una 'operación asfalto' descomunal y cierra parte de la M-30 para arreglar la M-11 a su paso por el Nudo Norte. Todo necesario, todo relativamente urgente, todo a la vez y sin mediar explicación. Se hubiese entendido un calendario de acciones, habida cuenta de la excepcionalidad de la situación.

No obstante, lo más preocupante de todo no es la acción política, pues siempre dirán que las obras son incómodas pero son por nuestro bien. El grande, el inmenso, el verdadero problema, es la falta de crítica ciudadana al respecto. No veo a los sindicatos, ni a las asociaciones de vecinos, ni a los colectivos especializados, ni a la oposición, ni a esas misteriosas plataformas que surgen como setas cuando la necesidad política de determinados colectivos lo exige, aparecer para criticar la situación. Parece que los problemas se ven mejor desde la playa o la piscina. Más allá de los exabruptos del alterado de turno cuando espera a pleno sol en la marquesina del autobús o algún ten con ten con el conductor o el operario que pasaba por allí, nadie dice ni pío. Bajamos la cabeza y dejamos que nuestros políticos nos embarquen en otra aventura para crear una ciudad de escaparate, cuando, en realidad, no hay nada nuevo bajo el sol. Parece que los madrileños tenemos asumido que nuestro destino es ver menoscabado constantemente nuestro derecho a movernos con cierta tranquilidad. Eso, o que somos tan ilusos de creer que, bajo la piqueta, de verdad hay un tesoro que encontrar.
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