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Grafitis y maderas deterioradas en los puestos de la Cuesta de Moyano.
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Grafitis y maderas deterioradas en los puestos de la Cuesta de Moyano. (Foto: Chema Barroso)

Sin agua y a oscuras en la Cuesta de Moyano: los libreros piden reformas ante su centenario

sábado 29 de enero de 2022, 09:00h

"Callao lleno de neones y nosotros en el Paisaje de la Luz a oscuras". Es la paradoja de los libreros de la Cuesta de Moyano. Asentados en un entorno privilegiado, reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad el pasado verano, pero sin agua desde hace nueve meses, con una pobre iluminación y con las casetas maltrechas por el paso del tiempo. Estos puestos literarios cumplirán 100 años en su ubicación actual de la calle Claudio Moyano en 2025 y sus regentes reclaman al Ayuntamiento de Madrid empuje para alcanzar esa fecha con sus instalaciones "saneadas y decentes" y con todos los mostradores abiertos.

"Si seguimos con estos problemas vamos a llegar muy pobremente al centenario", lamenta Lara Sánchez, directora de la asociación ciudadana 'Soy de la Cuesta', que se ha propuesto reflotar Moyano. La pandemia ha mermado de forma notable la venta de libros y el teletrabajo amenaza con hundir sus negocios. "Es un barrio con poco vecindario, porque casi todo son oficinas y hemos perdido muchos clientes en potencia", apunta Carolina Méndez, presidenta de los libreros.

Su supervivencia estos meses, afirman, ha sido posible gracias al Consistorio madrileño, que les concedió subvenciones y los eximió del pago del canon de las casetas -que son municipales- en 2020 y 2021. Un apoyo con el que ahorraron entre 3.000 y 10.000 euros por concesionario que, sin embargo, no es suficiente. "Nos salvaron del riesgo inminente de cierre, pero necesitamos que nos sigan ayudando", remarca Sánchez.

Su primera petición: llegar a 2025 con todos los puestos operativos. Tres se encuentran cerrados en la actualidad y desde el próximo mes de febrero quedará uno más sin uso. Un librero mítico, Blázquez, se jubila y echa el cierre a su caseta. Una pérdida a la que podrían sumarse tres más a lo largo del año, temen en 'Soy de la Cuesta'. El área de Cultura que dirige Andrea Levy anunció la semana pasada que sacará a licitación los estands vacíos, pero no concretó fecha. La asociación reclama agilidad en este proceso.

Nueve meses sin agua

En paralelo a este intento por atraer nuevos libreros, en Moyano ven prioritario poner coto al vandalismo que sufren a diario. El obsoleto contrato de concesión, aún en pesetas, responsabiliza a los titulares de mantener el buen aspecto de los puestos, pero les resulta imposible frenar a los grafiteros. "Cuando se hicieron esos pliegos no existían los grafitis y es inasumible pintar todos los días las casetas", expone Lara Sánchez. Por ello, insta al Gobierno local a colaborar con ellos en la búsqueda de soluciones. A priori, se les ocurren dos: que el Consistorio costee una pintura antiadherente o que se lance un concurso para una intervención artística.

Les urge también solventar un problema que arrastran desde mayo de 2021. La rotura en una tubería los ha dejado sin agua desde entonces. Los libreros no pueden lavarse las manos, utilizar el baño ni lavar las casetas. Se han puesto en contacto con el área de Gobierno de Medio Ambiente y con el Canal de Isabel II, pero ninguno reconoce como propias las tuberías. "Nos dicen que son de los libreros, pero la infraestructura es municipal, nuestro es solo el contrato de suministro", subraya la directora de 'Soy de la Cuesta'.

Tras meses de "pasividad" y de "pasarse la pelota unos a otros", en Moyano siguen sin abastecimiento y, para más inri, han recibido una factura que supera los 5.000 euros por el agua vertida durante la avería. "No damos crédito", señala. Mientras intentan evitar este pago "injusto" con un abogado, reclaman que el responsable de la tubería encuentre el punto de la rotura para que el seguro pueda proceder al arreglo.

Un café para tertulias

No obstante, las necesidades de la Cuesta de Moyano no acaban ahí. Las casetas llevan décadas sin reformarse y las maderas se han deteriorado, con partes levantadas y grietas. "Los frontales están fatal y hay un palpable malestar ciudadano por este visible deterioro estético", traslada Lara Sánchez. Además, la iluminación nocturna de la feria es escasa durante los meses de otoño e invierno, lo cual no invita a acercarse a posibles clientes. "La gente tiene que mirar los libros con las linternas del móvil", se queja. La falta de sombra en verano también resulta un impedimento, añade Carolina Méndez, presidenta de los libreros. "Cuando hace mucho calor esto es como el desierto", comenta. Por eso, creen que sería beneficioso para sus negocios que el Ayuntamiento colocara lonas como las que se despliegan en las calles céntricas de la ciudad que ejerzan de quitasol entre junio y septiembre.

Para redondear su centenario, a los libreros les gustaría que se retomara el proyecto impulsado en la legislatura anterior de crear un café literario en el entorno y que no llegó a materializarse. En este espacio se organizarían tertulias y otros eventos que, aseguran, ayudarían a atraer público y dinamizar Moyano. La asociación 'Soy de la Cuesta' planteará esta propuesta y las demás enumeradas al director de Patrimonio del Consistorio, con quien mantendrán una reunión el próximo mes de febrero. El área de Cultura, por su parte, quiere contribuir a engrandecer los 100 años de este espacio impulsando su declaración como Bien de Interés Patrimonial. Según informó la delegada Andrea Levy en la última comisión del ramo, solicitarán a la Comunidad de Madrid que inicie los trámites para este reconocimiento.

Mientras todo esto se concreta, los libreros seguirán reinvindicando sus demandas, así como trabajando por borrar la imagen que parte de la ciudadanía tiene de ellos. "Creen que somos librerías de gangas y nos tratan como a traperos, intentando regatearnos cuando sería impensable en cualquier tienda", denuncia Carolina Méndez. Tanto ella como Lara Sánchez ponen el acento en que su oferta no tiene nada que envidiar a otras: "Somos libreros de pedigrí y cuidamos de un patrimonio bibliográfico espectacular, con libros descatalogados, rarezas, primeras ediciones y a quienes se nos puede encargar novedades antes de que salgan". En definitiva: "Libreros de primera, aunque en una situación más dura, vendiendo en la calle".

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