Unos eran absolutamente inválidos, otros rayaban tal condición. O sea, el encierro completo de El Vellosino -ganadería muy del gusto de las figuras, dos de las cuales, casualmente, claro, estaban en el cartel- desigualmente presentado tirando a mal en general, sustituto de los anunciados de El Parralejo -de los que solo dos pasaron el reconocimiento veterinario- era inservible Y, claro, la Fiesta de los toros no puede celebrarse si no hay toros. Es de cajón, ¿no? Pues eso. Por lo que el espectáculo, más bien aburrido y cercano a lo bochornoso, se convierte en un triste simulacro de corrida. Todos los descastados bureles eran obedientes y no plantearon problemas, salvo un par de achuchones defensivos que ofrecieron primero y último. Unos eran muertos en vida, otros aguantaban a duras penas y se acaban pronto en el tercio de muleta.Con semejante panorama, sólo el toreo a la verónica de David de Miranda en su primero y unos apuntes muleteros de Luque en el que cerró festejo se acercaron a lo que puede considerarse toreo, que más bien era de salón, mientras que Castella pasó desapercibido.
El panorama ya empezó a torcerse nada más aparecer el primer animal, sin presencia para Madrid, y que hocicó la arena al séptimo y octavo muletazo hasta que el francés lo remató. El galo pareció animarse con el otro, ya de mejor presencia, recibiéndolo inteligentemente con sosos delantales y chicuelinas para no quebrantarlo. Luego lo muleteó en una labor de gran ‘vulgarité’ y largo metraje que con sus fallos con las armas toricidas se quedó a escasos segundos del tercer aviso y porque el animal, un santo, dobló en ese momento.
Siguió torciéndose el espectáculo con el segundo, que se cayó en el tercer capotazo y el quinto muletazo de Luque. El sevillano toreó de salón con algún dibujo expresivo, pero, claro, sin toro. Se animó el coletudo con el otro, al que se llevó a los siempre más fáciles terrenos de sol, donde el público, más facilongo, le jaleó los medios pases correspondientes a la media embestida del bicorne.
Dentro de la nimiedad de una faena sin emoción, sí le robó a su enemigo alguna serie mínimamente estimable que dejó frío al público de sombra donde salieron muy pocos pañuelos en solicitud del trofeo. Lo mejor, y único, con el percal en toda la tarde lo alboreó De Miranda en el tercero con unas verónicas mecidas y sentidas por ambos pitones, y pare usted de contar porque el pobre animal llegó a la pañosa hecho un cadáver semoviente. Casi igual era el último, distraidote y rebrincado, con el que el onubense abrevió y se lo agradecimos.
FICHA
Toros de EL VELLOSINO: los tres primeros sin trapío, mansos en varas excepto 3º y 6º, que cumplieron. Todos blandos y/o inválidos, nobles y descastados. SEBASTIÁN CASTELLA: silencio; silencio tras dos avisos. DANIEL LUQUE: palmas tras aviso; ovación y escasa petición tras aviso. DAVID DE MIRANDA: silencio; silencio. Plaza de Las Ventas, 14 de mayo, 6ª de Feria. Lleno de 'no hay billetes' (22.964 espectadores, según la empresa).