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Residencia Peña Rubia-Sagrada Familia, en Arcos de Jalón.
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Residencia Peña Rubia-Sagrada Familia, en Arcos de Jalón. (Foto: Clece)

Un pueblo soriano frena la despoblación con una residencia que atrae a trabajadores y ancianos madrileños

jueves 26 de diciembre de 2019, 08:04h

Ninguna comunidad autónoma escapa al 'virus' de la 'España vaciada', pero en provincias como Soria o Teruel este mal se ha convertido en endémico. Frente a la acuciante despoblación que afecta al municipio, en Arcos de Jalón también han experimentado el proceso inverso: varias mujeres han dejado atrás el estrés de las grandes urbes para instalarse en este pueblo soriano y trabajar en la residencia Peña Rubia-Sagrada Familia. Han sucumbido a su estilo de vida marcado por la tranquilidad tan anhelada en las ciudades.

Senior Servicios Integrales, filial de Clece, gestiona desde hace siete años esta residencia que se ha erigido como freno al éxodo rural. De hecho, sus 54 trabajadores la convierten en la entidad con más empleados de la comarca. Además de fijar población en la propia localidad y las cercanas, han atraído a mujeres jóvenes de fuera de la provincia. Es el caso de Elena Díaz, que abandonó "sin pensarlo dos veces" Madrid para acomodarse en tierra castellana.

Llegó a España desde Ecuador en 2002, con apenas 20 años, y durante este tiempo ha trabajado como limpiadora en casas, ha cuidado niños y se ha hecho cargo del servicio de lavandería de una residencia de mayores. En 2017, su situación económica se volvió insostenible por los desproporcionados precios del alquiler en la capital. Así, decidió aceptar la oferta que le llegó a través de una amiga para cubrir una vacante en la residencia Peña Rubia-Sagrada Familia.

Elena Díaz, trabajadora de la residencia Peña Rubia-Sagrada Familia.

A priori, el cambio le asustaba por si su hija no lograba adaptarse. Ahora, ambas se muestran "encantadas". "En el pueblo han sido muy acogedores y mi niña hizo amigos enseguida", comenta. Sus condiciones de vida han cambiado de forma radical: "En Madrid no podía cubrir las necesidades básicas y compartía una habitación porque es imposible vivir solo mientras aquí estamos muy cómodas en una casa para las dos".

Elena valora sobremanera haber ganado "calidad de vida". "Puedo dedicarle mucho más tiempo a mi hija porque las distancias son muy cortas y apenas tardo 3 minutos de casa al trabajo andando", explica. Asimismo, estas horas extra las ha dedicado a sacarse el carnet de conducir y conseguir una acreditación como gerocultora profesional.

Los abuelos madrileños también eligen Arcos

Para sus compañeros de trabajo solo tiene agradecimiento y halagos por el clima "tan familiar" con el que se convive en la residencia. Una "segunda familia", en sus palabras. Coincide con ella la directora del centro, Mónica Gisbert, quien gestiona un equipo de más de 50 trabajadores, casi en su totalidad mujeres de entre 23 y 60 años. Confiesa, no obstante, que encontrar empleados "cada vez es más difícil" por la pérdida de población en la zona.

Mónica Gisbert: "Si centralizas todo en la ciudad, las familias se marchan"

"En invierno, algunas de las pedanías de Arcos se quedan con tan solo 3 o 4 vecinos", lamenta. Una realidad que contrasta con las cifras de décadas atrás. A finales de los 70, el municipio superaba los 4.000 habitantes. Desde su llegada al pueblo procedente de Barcelona, en el año 1997, el número de habitantes se ha reducido a la mitad y ahora cuenta con poco más de 1.000. "Cuando se centralizaron todos los servicios de Renfe en los aledaños de Madrid, los empleados y sus familias se marcharon", apunta.

Gisbert lidera de la mano de Clece uno de los "motores más fuertes de la comarca" en términos de empleo. La residencia, con capacidad para 140 internos, aunque en la actualidad tiene ocupadas 125 plazas, ofrece "servicios y posibilidades que en las grandes ciudades cuestan el doble". Por ello, varios ancianos de Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz y otros municipios madrileños se han decantado por esta residencia soriana en detrimento de las de su comunidad.

Las instalaciones no tienen nada que envidiar a las de la ciudad. "La empresa ha invertido mucho en reformarla y ha quedado como nueva", explica la directora. Además, al tratarse de un pueblo pequeño los residentes gozan de mayor independencia. "Los que no están impedidos incluso pueden salir a caminar o tomar un café si así lo desean", relata. Una práctica que redunda en el impulso de la economía local y a la que también contribuyen los familiares de los mayores. "Es fácil verlos comiendo en los restaurantes de la localidad cuando vienen a visitarlos", afirma Gisbert.

Residencia Peña Rubia-Sagrada Familia, en Arcos de Jalón.

Oportunidades a pesar de la escasez de servicios

Junto a la residencia, es esta área de restauración y servicios la que frena la caída de población en Arcos de Jalón. El descenso demográfico se disparó cuando Renfe trasladó sus talleres a Madrid en los años 80, un hecho que produjo un efecto contagio que alcanzó a una fábrica de harinas y otra de parques, entre otros negocios. Tras ello cerraron los cines y más comercios. No obstante, por ahora conservan el instituto y el centro de salud.

El transporte, por su parte, es cada día más escaso. Arcos dista de Soria capital 92 kilómetros, pero las conexiones entre ambos puntos se reducen a un autobús de ida y uno de vuelta al día. La línea de tren Madrid-Barcelona pasa por el mismo centro del pueblo, pero "a lo largo de los últimos 15 años han eliminado 5 o 6 trenes, y esto, para una zona como la nuestra, que no tiene cercanías, es una brutalidad", lamenta Mònica Gisbert. Esto, unido a los problemas de muchos pueblecitos pequeños con la línea de teléfono móvil e internet, empuja a los jóvenes a venir cada vez menos. "A mucha gente le encantaría quedarse si hubiese empleo", añade.

Elena Díaz: "Debemos estar abiertos a conocer otros modos de vida y costumbres"

El Ayuntamiento de la localidad, por su parte, apoya la actividad de la residencia y "colabora en todo lo que puede". "Por ejemplo, en esta época del año, traen roscón de reyes para todos los residentes, previamente encargado a todas las pastelerías de la localidad. Además, la cabalgata para en la residencia y entrega los regalos. Y en las fiestas patronales también nos hace llegar la charanga", agradece.

A pesar de las dificultades expuestas, Elena Díaz no se arrepiente de haber cambiado Madrid por Arcos de Jalón y vislumbra su futuro en el pueblo. Le preocupa la despoblación por su hija, pero cree que ambas han "ganado mucho" desde su llegada. "A veces pensamos que solo en la ciudad podemos encontrar oportunidades de trabajo, pero debemos estar abiertos a probar y conocer otros modos de vida y costumbres", subraya.

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