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Chabolas de Las Sabinas
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Chabolas de Las Sabinas (Foto: Comunidad de Madrid)

Poblado chabolista de Las Sabinas: un drama humano y un desastre medioambiental

El desastre medioambiental de una actividad chatarrera

Por Fernando Rodríguez
miércoles 15 de diciembre de 2021, 07:44h

Un nuevo capítulo en el drama que están viviendo las familias alojadas en el núcleo chabolista de Las Sabinas. Tras años de tiras y aflojas a nivel mediático y judicial, el Ayuntamiento de Móstoles, a través de su Gerencia de Urbanismo, ha comenzado ya a remitir las órdenes de derribo a los habitantes de este asentamiento situado a orillas del río Guadarrama, entre los municipios de Móstoles y Arroyomolinos.

El motivo principal que lleva al Consistorio mostoleño a intervenir de manera tajante es que el suelo sobre el que se han edificado las chabolas es catalogado como suelo no urbanizable, y por ende no permite la construcción de viviendas. Tampoco de infraestructuras necesarias para la prestación de servicios básicos como son el alumbrado público, la red de alcantarillado o la recogida de residuos, entre otros.

Además, el terreno se encuentra amparado por diversas figuras jurídicas. Por un lado, al situarse en los márgenes del río Guadarrama, es considerada como “zona inundable”. También como “zona de servidumbre” y de “Dominio Público Hidráulico”, lo que tampoco permitiría urbanizar en ningún caso.

Por otro, el territorio donde se ubican las chabolas es atravesado por el Cordel del Guadarrama, una vía pecuaria de dominio público, y por el Camino Real de Guadalupe. Razones a sumar para la prohibición relativa a construir en Las Sabinas.

"60 familias han sido ya realojadas en distintos puntos de la región"

Finalmente, las parcelas están situadas en pleno Parque Regional del curso medio del río Guadarrama. Es por ello que reciben la categoría de “zona de máxima protección” desde el año 1999. Puesto que ninguna de las infraviviendas que se mantienen en la actualidad es anterior a dicha fecha, todas ellas figuran completamente al margen de la legislación vigente.

Frente al ultimátum del consistorio, son varias las familias que han accedido a abandonar sus infraviviendas. De acuerdo con las cifras aportadas por la Comunidad a Madridiario, un total de 60 han sido ya realojadas en distintos puntos de la región. Otras, las que disponen de alternativa habitacional, se han alejado ya de Las Sabinas y continúan a la espera del ansiado alquiler social, para el que se han adquirido una centena de viviendas más. Sin embargo, aquellas que se han quedado al margen de los convenios y carecen de un techo más allá de su chabola permanecen aún en la zona, reticentes a abandonar su hogar y a expensas de un lanzamiento que parece cada día más próximo.

La problemática se agudiza más aún como consecuencia de las reocupaciones que se han llevado a cabo por parte de familias provenientes de otros poblados, como la Cañada Real, una vez iniciado el proceso de reubicación. Tanto es así que podría llegar a convertirse en un "callejón sin salida". Y es que, tal y como apuntan desde el Ayuntamiento de Móstoles, “los nuevos habitantes ni siquiera están empadronados aquí y, por tanto, se encuentran completamente al margen de nuestro ámbito de competencia, de cualquier convenio firmado hasta la fecha con el Gobierno autonómico y, muy probablemente, de aquellos acuerdos que se puedan alcanzar de aquí en adelante”.

Ecologistas en acción exige garantías para todos

Ante la gravedad de la situación, desde Ecologistas en Acción Suroeste de Madrid piden al Consistorio mostoleño que respete las garantías jurídicas en materia de plazos y los derechos constitucionales de las personas afectadas, de manera que se proceda a su reasentamiento antes de comenzar las demoliciones. “Al menos para aquellas familias que no dispongan de alternativa habitacional”, explica a este digital el portavoz de la plataforma, Raúl Navarrete.

"El riesgo de inundaciones e incendios en Las Sabinas es real"

Además, desde la asociación en defensa del medio ambiente denuncian irregularidades en los procesos de realojo, lo que refuerza la negativa de los moradores a abandonar Las Sabinas. “En algunos casos se les están ofreciendo viviendas de alquiler social en puntos muy alejados de donde actualmente desarrollan su actividad profesional, que es, en su mayoría, la chatarra. En otros casos, los domicilios alternativos se sitúan cerca de familias de etnia gitana que son contrarias o enemigas, lo que dificulta o impide el traslado. Incluso nos han notificado amenazas por parte de la policía”, añade.

Pese a todo, los ecologistas entienden y dejan claro su apoyo al Ayuntamiento de Móstoles en el ejercicio de sus funciones en materia de urbanismo, aunque no a cualquier precio. “Entendemos la postura del Consistorio. De hecho, lo que más grave nos parece es que no se haya intervenido antes, cuando se detectaron las primeras chabolas hace ya más de 20 años. Lo que sí pedimos es que se tenga en cuenta a todo el mundo porque el riesgo de inundaciones e incendios en Las Sabinas es real. Es un sitio infrahumano para vivir”, apunta Navarrete.

Perjuicio medioambiental

Al margen de la cuestión social, lo cierto es que el cauce del Guadarrama, especialmente en los aledaños del poblado, se ha convertido en un auténtico desastre medioambiental como consecuencia de los múltiples vertidos que, de una forma u otra, terminan en sus aguas y aledaños. Tanto es así que, a pesar de las labores de limpieza y vallado llevadas a cabo tanto por el Gobierno autonómico como por el municipal, en la actualidad luce como un auténtico vertedero.

Los habitantes de Las Sabinas tienen su parte de responsabilidad. “La propia actividad chatarrera que llevan a cabo es perjudicial para el medio ambiente. Recogen todo tipo de electrodomésticos, los desguazan y acaban tirando al río o a sus inmediaciones todo aquello que no les sirve. Puesto que no disponen de servicio de recogida de basuras, los residuos domésticos siguen el mismo camino. Además, la quema no controlada de deshechos puede dar lugar a importantes incendios”, exponen desde Ecologistas en Acción.

No obstante, este no es el único porqué del decadente estado del Guadarrama, y es que la procedencia de los vertidos es muy variada. “Basta con pasear por los márgenes del río para comprobar como una buena parte de los residuos tienen su origen en vertidos de escombro que pertenecen a distintas empresas de reformas y de albañilería que operan en la región. También de restos de poda provenientes de las zonas ajardinadas de los chalés y viviendas unifamiliares de Parque Coimbra y Arroyomolinos, que se encuentran ladera arriba”, matizan los defensores medioambientales.

La dejadez por parte de las administraciones, concluyen desde Ecologistas en Acción, es la tercera pata de la cuestión. “Se han estado tirando la pelota unos a otros, Gobierno central, regional y municipal, porque buscar una solución real a este problema, que pasa por realojar a las familias, no interesa políticamente. Gastar dinero en ello no da votos”.

Ante tales acusaciones, las instituciones argumentan que “en los últimos meses se han retirado toneladas de basura” y manifiestan su firme intención de arrancar las labores de reacondicionamiento medioambiental completo una vez concluyan los procesos de desalojo y derribo de las chabolas.

Asimismo, la Comunidad ha autorizado recientemente un nuevo contrato de servicios para la conservación de los espacios naturales protegidos del Parque Regional del Curso Medio del Guadarrama. La inversión aprobada asciende a 2.723.758,61 euros para los próximos dos años y pretende mejorar el patrimonio natural, forestal, cinegético, la información y divulgación del espacio y la preservación de las plantas autóctonas. También incluye la prórroga del contrato de limpieza por parte de la empresa Tragsa.

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