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Así que pasen ciento cinco años

viernes 24 de abril de 2020, 09:20h

La más reciente historiografía parece haber demostrado de manera solvente que la frase: “¿Quién recuerda hoy la matanza de los armenios?” no la pronunció Adolf Hitler, a quien generalmente se le atribuye, sino que fue escrita por el almirante Wilhelm Franz Canaris, máximo responsable de Abwehr, la inteligencia militar nazi, y uno de los ideólogos discursivos del Führer, como sólido argumento para proceder a la que luego sería llamada “Endlösung der Judenfrage“ o “Solución final de la cuestión judía”.

Como el holocausto hebreo, el genocidio armenio que sirvió de modelo y canon al nazismo, fue minuciosamente planificado por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio Otomano hasta en sus más mínimos detalles. Así, se puso en marcha el 24 de abril de 1915, hoy hace ciento cinco años, procediendo a la decapitación intelectual del colectivo mediante la detención, inmediata deportación y ejecución sumaria en la mayoría de los casos de políticos, intelectuales, eclesiásticos, poetas, pensadores, profesionales o artistas que hubieran podido ser el referente del pueblo sobre el que se iniciaba el exterminio.

Desde la noche del 23 y el resto del 24, un día antes del desembarco aliado en Galípoli, cientos de notables armenios fueron siendo detenidos y los arrestos se prolongaron durante casi un mes con un balance de 196 escritores, 168 pintores, 575 músicos, compositores, interpretes y bailarines, 336 médicos, farmacéuticos y odontólogos, 176 profesores y docentes, 160 abogados, 62 arquitectos o 64 actores, con nombres y apellidos, más un número indefinido de anónimos.

De entre toda esa pléyade deberían citarse al escritor y abogado Krikor Zohrab, arrestado en Constantinopla y enviado a juicio a Diyarbakir, en cuya ruta fue asesinado por bandidos que actuaban como paramilitares al servicio del gobierno; al gran poeta Daniel Varaoujan, que tras desnudado por completo y atado a un árbol fue cortado lentamente a cuchillo en una operación similar a la anterior; al educador y escritor Rupen Zartarian, brutalmente ejecutado por el mercenario macedonio Cherkes Ahmet; al poeta, crítico literario y traductor Ardashes Harutiunian, cosido a puñaladas junto a su padre en una iglesia armenia convertida en cárcel a las afueras de Derbent, cerca de la frontera de Azerbaiyán; a una de las grandes cimas de la lírica armenia, Atom Yarjanian, “Siamanto”, inmolado por soldados turcos en circunstancias no conocidas; al médico, escritor y poeta Rubén Chilingirian “Sevak”, confinado en un campo de concentración de Çankiri y ajusticiado en algún lugar cercano; al escritor, gran periodista y editor de la revista Vostan, Dikran Chökürian, liquidado por su captores al poco de su arresto; a Diran Kelekian, afamado periodista y profesor en el Darülfünûn-u Şahâne, actualmente Universidad de Estambul, liquidado cerca del mencionado campo de Çankiri; a Tlgadintsi, profesor, escritor y pionero de la llamada “literatura rural”, asesinado cerca de su lugar de nacimiento, Kharpet, en la Armenia occidental, tras ser detalladamente informado de cómo habían sido masacrados su esposa, seis hijas y un hijo; o al escritor Yervant Srmakeshkhanlian, “Erukhan”, autor de La hija del Señor, una de las mejores obras de la literatura armenia, igual y salvajemente asesinado.

Otros corrieron distinta suerte, aunque es complicadísimo precisar si mejor o peor, como es el caso de Soghomon Gevorgi Soghomonian, más conocido por su nombre religioso Komitas Vardapet, compositor, pedagogo, cantante, etnólogo musical y recopilador de mas de tres mil canciones y danzas populares armenias, kurdas, persas y turcas, en general considerado como padre fundador de la música clásica armenia moderna.

Tras ser detenido aquel fatídico día de hace ciento cinco años, fue trasladado a un campo de concentración en la Anatolia Central, donde “solo” permaneció quince días, gracias a la rápida y eficaz movilización de dos insignes intelectuales turcos, el poeta Mehmet Emin Yurdakul y la escritora Halide Edip, que maniobraron con celeridad y en estrecha colaboración con el embajador norteamericano Henry Morgenthau, gran admirador de la música de Komitas.

Nadie sabe que vio y padeció en aquel campo, pero el músico regresó completamente trastornado y con la voz perdida. Fue ingresado en el pabellón psiquiátrico de un hospital militar turcomano, donde permaneció hasta 1919, cuando, gracias a las aportaciones económicas de admiradores del mundo entero y a muy intensas gestiones diplomáticas, pudo viajar a Francia donde fue internado en el psiquiátrico de Villejuif a las afueras de París.

Nunca volvió a cantar interpretando como solía hacer un raro y fascinante desdoblamiento de tenor y barítono. Nunca volvió a componer ni una nota más de la música que había dejado boquiabierto a Claude Debussy y a otros grandes músicos de su tiempo. Dejó de hablar salvo en contadísimas ocasiones.

Su muerte en vida concluyó el 22 de octubre de 1935. La larga agonía había comenzado un día como hoy, hace ciento cinco años, como recuerdan y conmemoran colectivos armenios en todas partes del mundo. También en Francia y de manera oficial, ya que, en febrero del pasado año, el Presidente de la República, Emmanuel Macron, anunció que de entonces en adelante sel 24 de abril sería Día Nacional de Conmemoración del Genocidio Armenio.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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