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El horrible año del sectarismo y la ineptitud

jueves 16 de julio de 2020, 09:41h

El sectarismo y la ineptitud en la gestión de la pandemia por parte del Gobierno regional han hecho que el aniversario de los acuerdos de las tres derechas para gobernar la Comunidad de Madrid pueda ser calificado como el “annus horribilis” de la ciudadanía madrileña. La esperanza es que alguien se sitúe a la altura de las circunstancias en el futuro inmediato y quienes apuestan por la moderación quieran dar una oportunidad a la Comunidad de Madrid para reactivarla. Madrid no se merece ni podrá soportar otro año de bloqueo, crispación y desgobierno. El objetivo del Gobierno regional no puede ser vivir en permanente estado de oposición al Ejecutivo de España.

Si la vida es puro teatro, la conmemoración (no hay nada que celebrar) del año de gobierno conjunto PP-Ciudadanos con el apoyo ultra de Vox ha sido la vida misma. Si la comisión de investigación de las residencias es “un circo” en palabras de la presidenta Díaz Ayuso, lo de ayer fue el Price en sus mejores tiempos, pero con tres pistas.

La pandemia ha puesto de manifiesto el sectarismo en las formas de la presidencia del Gobierno. Un sectarismo que además ha impuesto a sus socios de Ciudadanos con vergonzosas discrepancias púbicas de mucho calado político. En plena crisis, el Gobierno regional ha sido incapaz de unir energías, alentar complicidades y alcanzar acuerdos.

Doce comunidades autónomas han sido capaces de consensuar pactos de reconstrucción, al igual que alrededor de una decena de ayuntamientos madrileños (incluido el de la capital) y la propia Federación Madrileña de Municipios. Ante el ánimo de todas las instituciones y partidos políticos por arrimar el hombro, la respuesta de Isabel Díaz Ayuso ha sido la displicencia. Por lo que a CCOO de Madrid respecta, solamente hemos podido avanzar con el consejero de Empleo en asuntos de salud laboral, como no podía ser de otra forma, por ser temas extremadamente sensibles y relevantes.

La otra característica fundamental de este “annus horribilis” ha sido la ineptitud en la gestión. El Gobierno regional, más allá de tirarse los trastos entre sus diversos sectores, ha sido incapaz de prever nada, de plantear diversos escenarios o de tomar medidas que no fueran de marketing. Los trabajadores sociosanitarios han dado una lección de profesionalidad, que no de heroísmo, con un sistema sanitario que hace aguas por todas partes, desde que se inició su paulatina privatización.

Que no nos engañen. No sólo no se han cubierto las bajas en las plantillas sociosanitarias, sino que se han recortado. Sí, creció en 7.000 puestos, pero ha habido 12.000 bajas. La respuesta sanitaria ha sido bloquear literalmente la Atención Primaria dejándola sin recursos humanos; montar un hospital de campaña en el IFEMA, inútil salvo para hacer propaganda y montar una vergonzosa fiesta el día de su clausura; preparar un hospital de Pandemias envuelto en oscurantismo y sin personal; privatizar poco a poco el Niño Jesús o el Gregorio Marañón (los sindicatos hemos parado la externalización de la limpieza); reactivar el agujero de la Ciudad de la Justicia por la vía de urgencia para crear un nuevo anatómico forense; hacer oídos sordos a las reclamaciones de los mir (médicos internos residentes)…

Un libro aparte merece el capítulo de las residencias, donde alguien deberá asumir responsabilidades de todo tipo, ya que el Gobierno lo único que ha hecho ha sido responder con medidas con olor a ilegalidad, de todo punto inmorales y reprobables. La conducta de la Consejería de Sanidad ha sido, cuanto menos, temeraria.

Por supuesto Madrid ha sufrido también la ineptitud y el sectarismo demostrados por la Consejería de Educación. La ciudadanía, las familias saben que muchos estudiantes, un tercio del alumnado, se ha quedado sin derecho a la educación. Y más allá. Miles de familias que sufren el zarpazo de la pobreza han perdido su derecho a comer dignamente porque “a los niños les encanta la pizza y la Coca Cola” y la presidenta consideró acordar menús con Telepizza mientras ella se alojaba en un hotel de lujo. Con pandemiedad y alevosía ponen en marcha una nueva universidad privada mientras engordan la desigualdad.

Este Gobierno es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. No sabe gestionar Madrid y pone palos en las ruedas del Gobierno de España cuando lo que había que hacer era hacer una piña. Trabajadores autónomos han podido hacer frente a la urgencia; en Madrid los ERTE ya se han resuelto, salvo aquellos en los que haya error gracias al esfuerzo titánico del SEPE, que de 1.500 gestiones ha pasado a realizar 570.000. En momentos así se ha echado en falta la colaboración del Gobierno de Madrid, obsesionado en generar ruido y ser el eco de la crispación generada por Pablo Casado y Vox.

Un Gobierno que en un año no tiene nada que celebrar porque no ha sido capaz de sacar adelante nada y que depende de las humillaciones de Vox para aprobar unos presupuestos que deben ser especialmente importantes y medidos. Un gobierno de actores con una actriz principal, en minoría, dividido en dos bloques y que sólo encuentra la paz para arremeter contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Es el momento de la reactivación y la Comunidad de Madrid no apunta ningún esfuerzo económico. Se limita a esperar que le leguen los 3.400 millones de euros aprobados por el Gobierno de España (la mayor cifra del estado) para reforzar su desbarajuste y aplicar rebajas fiscales a los más ricos. Su plan es viejo, trasnochado y fracasado. Es una declaración de principios ideológicos dogmáticos ya superados en todo el mundo.

Es el momento de la reactivación y la oportunidad de quienes apuestan por estar a la altura de las circunstancias. Debería ser el momento de la política, del dialogo y de gobernar para la mayoría.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO de Madrid

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO Madrid

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