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La Asamblea que hizo posible el sindicato CCOO cumple 50 años

Por Francisco Naranjo Llanos
viernes 10 de julio de 2026, 15:57h

El pasado jueves, 9 de julio, Comisiones Obreras conmemoró el cincuentenario de la histórica Asamblea de Barcelona, celebrada el 11 de julio de 1976. No fue una reunión más. Aquel encuentro marcó un antes y un después en la historia del sindicalismo español: simbolizó el paso de CCOO de la clandestinidad a su decisión de constituirse como sindicato, apenas unos meses después.

La Asamblea tuvo que celebrarse de forma semiclandestina en la iglesia de Sant Medir, en el barrio barcelonés de Sants, después de que el Gobierno prohibiera la Asamblea General prevista en Madrid. Más de seiscientos delegados y delegadas de toda España consiguieron reunirse sorteando la vigilancia policial y el riesgo permanente de detención. Bajo la presidencia de Cipriano García intervinieron muchos participantes, entre otros, Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius y Juan Muñiz Zapico.

Aquella jornada supuso un auténtico punto de inflexión. Comisiones Obreras dejaba de ser únicamente un movimiento de resistencia obrera para debatir el convertirse en una organización sindical estable, democrática y unitaria. De las resoluciones aprobadas en Barcelona nacieron decisiones importantes: la emisión del primer carné de afiliación, la constitución meses después de la Confederación Sindical de CCOO y el diseño de una estructura organizativa que culminaría con la celebración de su primer Congreso Confederal.

Sin embargo, la Asamblea de Barcelona solo puede entenderse si miramos el camino recorrido hasta llegar a ella. Comisiones Obreras había nacido en los años cincuenta, en plena dictadura franquista, como un movimiento espontáneo de trabajadores y trabajadoras que se organizaban para defender salarios, derechos y libertades. Durante los años sesenta se extendió por toda España hasta convertirse en la principal organización del movimiento obrero, pese a la represión, los estados de excepción, las detenciones y procesos como el 1001, con el que la dictadura pretendió, sin conseguirlo, descabezar a sus principales dirigentes.

La muerte del dictador Francisco Franco en 1975 abrió una nueva etapa, pero la democracia no llegó por generación espontánea. Fue conquistada gracias a la movilización y al sacrificio de miles de hombres y mujeres que se enfrentaron a la cárcel, la persecución, los despidos y la violencia para conquistar las libertades sindicales y los derechos democráticos. Entre ellos destacaron, de forma muy especial, los militantes de Comisiones Obreras.

La Asamblea de Barcelona fue una de las grandes victorias de ese proceso. Demostró que CCOO era ya una realidad imposible de detener y aceleró el camino hacia la legalización de los sindicatos, que llegaría el 27 de abril de 1977. Poco después se celebrarían las primeras elecciones sindicales democráticas, en las que Comisiones Obreras obtuvo la confianza mayoritaria de los trabajadores.

Cincuenta años después, recordar aquella Asamblea no es un simple ejercicio de memoria. Es un acto de justicia con quienes hicieron posible, con valentía y enormes sacrificios personales, que hoy disfrutemos de derechos laborales, libertades sindicales y democracia.

Pero la memoria solo tiene sentido cuando ilumina el presente. Vivimos tiempos en los que resurgen discursos que cuestionan el papel de los sindicatos, relativizan el valor de la negociación colectiva o presentan los derechos laborales como obstáculos para el progreso económico. Al mismo tiempo, crecen las desigualdades, la precariedad adopta nuevas formas y la desinformación alimenta la desafección hacia las instituciones democráticas.

Frente a esos desafíos, conviene recordar que ninguno de los derechos de los que hoy disfrutamos fue un regalo. Todos fueron conquistados gracias a la organización, la solidaridad y la lucha colectiva.

Por eso, la Asamblea de Barcelona sigue interpelándonos medio siglo después. Nos recuerda que la democracia no se limita a depositar una papeleta en una urna cada cierto tiempo. También se construye en los centros de trabajo, en la negociación colectiva, en el diálogo social y en la capacidad de la ciudadanía para organizarse y defender sus derechos.

Una democracia sin sindicatos fuertes es una democracia más débil; un mundo del trabajo sin representación colectiva deja al trabajador mucho más expuesto frente al poder económico.

Ningún derecho conquistado es irreversible. La historia demuestra que las libertades pueden retroceder cuando se olvidan las razones por las que fueron conquistadas. Cada generación tiene la responsabilidad de preservar ese legado y ampliarlo para quienes vendrán después.

Celebrar el cincuentenario de la Asamblea de Barcelona es celebrar la historia de Comisiones Obreras, pero también reivindicar una parte esencial de la historia democrática de España. Porque en Sant Medir no solo nació la posibilidad de un sindicato moderno. Allí se fortaleció la esperanza de un país que empezaba a dejar atrás la dictadura para construir un futuro de libertad, justicia social y democracia.

Con motivo de esta efeméride, Comisiones Obreras ha organizado diversos actos para recuperar el llamado "espíritu de Sant Medir". El principal se celebró en el Centro Cívico Cotxeres de Sants, muy próximo al lugar donde tuvo lugar la Asamblea de 1976, con el objetivo de recordar medio siglo de conquistas sociales, laborales y democráticas.

El acto celebrado el pasado 9 de julio puede verse íntegramente a través del enlace: “50 Aniversario de la Asamblea de Barcelona” Es un testimonio de gran valor histórico y humano que merece contemplarse con calma. No solo porque recuerda un episodio decisivo de nuestra historia reciente, sino porque ayuda a comprender que las libertades de las que hoy disfrutamos tienen nombres, rostros y biografías de hombres y mujeres que decidieron no resignarse.

Hoy, cincuenta años después, aquella esperanza sigue siendo una tarea inacabada. El mejor homenaje a quienes se reunieron en Sant Medir, desafiando la prohibición y el miedo, no consiste únicamente en recordarlos. Consiste en mantener viva su convicción de que una sociedad más libre, más igualitaria y más justa nunca se conquista de una vez para siempre: hay que defenderla cada día.

Porque la historia no la cambian solo los grandes dirigentes. La cambian, sobre todo, miles de hombres y mujeres anónimos que, cuando llega el momento decisivo, son capaces de vencer el miedo para conquistar la libertad de todos.

Francisco Naranjo Llanos

Exdirector de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO

Nació en Esparragalejo en 1946 y realizó estudios de Oficialía Industrial en Mérida (Extremadura). Toda su vida laboral, más de 40 años, la realizo en RENFE. En lo sindical, aun en clandestinidad, fue cofundador del Pleno de Representantes Ferroviarios, órgano unitario de representación en el ferrocarril. A partir de 1978, ya en democracia, ha sido responsable de comunicación del sector ferroviario de CCOO y de su órgano de información, Carril; de la revista FTC, de la Federación de Transportes y Comunicaciones, de Unidad Obrera y Madrid Sindical de CCOO de Madrid. Es autor de los libros: La comunicación sociolaboral, Crónicas desde el gueto, Los carriles de la vida y El pasado es la linterna del futuro, así como de numerosos artículos de opinión publicados en los principales medios. Durante varios años fue colaborador de la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense. Es patrono de la Fundación Abogados de Atocha, desde su creación en 2004, siendo su director desde 2013 a 2024. En Madridiario, es columnista habitual desde 2015.

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