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Vuelta...a la crisis

Vuelta...a la crisis

miércoles 27 de agosto de 2008, 00:00h
Estos últimos días del mes de agosto tienen un cierto regusto amargo. No sólo porque se terminan las vacaciones –las de quienes las disfrutan este mes, y las de los que esperan la vuelta de los compañeros y, con ella, la recuperación del ritmo normal de trabajo. Aunque hayan pasado muchas décadas desde que dejamos de ser niños, muchos aún mantenemos en el subconsciente la íntima relación entre la llegada de septiembre y la vuelta al cole. A medida que creces, sabes que esa realidad  lleva aparejada una riada de gastos: libros, cuadernos y material, zapatos, chandals nuevos, y un larguísimo etcétera cada año más sofisticado.

Este año, la vuelta al cole la recorremos los padres por una larga cuesta arriba, en la que además hay colocadas todo tipo de vallas y obstáculos: la subida de la gasolina –tan rápida en elevar precios cuando aumenta el del barril como lenta de reflejos cuando éste baja-, la de los alimentos –esos limones…-, el incremento de las cifras del paro… Los síntomas cada vez más claros de esa crisis que el Gobierno Central se empeñaba en camuflar con un disfraz de desaceleración y que, ahora que empieza a dejarse sentir en la “locomotora económica” que ha sido Madrid, los responsables políticos de la Comunidad prefieren definir como “un deterioro fuertemente acelerado”.

Como dice el refrán, al perro flaco, todo se le vuelven pulgas. Léase, en lugar de perro –y con todos los respetos-, consumidor, y el dicho encaja milimétricamente en la situación que vivimos. Porque también ha subido el recibo de la luz, se han suprimido ventajas en el recibo–como la tarifa nocturna- que primaban el consumo fuera de las horas punta- y, por si fuera poco, hasta Telefónica ha decidido entrar en esta política y ha empezado a avisar de que su próximo paso será cobrar por el servicio de identificación de llamada.

Poco, 0,58 euros al mes por usuario, una cifra que parece un chiste pero que le va a suponer a la compañía, en el conjunto del año, la nada despreciable cifra de 42 millones de euros. Ellos sí que se van a reir. Eso, por dar un servicio que hasta ahora prestaba gratuitamente y sin que nadie se lo hubiera pedido.
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