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¿Nos tomamos una jarrita de agua?

¿Nos tomamos una jarrita de agua?

Por Ángel del Río
miércoles 09 de abril de 2008, 00:00h
Hay una contradicción aparente entre el bien escaso que es el agua y el hecho de que sea el producto más barato en España. Quizá esa aparente contradicción esté razonada porque el consumo de agua es una primera necesidad, algo imprescindible y los costes de explotación y gestión de este recurso son superiores a las tarifas que por ella se cobran. En cualquier caso, siempre me he mostrado partidario de que el agua sea más cara de lo que es, sin llegar a la exageración, por supuesto, pero eso permitiría valorar mejor este bien escaso, y sobre todo, consumirlo de forma más responsable, porque la realidad es que el agua es tan barata que no importa malgastarla.

Y dicho esto, me parece una exageración y un desacierto que los hosteleros madrileños quieran cobrar la jarra de agua del grifo, previa incorporación de esta como producto en la carta. ¿Qué precio se le puede poner a una jarra de agua? Pues, metiendo coste del producto, servicio de camarero, jarra y lavado de ésta, no podría cobrarse más de medio céntimo, lo que resultaría ridículo, ya que llegar hasta un euro sería una auténtica estafa al cliente, que en ese caso tendría derecho a llevarse la jarra de regalo. A mí parece una soberana tontería poner precio a la jarra de agua cuando el cliente la pida, incluso puede que ocurra como el pan, que aunque el cliente no lo solicite, se le pone en la mesa y se le cobra en muchos restaurantes.

Agua que no has de beber, déjala correr, o no la pidas, porque te van a clavar en la factura. Si alguien va por la calle y de pronto le da un ataque de sed, o un atragantamiento, que tenga en cuenta que aquello de dar de beber al sediento, puede haber dejado de ser un hecho generoso, de caridad y ahora tenga su tarifa. Imaginen, un vaso de agua, medio euro, por ejemplo, vaya negocio, vaya tomadura de pelo. Si esto de cobrar la jarra de agua en los restaurantes termina ocurriendo, a lo mejor es el primer paso para que nos terminen cobrando el agua y el jabón del lavado y el agua de la cisterna y el papel higiénico. Yo creo que no anda la economía como para que la hostelería amenace con cobrar la jarra de agua y desanime a la clientela.

No es cuestión de dinero, sino de imagen, de atención al cliente. El agua del grifo no se le puede cobrar a alguien que se deja 80 euros, o lo que sea, en un restaurante. Qué mal quedaría un eslogan turístico que dijera: “El agua de Madrid tiene un precio”. O que alguien después de mirar la carta y pedir, dijera a su acompañante: “Oye, y si nos permitimos un lujo, tiramos las casa por la ventana y nos pedimos una jarrita de agua. Por una vez no vamos a arruinarnos”.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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