La Comunidad de Madrid es considerada la tercera región más amenazada por un gas indetectable a simple vista, que no huele, no se puede ver, ni provoca síntomas inmediatos, pero que está detrás de miles de muertes por cáncer de pulmón en España: el gas radón.
Este elemento radioactivo de origen natural se filtra desde el subsuelo y se acumula en el interior de viviendas y edificios, sobre todo en plantas bajas y sótanos, donde se vuelve muy peligroso. En concreto, el noroeste de la Comunidad de Madrid es una de las zonas con mayor potencial de exposición y, por consiguiente, de mayor riesgo.
Conscientes de este problema, el Ministerio de Sanidad y entidades como el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) realizan mapeos periódicos, para identificar las zonas más amenazadas. Aunque no ofrecen mediciones por vivienda, sí muestran una radiografía de los municipios más afectados en la capital: la Sierra de Guadarrama y los municipios de su entorno.

¿El motivo? No se debe ni a una cuestión demográfica, ni urbana, sino del suelo. El granito que predomina en esta zona contiene mayores cantidades de uranio-238, cuya desintegración natural genera el gas. Al aire libre no representa un problema, ya que por su composición se diluye rápidamente, pero en espacios cerrados puede alcanzar concentraciones altamente peligrosas.
Según el CSN, en la Comunidad de Madrid hay 86 municipios incluidos en el mapa de actuación prioritaria contra el radón. En estas localidades, más del 10 por ciento de los edificios podrían superar en plantas bajas o sótanos el nivel de referencia de 300 becquerelios por metro cúbico, el umbral a partir del cual la exposición puede producir consecuencias irreversibles durante una exposición prolongada.
Entre los municipios con mayor potencial de exposición destacan varias localidades del noroeste madrileño, especialmente en la Sierra de Guadarrama y su entorno. Municipios como Collado Villalba, Galapagar, Torrelodones, Hoyo de Manzanares, Guadarrama, Alpedrete, El Escorial, San Lorenzo de El Escorial, Becerril de la Sierra, Moralzarzal o Cercedilla figuran entre las zonas con mayor probabilidad de registrar concentraciones elevadas en viviendas situadas en plantas bajas y sótanos. También presentan niveles significativos otras localidades como Colmenar Viejo, Las Rozas o Majadahonda, donde la composición granítica del terreno incrementa el riesgo potencial.
Un riesgo que depende de dónde se vive y las condiciones
Que una vivienda esté en una zona de alto potencial de exposición no significa necesariamente que exista un riesgo elevado, así como tampoco lo descarta vivir en una zona de bajo riesgo. La clave está en la acumulación en espacios cerrados, concretamente en las viviendas, espacios en los que pasamos gran parte de nuestro tiempo.
La concentración en el interior depende de múltiples factores: el principal es la geología, pero también la permeabilidad del terreno, el estado de las rocas, las vías de entrada del gas, la meteorología, la ventilación y, sobre todo, las características constructivas del edificio.
Las casas con sótanos, plantas bajas mal ventiladas o edificadas antes de la incorporación de medidas específicas en el Código Técnico de la Edificación son las más vulnerables. En cambio, los edificios con forjado sanitario o sistemas de ventilación adecuados suelen registrar niveles más bajos.

Tal y como traslada a Madridiario la oncóloga en el Hospital Puerta del Hierro y figura de referencia en la investigación de este gas, Virginia Calvo, “el radón es más pesado que el aire, por lo que tiende a acumularse en las zonas más bajas”. De hecho, “el problema no está en el gas en sí, que está en todas partes, sino en su acumulación prolongada en espacios cerrados”.
El impacto en la salud: una amenaza silenciosa
El riesgo del radón no se manifiesta con síntomas inmediatos. No irrita las vías respiratorias ni provoca señales de alarma a corto plazo. Su efecto es lento y silencioso, pero está bien documentado.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre un dos y un 14 por ciento de los casos de cáncer de pulmón en el mundo están relacionados con gas radón en las viviendas. En Europa, este gas es responsable de alrededor del nueve por ciento de las muertes por este tipo de cáncer. En España, las estimaciones apuntan unas 1.500 defunciones anuales, cerca del 4 por ciento del total.
“El radón es el principal factor de riesgo de cáncer de pulmón en personas no fumadoras y el segundo en fumadores”, apunta Virginia Calvo. El riesgo, además, aumenta de forma proporcional a la concentración: por cada incremento de 100 Bq/m3, la probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón crece un 16 por ciento.
En el caso de los fumadores, la exposición al gas radón representa un riesgo aún mayor. Según la OMS, el riesgo asociado al radón en fumadores puede ser hasta 25 veces mayor que en no fumadores.
Aunque la evidencia científica es sólida en el caso del cáncer de pulmón, algunos estudios también apuntan a posibles asociaciones con otras enfermedades como el cáncer de esófago o tumores cerebrales, aunque estas relaciones no son del todo concluyentes.
Medir, prevenir y concienciar
Desde finales de los años 80, el CSN viene impulsando campañas de medición de radón en viviendas, cuyos datos alimentan la cartografía oficial del radón en España..Aun así, el propio organismo reconoce que la densidad de mediciones sigue siendo insuficiente para poder delimitar las zonas con la mayor precisión. Por ello, desde 2025 se han llevado a cabo campañas y actuaciones en colaboración con comunidades autónomas y proyectos de investigación.
En el ámbito laboral, la normativa es la prioridad. En los municipios de mayor exposición, como los del noroeste de la Comunidad de Madrid, deben realizarse mediciones en los lugares de trabajo situados en zonas de alta exposición. En caso contrario, se dispone de hasta 2 años para aplicar las medidas antiradón, como la ventilación mecánica o el sellado de grietas.
En cuanto a las viviendas, la solución se presenta algo más difícil tanto en la identificación del riesgo, como en la aplicación de medidas, ya que la responsabilidad recae en todo momento en el propietario del inmueble.
Por ello, Calvo aconseja en primer lugar medir los niveles y hacerlo con laboratorios acreditados para hacerlo. En segundo lugar, dentro de las posibilidades, se deben aplicar las medidas necesarias, como la ventilación o el sellado de grietas.

De hecho, una de las prioridades para evitar riesgos en las viviendas pasa por la concienciación y la comunicación, uno de los objetivos prioritarios del Plan Contra el Radón y del CSN. Aunque en los últimos años, el conocimiento sobre este gas ha aumentado entre los ciudadanos, debido a las campañas impulsadas por las instituciones y a la cobertura mediática, en algunos municipios sigue siendo una tarea pendiente ante un riesgo no menor.