Siglo y medio después de su estreno, reaparece en la escena musical El Potosí Submarino, una zarzuela/revista con partitura de Emilio Arrieta y libreto original de García Santistéban quien, en el momento del estreno, era oficial del Ministerio de Estado (Asuntos exteriores). Claro que de aquel libreto parece que solo quedan las letras de los cantables porque el resto ha sido versionado por Rafael R. Villalobos. Excelente empeño de Isamay Benavente, directora del teatro, el de recuperar patrimonio lírico.
El estreno de El Potosí Submarino se produjo el 21 de diciembre de 1870, en el teatro del Circo con una fantasiosa decoración de Ferri y Busato. Francisco Arderíus y sus Bufos estaban al frente del teatro y fueron los productores de esta humorada que, por lo visto en La Zarzuela, presentaba una España muy similar a la actual. Tras estreno publicó El Español (22-12-1870):
“La nueva obra del señor Santistéban no es, sin embargo, otra cosa que una variante de Robinson, del mismo autor, con los mismos efectos, las mismas alusiones políticas, las misma vulgaridades y casi iguales escenas e idénticos personajes”.
Vengamos a 2025. El Potosí Submarino es una empresa fantasma creada por un tal doctor Missisipí para estafar a todo el que se le ponga por delante. Ofreciendo sacar inmensos tesoros del fondo marino (la obra pudo titularse Viaje al fondo del mar) cientos de pequeños inversores pican el anzuelo. El estafador, por otra parte, quiere casarse con la hija de un visionario potentado, que no está por la labor: tiene otro novio más lumpen… Los personajes se adentran en un submundo (el supuesto fondo del mar) en el que se realizan todo tipo de transacciones oscuras, desde favores económicos hasta sexuales. Finalmente, emergerá toda la podredumbre y el timador quedará expuesto a la ira de los afectados por la estafa.
Rafael Villalobos, que también dirige la escena, se ha decantado por traer la acción a la resaca de la España 92. Todos los ripios han sido actualizados para hacer reconocibles situaciones y personajes de hoy, desde un banquero engominado y prepotente, a una oronda y campechana alcaldesa, o a una explosiva vedette rubia. La verdad es que la nueva versificación es ocurrente y graciosa y obliga a los cantantes/actores a hablar mucho.
Cinco años antes del estreno de 1870 había aparecido la primera revista escénica precisamente en el mismo teatro del Circo. El teatro por horas aparecería en 1868 y en 1870 el género chico todavía no había registrado la gran explosión de las últimas décadas del siglo. Por eso la obra de Arrieta y Santistéban es de formato grande, con tres actos y una partitura, sobre todo en el segundo acto, francamente interesante. Como anacronismos hoy, aparecen algunos cantables que nos recuerdan al XIX. Como la oda a la cerveza, una bebida nada popular entonces y que el visionario millonario quiere introducir en España. En su apoyo aparecen dos personajes Cerve y Zita, símbolos de las bondades del producto. En el último acto las protagonistas cantan la polca de las velocipedistas, como anticipo de la revolución de costumbres que empezaban a liderar las mujeres.
En esta transposición de épocas, Villalobos ambienta el primer acto en una oficina empresarial de final del XX, introduciendo a los personajes. El segundo, que se supone transcurre en el fondo del mar, se desarrolla en un lujoso cabaret, epicentro de todos los chanchullos, para escándalo de los habitantes marinos. Todos emergen a la superficie en el tercer acto que, se supone, transcurre en un teatro (poco afortunado decorado).
La orquesta, dirigida por Iván López Reynoso, muestra todo su potencial en el segundo acto, con un arranque apabullante. No menos brillante es la actuación del coro, que tiene un gran protagonismo en todo el desarrollo de la zarzuela.
La revista y el género chico se hacían para actores que podían cantar un poco. En El Potosí Submarino, los cantantes tienen que actuar mucho, que hablar mucho. Rafael Castejón pertenece a esa clase de actores llamados todoterreno, capaces de hacer cualquier género, y aquí lo demuestra. María Rey-Joly vuelve a ser una soprano poderosa y una actriz eficazmente divertida, como Carolina Moncada. Manel Esteve y Alejandro del Cerro -estoy hablando siempre del primer reparto- tienen un trabajo duro sobre la escena, que salvan con suficiencia.
Respecto a la puesta en escena, la dirección del teatro destaca que tanto en el vestuario como en la escenografía, más de la mitad de los materiales empleados son reciclados de otras producciones. Optimización de recursos, se llama a eso.
El Potosí Submarino tiene por delante nueve funciones hasta el 30 de noviembre.