Con la llegada de la Semana Santa, uno de los dulces más emblemáticos y esperados hace su aparición en las mesas de miles de hogares españoles: las torrijas. Este manjar, que forma parte de la gastronomía de la temporada, tiene una rica tradición que se remonta a siglos atrás. Las torrijas no solo evocan los sabores de la infancia y la familia, sino que también representan una conexión con las costumbres y rituales culinarios.
Y como cada año, los lineales de Mercadona se llenan de torrijas. La cadena de supermercados elaboran este dulce respetando el proceso tradicional, aunque adaptado a la escala industrial. Cada bandeja que llega a los estantes tiene detrás un proceso meticuloso que comienza mucho antes de ser empaquetada.
El proceso de elaboración: de la tradición a la industria

La base de estas torrijas comienza con un pan tipo brioche, horneado para este dulce. La clave está en la textura, que es densa pero esponjosa, permitiendo que el pan absorba bien el líquido sin deshacerse. Las rebanadas gruesas de este pan se sumergen en una mezcla de leche, canela en rama y piel de limón natural. Este líquido se emulsiona justo antes de ser vertido sobre el pan, lo que garantiza una impreganción perfecta.
Una vez que el pan ha sido bañado, cada rebanada se gira a mano para asegurar que ambos lados estén igualmente impregnados, replicando la meticulosidad con la que se haría en casa. Después, se rebosan en huevo batido y se fríen en aceite vegetal a la temperatura exacta para conseguir el punto perfecto: dorado por fuera y jugoso por dentro.
El siguiente paso es el escurrido del aceite y el enfriado de las torrijas, antes de ser cubiertas con azúcar. Finalmente, se empaquetan en bandejas de cuatro unidades y se congelan. Para disfrutar de ellas, solo es necesario dejarlas descongelar unas horas en el frigorífico y sacar las torrijas media hora antes de consumirlas.
En cuanto a la producción, Mercadona estima que durante esta campaña, que va del 21 de marzo al 19 de abril, se producirán unas 160.000 bandejas, lo que equivale a aproximadamente 640.000 torrijas. Este volumen está dirigido a satisfacer la demanda en aquellas comunidades autónomas con una gran tradición en el consumo de este dulce, como Madrid, Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Andalucía, y algunas zonas específicas de Alicante, Murcia y Huelva.
Las torrijas de Mercadona forman parte de su estrategia de “surtido local”, una adaptación de sus productos a los gustos y costumbres de cada región. Por ello, las torrijas solo se comercializan en aquellas zonas donde la tradición de este dulce es más fuerte, permitiendo que todos los hogares puedan disfrutar de este clásico de Semana Santa sin tener que prepararlas en casa.