Manuela González vive en la residencia Ensanche de Vallecas. Confiesa que lo que más le gusta es “la gimnasia”, una actividad que ajustan a sus problemas de movilidad. También disfruta con la terapia con perros “porque nos hacen jugar a un juego que te hace emocionarte” y el jardín terapéutico porque le recuerda la terraza de su casa, “siempre llena de plantas, preciosa, llamaba la atención”.
Manuela lleva dos años viviendo en este centro que desde el 1 de marzo de 2024 gestiona la compañía Clece. “Ha sido un año de retos y de experiencias, de vivencias y de aprendizajes, porque en una residencia de estas características siempre tienes algo que aprender de todos en general, de trabajadores, de residentes, de familias, y sobre todo destacaría la labor técnica del equipo multidisciplinar del centro”, cuenta la directora del centro, Laura Rubio que subraya: “Haber implantado en esta residencia un nuevo modelo de atención centrado en la persona ha sido un logro de todo el equipo”.
Cuidar de las personas mayores, atender sus necesidades, estimular su capacidad cognitiva y proporcionarles un espacio en el que seguir cultivando sus aficiones son los principales objetivos de la residencia de mayores y centro de día Ensanche de Vallecas.
Mantenerse activos a pesar de la edad
Además con la nueva gestión ha habido muchos cambios “a nivel interno y técnico” tal como explica Laura: “Nos hemos basado en las necesidades de cada residente y hemos adaptado desde cero el centro a cada usuario de manera individualizada, dotándoles de los recursos que ellos necesitan para mejorar su calidad de vida”. Eso ha supuesto cambiar las actividades e implantar terapias novedosas con las que se obtienen resultados ya visibles.
Una de las novedades incorporadas ha sido “la terapia asistida con perros; vienen un día a la semana y a las personas usuarias les encanta”. Esta práctica aporta múltiples beneficios en los participantes, entre los que destacan un aumento de la autoestima, mejora del estado de ánimo, reducción de la ansiedad y mayor control de los impulsos.
También han implantado las actividades intergeneracionales. “Colaboramos con dos institutos que vienen los martes por las tardes a trabajar la asignatura de música”, señala la directora. La práctica de yoga “donde trabajamos los talleres de respiración” es otra de las muchas iniciativas integradas el último año. Aunque si hay algo de lo que está especialmente satisfecho el equipo al frente de la residencia es el “jardín terapéutico donde trabajamos horticultura, paseos saludables, talleres de aromaterapia, e incluso cuenta con un jardín de mariposas”. Laura continúa explicando que esto es fruto de “una labor conjunta tanto por parte de la de la Dirección General del Mayor como del equipo multidisciplinar de Clece” y que invita a los mayores a hacer una retrospección a “lo que les gustaba cuando eran jóvenes, lo relacionado con la horticultura, con las plantas, con los olores, de modo que adaptamos este espacio a sus propias necesidades y preferencias”, subraya la directora.
En el centro atienden a 200 personas, 160 de ellas viven en la residencia y las 40 restantes son usuarias del centro de día. Dispone de cuatro unidades de convivencia para residentes, con “su propio saloncito y su propio comedor de manera independiente”, y una unidad de convivencia para el centro de día. Sin embargo, en momentos puntuales, por ejemplo, “cuando se organiza una actividad grupal, de bingo o hay una fiesta en el centro de día, hay algunos residentes, que bajan y participan en las actividades”, explica Laura.
Música y baile como terapia ocupacional

Así ocurrió el pasado 3 de marzo cuando la residencia acogió un concierto ofrecido por la Banda Sinfónica de la Policía Nacional, en el que 25 músicos deleitaron con su repertorio a más de 200 usuarios y familiares. “Hubo una interactuación preciosa entre los residentes y los usuarios que vinieron de otros centros. Bailaban entre ellos, se daban la mano, aplaudían, se les veía felices”, recuerda la directora del centro.
Manuela González no se perdió el concierto homenaje a los mayores, con boleros y canciones de toda la vida. “Me encantó”, asegura, aunque la silla de ruedas impidió que se soltara con algún paso de baile pero cuenta que “si hubiera estado mi marido, me habría sacado a bailar”.
Carmen Molero que lleva poco más de un año en la residencia, es gran amiga de Manuela. Ambas se apuntan a todas las actividades. “Con la animadora hemos hecho una máscara para carnaval, hemos ido a los perros y me encanta estar en esa reunión que es de palabras y te viene muy bien para la cabeza”, comenta sobre la terapia ocupacional.
El concierto de la Banda le encantó, aunque ya los había visto actuar en su anterior residencia de Parla, desde la que se mudó a ésta animada por su sobrina que vive en Vallecas. “Me dijo que estaba muy bien y es verdad. Estoy muy contenta de estar aquí. Mi hija que vive en Pamplona me lo ha notado hasta en la voz y todo”, afirma Molero.
Haciendo balance de este primer año de gestión, Laura Rubio afirma: “Hemos llevado a cabo un cambio total de gestión a nivel interno y técnico que redunda positivamente en las personas usuarias y en el funcionamiento del centro”.