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Patricia Cerrada, miembro de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la Ciudad de Madrid
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Patricia Cerrada, miembro de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la Ciudad de Madrid (Foto: Mónica González - Road Experience Audiovisual)

Gigantes y Cabezudos de Madrid: así es la restauración de los guardianes de historias

Una tradición que perdura

Por Susana Pérez
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sperezmadridiarioes/6/6/18
domingo 08 de diciembre de 2024, 09:00h
Actualizado: 18/12/2024 10:56h

Cuando los gigantes se alzan sobre las calles y los cabezudos corretean entre el bullicio de los niños, Madrid revive un pedazo de su alma. Estas figuras imponentes y juguetonas, que parecen nacidas del tejido mismo de la tradición, son más que simples adornos de las festividades; son guardianes de historias, personajes que encarnan siglos de cultura popular.

En el origen de estas figuras, hay un crisol de creencias, leyendas y celebraciones religiosas que se entrelazaron en las calles de Europa durante la Edad Media. Gigantes y cabezudos surgieron como personajes simbólicos en procesiones, representando a santos, reyes y personajes de la vida cotidiana. En España, estas figuras evolucionaron, adoptando los colores y matices de cada región. Madrid, siempre un reflejo de su tiempo, abrazó esta tradición en la década de 1960. Fue entonces cuando el maestro fallero Regino Mas recibió el encargo de dar vida a una comparsa única, una familia de seis gigantes que llevaría consigo la esencia histórica de la capital. Alfonso VI, conquistador de Madrid; Beatriz Galindo, 'La Latina', consejera de Isabel la Católica; y Manuela Malasaña, la joven heroína del 2 de mayo de 1808, se unieron a otros personajes que simbolizan los pilares de la identidad madrileña.

Por su parte, los cabezudos, pícaros y desafiantes, representaban a los arquetipos más populares de la ciudad: el bandolero, el torero y la vieja vendedora de rosquillas, figuras que parecían salidas de las verbenas y las zarzuelas que tanto identifican a Madrid.

Sin embargo, como sucede con tantas tradiciones, los gigantes y cabezudos fueron relegados con el paso del tiempo. Durante años, estos personajes se convirtieron en recuerdos polvorientos almacenados en espacios olvidados. Pero la memoria tiene guardianes. En 2009, un grupo de apasionados decidió no dejar que esta tradición se esfumara. Así nació la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de la Ciudad de Madrid. "Cada personaje tiene una historia que contar y representa una parte del pasado y el carácter de la ciudad", explica Patricia Cerrada, miembro de la comparsa.

Julián y la Mari Pepa (Foto: Mónica González- Road Experience)

Con la ayuda de este colectivo, los Gigantes y Cabezudos de Madrid regresaron con fuerza a las festividades. San Isidro, el Carnaval y otras celebraciones han recuperado su brillo, gracias a estas imponentes figuras que recorren las avenidas entre dulzainas y aplausos. "Es esencial que los madrileños conozcan y disfruten de este patrimonio. Representan nuestra identidad cultural", añade Cerrada.

"Los gigantes y cabezudos son símbolos de nuestra historia"

Cada vez que un gigante danza en un pasacalle o un cabezudo persigue a un niño con una sonrisa traviesa, Madrid se reconoce en ellos. No son simples espectáculos: son un vínculo con el pasado, una representación de las luchas, las alegrías y los sueños de una ciudad que nunca deja de celebrar su identidad. "Los gigantes y cabezudos son símbolos de nuestra historia. Cada uno tiene un alma que conecta con los madrileños, recordándonos de dónde venimos", transmite Patricia Cerrada, miembro de la comparsa.

Patricia, en el interior de un gigante, muestra la estructura (Foto: Mónica González)Cerrada reconoce su "amor" por estas figuras que se han convertido en parte de su familia. A simple vista, parece imposible mover una estructura de tres metros y medio y cuatro metros de altura y de al menos 25 kilogramos, aunque pueden llegar a los 50: "Sí es posible, cuando te acostumbras a la estructura que llevan. Empecé llevando la Chulapa. Pesaba poquito, al ser más esbelta, se lleva mejor".

Los gigantes se sostienen sobre una base rígida que se apoya en los hombros del portador. Esto sirve para equilibrar el peso y manejar la figura desde el interior. "El baile de los gigantes no sigue una coreografía estricta, sino que depende de la creatividad del portador y de la música que los acompaña". Como explican desde la Comparsa, suelen girar sobre su eje con movimientos lentos y avanzando al ritmo del tambor y la dulzaina. Con estos bailes, las figuras enfatizan el carácter majestuoso. Los miembros de la comparsa dedican horas a ensayar los movimientos y bailes que dan vida a la figuras. "Es un trabajo físico y coordinado, pero muy gratificante cuando ves la emoción en los rostros de quienes asisten al desfile".

Los cabezudos, en cambio, son más pequeños y manejables, "tienen una movilidad mucho más dinámica". Estos personajes, con grandes cabezas fabricadas de cartón piedra y trajes llamativos, son llevados por personas que caminan y corren entre el público. Sus movimientos suelen ser rápidos y juguetones para interactuar con los asistentes en clave humorística. El baile de los cabezudos también está guiado por la música, aunque aquí la prioridad es la conexión con el público.

Un arte dedicado a la memoria

El Ayuntamiento de Madrid ha dedicado una partida presupuestaria para restaurar dos gigantes en 2025: Mohamed y la Arganzuela. Una cuantia de 10.000 euros se destinará a mejorar las figuras, que muestran las huellas del paso del tiempo.

La restauración de las figuras es un proceso largo y meticuloso. Aitor Calleja, un joven restaurador apasionado por estas figuras, es el artesano que dedica sus manos y su corazón a devolverles el esplendor perdido. En su pequeño taller navarro, Calleja no solo repara golpes y fisuras, también reconstruye la historia misma de los gigantes.

“Respetar los materiales originales, clave para preservar la autenticidad de estas figuras”

Experto en gigantes y cabezudos, Calleja lidera este trabajo, siguiendo un enfoque respetuoso con los materiales originales. "En el caso de Mohamed y la Arganzuela, se busca recuperar la esencia de sus diseños originales", cuenta el profesional. La figura de la Arganzuela, por ejemplo, está siendo recreada en su totalidad, "ya que su cabeza original se perdió y fue sustituida por una copia que no hacía justicia al diseño de Regino Mas". Gracias a fotografías antiguas y un meticuloso estudio, la figura está siendo recreada, devolviendo al personaje su belleza y significado originales.

“Respetar los materiales y las técnicas originales es clave para preservar la autenticidad de estas figuras”, explica Calleja. Para los gigantes antiguos, hechos de cartón piedra, se utilizan técnicas tradicionales, mientras que los más modernos, construidos en fibra de vidrio, son restaurados con materiales compatibles. “Estas figuras no solo son objetos, son piezas vivas de la memoria colectiva”, comenta Calleja, mientras explica cómo trabaja con cartón piedra, óleo y técnicas tradicionales para mantener esa autenticidad. Además, el restaurador destaca la complejidad de trabajar con figuras antiguas, cuyo material adhesivo, un engrudo de agua y harina, ha perdido cohesión con el tiempo.

La pintura, casi siempre óleo en figuras antiguas: "Pintamos con óleo para mantener la autenticidad del acabado", dice Calleja, subrayando la importancia de la compatibilidad entre materiales en el proceso de restauración.

Foto: Comparsa de Gigantes y Cabezudos de MadridTres de los gigantes de Madrid, el Julián, la Maripepa y el Alcalde de Móstoles, fueron sometidos durante la primera mitad de 2020 a un proceso de restauración y reforma al encontrarse sus estructuras en mal estado y resultar incomodas a la hora de ser portados y bailados. Los bustos fueron realizados en 1967, y tras ser decapados, se precedió a restaurarlos teniendo como referencia la policromía original. La reforma implicó, además de nuevos cuerpos, brazos, caballetes y manos, la confección de nuevos vestidos y realización de complementos para enriquecer y caracterizar a cada una de las figuras.

La restauración de los cabezudos es otra historia: "Suelen estar muy deteriorados. De hecho, en la gran mayoría de pueblos llegaba un momento en el que los cabezudos se tiraban y se volvían a comprar nuevos, porque al ser utilizados muchas veces por chavales que se dejan en el suelo, que se caen, que no se conservan en lugares adecuados, quizás en bajeras con humedades, la verdad es que suelen estar muy deteriorados en comparación a los gigantes".

El trabajo de recuperación y promoción de los gigantes y cabezudos no termina aquí. La comparsa colabora estrechamente con el Ayuntamiento de Madrid para garantizar su conservación y aumentar su visibilidad: "Nos gustaría que saliesen en más eventos y así mantener viva la tradición. Estamos viendo si podemos estar en Fitur".

Esta representación de la historia madrileña puede visitarse en el Museo de Artes y Tradiciones Populares, en el centro de Madrid, dentro de un pintoresco corralón del siglo XIX, en el barrio del Rastro.

GIGANTES

1- LA CHULAPA: MARIPEPA
La Mari Pepa, chulapa protagonista, alegre y picarona, revoluciona el patio de vecinos, haciendo las delicias de maridos y provocando fastidio y hartazgo entre las mujeres. Los unos y las otras consiguen trasladarnos a los ambientes vecinales del Madrid de finales del siglo XIX.

2- EL CHULAPO: EL JULIÁN
El Julián, nuestro popular chulapo, entrañable y orgulloso castizo, enfurruñado por no ser correspondido por la Susana, quien se deja adular por el viejo boticario, acude angustiado a la verbena, engalanado con chaquetilla y bombín, y allí, a ritmo de organillo, alborotan entusiastas nuestros queridos personajes de calles y plazas del viejo Madrid.

3- MANUELA MALASAÑA
Manuela Malasaña, simpática jovenzuela, trabajaba de bordadora en un taller, y andaba de acá para allá con sus tijeras de costura siempre encima. En días de levantamiento popular contra el asedio francés, eso bastó para acusarla de portar “armas”, por lo que fue ejecutada sin compasión, y entonces una nación, rota de dolor, se alzó y grito: “¡venganza y guerra!”.

4- EL ALCALDE DE MÓSTOLES
Andrés Torrejón, unos de los dos alcaldes de Móstoles, firmó el conocido Bando de Independencia, que alertaba sobre el ataque de las tropas napoleónicas a Madrid, instando a toda autoridad a levantarse en armas contra los invasores. Condenado a muerte por sedición, se desentendió y afirmó haber sido obligado, pero lo hecho, hecho estaba, y en su pueblo aún le rinden tributo por tal heroicidad.

5- MOHAMED I
Mohamed I, emir cordobés que gobernó en la España musulmana del siglo IX, fue un gran estratega militar, preocupado por la defensa de sus territorios ante la amenaza cristiana, y así, para proteger Toledo, levantó la fortaleza de Mayrit, embrión de la futura ciudad de Madrid.

6- LA LATINA
Beatriz Galindo, formada en letras en su Salamanca natal, demostró tales dotes en el manejo del Latín, que trascendió su reputación como mujer ilustrada y se ganó el apelativo de “La Latina”, tanto que la reina Isabel la quiso a su lado para instruirse y beber de susconocimientos. Y fue tan magno el aporte a su ciudad, que su memoria perdurará por siempre a través del barrio que hoy lleva su nombre.

7- EL REY ALFONSO VI
Alfonso VI 'El Bravo', educado en el arte de la guerra, heredó títulos y tierras, y tuvo que librar luchas fratricidas para expandir su reinado y afianzar su trono, antes de lanzarse a la gran Reconquista. En el asedio a Mayrit, uno de sus jóvenes soldados trepó la muralla con la agilidad de un gato, facilitando la conquista, y hoy se concede tal apelativo a cualquiera que haya nacido en Madrid.

8- LA ARGANZUELA
Sancha 'La Daganzuela', hija de alfarero y huérfana de madre, ayudaba a su padre a fabricar pucheros, encargándose sólo de suministrar agua, por su débil constitución. Un día pasó por su alquería la reina Isabel, sedienta, y Sancha le ofreció agua de su mejor cántaro. Tanto se compadeció la reina al ver su esfuerzo, que ordenó vaciar varios cántaros y regalar a la niña todas las tierras regadas, esas que hoy llevan su nombre, las de “La Arganzuela”.

CABEZUDOS

1- LOLA, LA NARANJERA
La joven Lola, del barrio del Avapiés (hoy Lavapiés), vendía naranjas y paseaba su belleza por las calles del Madrid del siglo XIX. Del bandido más famoso, Luis Candelas, andaba enamorada, y hasta al rey Fernando VII tuvo a sus pies, encaprichado de ella. Su luz contrasta con el mundo injusto y corrupto que le rodea.

2- LUIS CANDELAS
Masón ilustrado de día, bandolero de noche. Luis Candelas y su castiza banda imponían su ley particular, atracando aquí y allá, sin mancharse de sangre. Campaba a sus anchas dentro y fuera de la cárcel, pero tanto exceso y libertinaje le dirigió al único final posible: el vil garrote.

3- CÚCHARES
El diestro cordobés Francisco Arjona encandiló con su arte y carisma a todo enamorado del mundo del toreo. “Cúchares” le decían, y le colmaban de ovaciones cada vez que saltaba al ruedo y ejecutaba con estilo toda suerte de filigranas y trasteos de muleta. La Habana le vió morir, y en Madrid lloran su pérdida.

4- EL MELONÉS
El Melonés, un mozo que despachaba vinos en el local de su tío, donde escuchaba atento las charlas sobre toros, pronto se convirtió en gran figura del rejoneo y cuentan que, en una época en que los caballos de picadores caían a pares en las plazas madrileñas, éste entraba en la plaza con aire imponente y, tras realizar una faena impecable, salía con el suyo siempre ileso, entre enormes ovaciones.

5- EL FRANCESILLO
Fue el Francesillo un ingenioso y lenguaraz bufón y no había en la Corte noble que se librara de su sátira mordaz. Hasta el emperador Carlos V sufrió sus improperios y le retiró su favor, y tanta enemistad se granjeó que fue acuchillado y agonizó hasta morir, pero ni eso le quitó el sentido del humor.

6- DOÑA CUNDÍS
Doña Cundís, que fue señora de postín, de matrimonio infeliz, se convertía en 'Madame Pimentón' para dar vida y color a las calles de Madrid, mendigando con dignidad unas monedas a cambio de sus recitales. Su peculiar voz quebrada resonaba por terrazas y cafés, y en las gentes despertaba tanta mofa y compasión como cariño y admiración.

7- MARÍA INÉS CALDERÓN 'LA MARIZÁPALOS'
María Inés, 'La Calderona', anduvo entre bambalinas desde niña de la mano de Pedro Calderón de la Barca, su padre adoptivo. En la escena desprendía un encanto singular, y así cautivó al mismísimo rey Felipe IV, del que fue amante, que le asignó un distinguido palco en la Plaza Mayor, para enfado de la reina Isabel. Pero el desamor llegó a sus vidas para escribir un triste final, y 'La Calderona' acabó ingresada en un convento hasta el fin de sus días.

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