La Fundación Atalaya ha presentado este lunes su estudio 'Inquietudes, preocupaciones y salud mental de la juventud en España', en el cual analiza de manera exhaustiva el estado de la salud mental de los jóvenes españoles y propone estrategias para mejorar su bienestar general. Este estudio es el resultado del Observatorio de Salud Mental Infanto-Juvenil, un proyecto de la Fundación Atalaya que trabaja desde una visión integral para observar, entender y, sobre todo, mejorar la situación actual de la salud mental juvenil en el país. "Damos vida a esta fundación con la intención de generar más recursos a una realidad como es la salud mental. El 70 por ciento de las patologías se manifiestan desde la niñez", explica Alfredo Santos, presidente de la Fundación Atalaya y de Ginso. "Es una llamada a la acción", añade.
El informe nace en un contexto donde, tras la pandemia del Covid-19, los problemas de salud mental en jóvenes han ganado una visibilidad alarmante. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10 y el 20 por ciento de los adolescentes en el mundo padecen trastornos de salud mental, muchos de los cuales inician alrededor de los 14 años. En España, las tasas de ansiedad, depresión y autolesiones han experimentado un preocupante aumento, reflejando la necesidad de una intervención urgente y coordinada. Además, se estima que el 70 por ciento de los trastornos mentales se manifiestan en la infancia o adolescencia, con consecuencias que pueden extenderse hasta la adultez si no se interviene a tiempo.
El estudio se enfoca en jóvenes entre 15 y 29 años de toda España, con la intención de obtener una “radiografía” precisa sobre sus preocupaciones, emociones y hábitos de vida. A partir de cuestionarios detallados, el equipo investigó áreas fundamentales como la salud mental general y específica (incluyendo trastornos como la ansiedad y depresión), bienestar social (sentimientos de soledad y apoyo social), conductas de riesgo, y satisfacción en ámbitos clave de la vida. Un estudio coordinado por el sociólogo Enrique Domingo, que ha explicado "que la muestra ha estado compuesta por 2.002 adolescentes y jóvenes de 15 a 29 años residentes en España". La técnica de recolección de respuestas se ha realizado a través de Internet con invitación a participar mediante correo electrónico: "Los resultados obtenidos por Internet son totalmente fiables. El puerta a puerta es ya impensable"

Para obtener resultados fiables, el diseño metodológico incluyó una revisión exhaustiva de estudios previos, consultas con expertos y un análisis de contexto, permitiendo un enfoque comparativo con otras investigaciones nacionales e internacionales. La Fundación Atalaya enfatiza su compromiso con la transparencia, compartiendo los datos del estudio para orientar a otras entidades en la mejora de la salud mental juvenil. "Es importante la intervención temprana para modificar el curso de los trastornos antes de que se vuelvan crónicos", asegura Eduardo Toledano, doctor en Medicina, presidente del Consejo Social y Ético de PAS España, consejero asesor de la OMS en Salud Pública y miembro activo en Naciones Unidas en Educación y Salud.
"El 70 por ciento de los problemas nacen en la infancia"
Toledano ha expuesto el éxito de programas preventivos en otros países, como Australia, Finlandia, Noruega y Reino Unido. En todos ellos, el apoyo en el entorno educativo ha sido una pieza clave para "evitar la estigmatización e identificar a los niños en situación vulnerable o de riesgo". De hecho, los centros educativos tienen un papel crucial en el trabajo en emociones por lo que se propone implementar programas para ello, con estrategias para aprender a identificar y regular las emociones, entrenamiento en comunicación asertiva, escucha activa, empatía y respeto. Valores y actitudes que previenen, además, el acoso escolar y el ciberacoso.
"El ámbito escolar es fundamental", insiste Javier Urra, doctor en Psicología y en Ciencias de la Salud, director clínico de Recurra Ginso y primer Defensor del Menor. En su opinión, los "maestros deben ser testigos de la realidad porque en los centros educativos hay jóvenes que acosan y otros que se encierran en sí mismos". Y a todos estos comportamientos analizados en el estudio se añaden las ideas autlíticas y la soledad: "Muchos jóvenes se sienten solos, no es solo una cuestión que afecta a los mayores". Urra defiende la necesidad de estudios que pongan solución a datos tan escalofriantes como que "uno de cada cuatro personas va a sufrir un trastorno mental". En este sentido, el profesional insiste en la prevención como herramienta para detectar los casos vulnerables o de riesgo teniendo en cuenta que "el 70 por ciento de los problemas nacen en la infancia".
Principales hallazgos

El estudio revela que una gran parte de la juventud española carece de habilidades adecuadas para gestionar sus emociones, lo que incrementa la vulnerabilidad ante situaciones de estrés y frustración. Esta carencia se traduce en una menor capacidad para afrontar problemas cotidianos y puede llevar al desarrollo de patrones de pensamiento negativo, que perpetúan estados de ansiedad y desánimo. La falta de herramientas de afrontamiento adecuadas es especialmente grave en adolescentes, quienes se encuentran en una etapa de desarrollo crucial para la formación de habilidades emocionales y de resiliencia.
Las redes sociales, aunque en algunos casos son una fuente de conexión y apoyo, también representan un espacio donde muchos jóvenes se exponen a comparaciones constantes y a la presión de alcanzar ciertos estándares de éxito y apariencia. Esta sobreexposición puede generar problemas de autoestima, dependencia de la validación externa y la sensación de que la vida de los demás es más satisfactoria que la propia. Este fenómeno, conocido como 'síndrome del impostor digital', ha contribuido a un aumento de la insatisfacción y el autoexamen negativo, que a su vez alimenta los cuadros de ansiedad y depresión.
Por otro lado, la juventud española enfrenta una presión creciente para alcanzar metas académicas y profesionales en un contexto de incertidumbre económica y laboral. Esta situación ha derivado en altos niveles de estrés entre los estudiantes y jóvenes trabajadores, quienes a menudo sienten que sus esfuerzos no se ven recompensados con seguridad laboral o económica. Los datos reflejan que estos factores contribuyen a la sensación de frustración y desmotivación, afectando su bienestar psicológico y su percepción de control sobre el propio futuro.
Los datos del estudio también revelan que muchos jóvenes experimentan altos niveles de preocupación por el estado del planeta y el cambio climático, un problema que sienten fuera de su control y que genera en ellos sentimientos de ansiedad e impotencia. Esta 'eco-ansiedad' está relacionada con el temor a un futuro incierto y una percepción de responsabilidad intergeneracional. La falta de políticas ambientales efectivas y de espacios donde los jóvenes puedan contribuir activamente a soluciones aumenta esta sensación de desesperanza.
"La salud mental de los jóvenes de hoy determina el bienestar de la sociedad de mañana”
La Fundación Atalaya ha señalado que existe una escasez de servicios de salud mental accesibles para jóvenes, lo que limita su capacidad para recibir el apoyo necesario en momentos de crisis. Aunque la demanda de atención psicológica ha aumentado, el acceso a servicios especializados sigue siendo insuficiente, especialmente en las áreas rurales. La brecha en la atención se ve agravada por la falta de recursos específicos para niños y adolescentes, quienes representan uno de los sectores más vulnerables.
En este sentido, Celso Arango, doctor en Medicina y psiquiatra; director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental; jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y el Adolescente del Hospital General Universitario Gregorio Marañón; catedrático de Psiquiatría en la UCM y miembro de la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos, ha subrayado que "conocer las áreas prioritarias de los segmentos de la población sobre los que llevar esas actuaciones es fundamental. Qué les preocupa, dónde tienen más problemas y cuáles son las recomentaciones, teniendo en cuenta que el 1,5 por ciento presenta un alto riesgo de suicidio". Otro de los resultados del estudio posiciona al dinero en la tercera posición en lo que se refiere a las prioridades de la población juvenil: "Si el dinero ocupa esa posición y no otros valores, como la amistad, la formación o los afectos, es que se algo nos estamos olvidando", añade. En su intervención, Arango ha destacado la relevancia de este tipo de estudios para abrir los ojos al sistema de salud y al educativo: "El abordaje sanitario debería ser más directo para poder enganchar a los jóvenes, sin tener que pasar por varios profesionales"
Para abordar estas dificultades, el informe subraya la importancia de implementar medidas preventivas, mejorar el acceso a servicios de salud mental y fomentar una mayor conciencia social sobre la salud mental juvenil. Entre las propuestas, se destacan campañas de sensibilización en centros educativos, la formación de redes de apoyo comunitario y el fomento de un uso responsable de las redes sociales. También se sugiere ampliar los recursos destinados a la atención psicológica y crear programas de intervención temprana que permitan identificar y abordar problemas de salud mental en sus etapas iniciales.
La Fundación Atalaya espera que este estudio impulse políticas públicas y acciones sociales que favorezcan un desarrollo saludable de las generaciones actuales y futuras. "Es momento de actuar de forma conjunta", señalan desde la Fundación, “porque la salud mental de los jóvenes de hoy determina el bienestar de la sociedad de mañana”. La Fundación Atalaya se compromete a continuar su labor de observación y sensibilización, con la esperanza de que esta “radiografía” sea la base de un cambio real en el abordaje de la salud mental juvenil en España.
Este estudio es un paso crucial hacia una mayor concienciación sobre la salud mental juvenil y sienta las bases para políticas informadas que puedan transformar el futuro de la juventud en España.