El sábado pasado, 1 de marzo, se conmemoró el Día Mundial de la Concienciación sobre la Autolesión, una fecha destinada a sensibilizar acerca de esta problemática y la importancia de su prevención. Las autolesiones pueden presentarse en cualquier grupo poblacional, pero afecta principalmente a adolescentes y a jóvenes con problemas de regulación emocional. En los últimos años hemos visto un preocupante incremento en estos últimos, sobre todo a raíz de la pandemia de 2020.
A este respecto, Elena Serrano, psicóloga general sanitaria, criminóloga y subdirectora de la Clínica Recurra Ginso, advierte sobre la importancia de distinguir entre la autolesión suicida y la no suicida: “estas conductas presentan distintas motivaciones, funciones y riesgos diferenciales, lo que influye directamente en la evaluación, el diagnóstico y la intervención terapéutica con cada paciente”. La autolesión no suicida es una conducta deliberada de infligirse daño físico sin intención de causar la muerte. Se manifiesta a través de cortes, quemaduras, golpes o excoriaciones, y suele utilizarse como estrategia para regular el malestar emocional, gestionar dificultades interpersonales o generar sensación de control.
“Tampoco debemos olvidar las conductas autodestructivas, que son más difíciles de observar y que igualmente suponen daño para el individuo. Estas incluyen el descuido en los hábitos de alimentación e higiene, prácticas sexuales de riesgo o el consumo de tóxicos”, recuerda Elena Serrano. Además, en la literatura científica actual se habla del “ciclo adictivo de la autolesión”, que tiende a ser repetitiva y crónica y proporciona a los adolescentes una sensación de alivio o control.
Los motivos por los que un adolescente se puede autolesionar son multifactoriales. Como mencionábamos, pueden ser una vía de escape frente al sufrimiento psicológico, pero hay que prestar atención a los desencadenantes en el ámbito social: experiencias previas de abuso o conflictos interpersonales que se ven reforzados por los contenidos, cada vez más habituales, en redes sociales. Un error común es pensar que hablar sobre autolesión fomenta su aparición; por el contrario, la información basada en evidencia facilita la detección temprana y promueve el acceso a tratamiento.
Detectar este tipo de conductas requiere de atención tanto a los signos físicos como emocionales y conductuales. Algunas señales pueden incluir la aparición recurrente de lesiones, el uso frecuente de ropa que cubra el cuerpo sin justificación climática, el aislamiento social o cambios en la rutina. Los riesgos de la autolesión van más allá de las heridas físicas: “a corto plazo, pueden provocar infecciones y cicatrices, además de generar sentimientos de culpa y deterioro emocional. A largo plazo, estas conductas se pueden volver crónicas y aumentar el riesgo de sufrir trastornos psicológicos o sucidio”, indica Elena Serrano.
Tratamiento y estrategias de prevención
A nivel preventivo, los educadores y profesionales de la salud mental pueden contribuir promoviendo programas de educación socioemocional y facilitando el acceso a recursos de apoyo. La Terapia Dialéctico Conductual y la Terapia Cognitivo Conductual han demostrado ser eficaces para mejorar la regulación emocional y desarrollar estrategias adaptativas de afrontamiento.
El programa Recurra Fortaleza, por ejemplo, desarrollado en el Hospital de Día Retiro Recurra Ginso, está dirigido al tratamiento de las autolesiones en adolescentes de entre 14 y 18 años. A través de la Terapia Dialéctico Conductual y el apoyo familiar a lo largo del proceso, ha mostrado avances significativos en su fase piloto con el grupo de adolescentes participantes.
Por último, cabe destacar que las redes sociales pueden desempeñar un doble papel en la autolesión. Por un lado, la exposición a contenido que romantiza esta conducta o la imitación de comportamientos vistos en entornos digitales pueden aumentar el riesgo de autolesión. Por otro lado, si se utilizan adecuadamente, y bajo supervisión de los progenitores, pueden servir como espacios de apoyo emocional, difusión de información psicoeducativa y acceso a recursos terapéuticos.
Sobre GINSO, Asociación para la Gestión de la Integración Social
La Asociación GINSO nace en 2001 con el objetivo de promover e impulsar la integración social creando oportunidades para menores y jóvenes en una situación de conflicto social y para colectivos en riesgo de exclusión. En este tiempo, Ginso ha atendido a más de 40.000 jóvenes en sus centros de de menores infractores, de protección social y centros de salud mental infarto-juvenil, ofreciendo una atención ambulatoria y residencial en las comunidades de Madrid, Andalucía, Galicia y Navarra.
Siempre en colaboración con las diferentes administraciones públicas, entidades del tercer sector y empresas privadas, GINSO se mantiene como entidad líder en su ámbito de actuación. Para ello, contamos con un equipo de profesionales altamente cualificados de más de 1.150 profesionales.
Desarrollamos programas innovadores de prevención e intervención desde la investigación y desarrollo de estudios para ejercer una labor social de manera responsable, y teniendo como primer criterio de actuación “el interés superior del menor”. Nuestra prioridad es promover una sociedad segura, inclusiva y en igualdad de oportunidades, atendiendo de forma integral todas las necesidades a nivel formativo, asistencial, ocupacional y de ocio.