El Mercado de Torrijos, uno de los más antiguos de Madrid, corre el riesgo de convertirse en una gran superficie comercial más. Una situación que quita el sueño a los propietarios de los puestos que todavía sobreviven en este espacio ubicado en el distrito de Salamanca. Para revertir la situación, los comerciantes presentan este jueves un manifiesto contra el cierre del mercado en un intento de movilizar a su favor a los vecinos del barrio así como su tejido asociativo.
Un mercado emblemático que ha sido "coaccionado por un fondo de inversión", explican los organizadores del manifiesto. La especulación inmobiliaria transforma Madrid desde hace décadas. Los pisos del centro se convierten en Airbnb, las cafeterías de toda la vida albergan ahora Starbucks y cualquier edificio comercialmente explotable puede transformarse en un área de consumo cualquiera carente de personalidad. Es lo que le podría haber sucedido en 2020 al Mercado de Torrijos en la calle General Díaz Porllier, pero un grupo de sus comerciantes decidió escribir la historia de forma diferente, o al menos intentarlo.
Una Sociedad Anónima Cotizada de Inversión Inmobiliaria (Socimi), llamada Numulae, aprovechó el confinamiento para comprar gran parte del Mercado y expulsar a los pocos comerciantes que todavía seguían con actividad. Pero muchos de ellos se niegan a abandonar este espacio comercial.
En la actualidad se mantienen abiertos diez de los 50 puestos que ejercían su actividad en tiempos prepandemia. Sus responsables denuncian las "presiones" del fondo de inversión para "hacerse con la propiedad entera, acabar con el mercado e instalar ahí algún tipo de centro comercial".
Hablamos del culmen de un proceso paulatino de privatización que comenzó allá por el año 2005 cuando, aprovechando su reforma, el mercado dejó de ser municipal para pasar a convertirse en propiedad de una sociedad formada por los comerciantes que ahí tenían sus negocios. El capital de la sociedad era el inmueble, es decir, el mercado, y cada uno de los 50 puestos poseía una acción. "Estábamos en contra de lo que se hizo, pero como una mayoría de nuestros compañeros aceptó nos comunicaron que si no considerábamos nuestra posición nos abrían un expediente de expropiación forzosa", explica Estrella Gordo, portavoz de 'Los Últimos de Torrijos'.
Diez años después es cuando entra en juego el fondo de inversión, que consigue hacerse con las acciones de la mayor parte de la sociedad, unas 40 de 50. Un grupo de comerciantes vuelve a mostrarse en contra: "Nadie me puede obligar a vender mi participación", declara Estrella. Como solución proponen mantener sus puestos en un rincón y el resto de la superficie para la sociedad. Los puestos abiertos ocupan unos 350 metros cuadrados en una superficie comercial disponible que ronda los 7.000. Pero esta idea que fue rechazada.

"Todavía me quedan ocho años para jubilarme. Necesito estar en mi negocio, trabajar y tener un patrimonio que sumar cuando me jubile", reclaman desde la frutería de Estrella.
Un socio decide ejercer su derecho a tanteo para poder adquirir algunos de los puestos con prevalencia frente a terceros, como establecen los Estatutos de la sociedad. Sin embargo, la compra termina bloqueada para garantizar la venta al fondo de inversión dando comienzo el periplo legal.
"Ya estamos rodeados de hipermercados"
Los 'Últimos de Torrijos' hacen efectiva una denuncia, pero la lentitud judicial provoca que Numulae comience un proceso de desgaste hacia los comerciantes ya que disponen de "todos los recursos del mundo" para abonar el proceso judicial. Finamente, la Sociedad culmina el cierre cada puesto del mercado que compran y utilizan su poder para boicotear, "de múltiples formas", a los restantes que se mantienen abiertos.
"Sin pago del mantenimiento de la limpieza, sin hilo musical y ni siquiera decoración por las fiestas navideñas. Da bastante pena verlo", declara una cliente. "Se rompe un foco y no lo arreglan, no funciona la calefacción, ha salido aire frío durante todo el invierno, tuvimos un conato de incendio, focos rotos y muchos ejemplos más. También nos llegaron a mandar un burofax en el que nos daban un ultimátum para que entregáramos las llaves", denuncia una comerciante. "Han llevado la estrategia al límite de prácticas irregulares, la Socimi incluso se niega a recibir el dinero de las cuotas para poder decir que los comerciantes son morosos. Ya estamos rodeados de hipermercados, no queremos dinero, solo queremos seguir con nuestra actividad", insisten.
El valor de lo cercano

La frutería de Estrella es uno de los 'Últimos de Torrijos' que todavía sobreviven en el mercado. Su suegro comenzó con el negocio en los años 50: "Yo llegué en el 96 de la mano de mi marido y ampliamos el negocio", declara. Para esta comerciante, los clientes "son familia y no números como en los supermercados". Todavía recuerda los peores momentos de la pandemia y el papel de este mercado: "El Ayuntamiento nos pidió por favor que ayudásemos a servir a domicilio a las personas mayores que se encontraban solas y así hicimos", rememora Estrella. El grupo de comerciantes, con los que Estrella comparte lucha, pone de relieve el trato diferencial que ofrecen a los clientes y la atención personalizada que reciben.
"Los clientes no quieren que desaparezca el mercado y nos dan todo su apoyo a pesar de las circunstancias", agradecen 'Los Últimos de Torrijos'. Han elaborado un manifiesto público que presentan este jueves y se encuentra abierto a la firma de particulares y organizaciones. Colectivos como la Asociación Vecinal Goya-Dalí, la Asociación de Comerciantes del Mercado de Pacífico, Adefrutas o Acurema, entre otros, ya han manifestado su apoyo.