Aunque en 2022 vendió Clicars a Aramis Group por más de 100 millones de euros, Pablo Fernández recibe a Madridiario en su sede en Carabanchel, su barrio de origen. Este nadador incansable, que ha batido seis récords Guinness como el nado más largo en océano o los 100 kilómetros más rápidos en aguas abiertas, fundó en 2018 Clikalia y desde entonces ha invertido en unas 70 empresas y startups. Aspira a convertirse en referente de emprendedores y también de jóvenes que, como él, nacieron en un entorno con menos recursos que otros. Para ello, cuenta a este diario su historia y desvela algunos de los secretos de esta carrera vertiginosa.
¿Tuvo usted una infancia normal?
Creo que ninguno tenemos una infancia normal. Mis padres vinieron a Madrid muy jóvenes, con seis y siete años. Mi madre era de León, mi padre de Extremadura y, como muchos inmigrantes que llegaron entonces, se asentaron en Carabanchel y allí nacimos. Cuando yo era muy joven, ellos dejaron sus trabajos. Mi madre era enfermera en el Hospital 12 de Octubre y mi padre trabajaba como mecánico en Iberia y dejaron sus trabajos para ser misioneros de la Iglesia, emprendedores sociales… (sonríe). En mi libro de escolaridad figuran ocho colegios porque he vivido en diferentes ciudades de toda España y eso me marcó en varios momentos y en varias cosas. Sobre todo, en el optimismo a la hora de asumir riesgos para seguir tu pasión o tu vocación.
¿Esas vivencias le han permitido tener menos apego?
Tengo menos miedo. Mi familia es religiosa y ellos tienen la frase de “Dios proveerá”. Yo no lo veo tanto desde punto de vista religioso, sino un punto de vista de optimismo. Cuando empiezas dices: “Papá, Dios o algún inversor o cliente proveerán”. El miedo te para y hay que tener cierto optimismo y pensar que las cosas van a ir bien. Me marcó el optimismo y el hacer cosas para ayudar a los demás, hacer algo por la sociedad.

Sus padres dejaron sus trabajos, ¿de qué vivían?
De la caridad, de la ayuda que les daban en la parroquia u otras familias. Siempre había un obispo que nos pagaba los colegios o familias que nos daban comida, aunque en ocasiones no había dinero y tenía que romper mi hucha para comprar comida. Tampoco lo he vivido mal, esto no es África ni India. Aunque estés en una situación de dificultad, en España vives muy bien, tienes una Educación pública buena, somos cinco hermanos y todos hemos estudiado con becas de la universidad. Vivimos en un país que, aunque la gente se queje, está genial.
Cuando se imaginaba el futuro, ¿se veía emprendiendo?
Siempre he tenido muchos sueños y he sido muy optimista, y si lo aliñas con mucho trabajo, obtienes el resultado. Yo ya tenía una cultura del esfuerzo y de la disciplina, no solo tenía que aprobar para que me mantuvieran la beca sino que, además, había que pagar libros, comida… Necesitaba conseguir becas de excelencia y para ello tenía que sacar muy buenas notas. Eso sí que te marca más, porque eres consciente de cada día hay que currar. Y hay mucha gente que sueña grande trabajando muy poco y hay que soñar grande y trabajar más todavía, pero con ilusión de progresar y de sacar lo mejor de ti. Para mí el estudio fue una forma de movilidad social. Pero, además de en la educación, creo en la cultura del esfuerzo. Muchos jóvenes quieren mejorar de una forma más fácil y rápida y esa cultura del esfuerzo, de la paciencia, se ha perdido.
¿Cree que es recuperable esa cultura del esfuerzo o llegamos tarde?
En inglés hay una frase que dice que los tiempos difíciles, forjan gente dura, pero luego la gente fuerte propicia grandes tiempos y estos, a su vez, generan personas débiles que traen consigo tiempos débiles y volvemos a empezar. Dependemos muchísimo de nuestros referentes, de nuestros orígenes, pero yo lo que ahora lucho mucho y sobre todo después de del éxito, para mí lo más importante es que mucha gente lo vea como una inspiración.
Hay mucha gente que sueña grande trabajando muy poco
Quiero inspirar a chicos aquí en España que viven en situaciones complicadas para que vean que todo es posible. Damos muchas charlas en colegios de por aquí y a los chavales de Villaverde les explicamos que de aquí del distrito más pobre de Madrid ha la empresa número uno de venta de coches en España, en su mismo barrio.
Me gusta mucho esa conexión emocional, ese impacto que puedes causar en la otra persona. Les faltan referentes.
¿Tienen razones para estar tan desmotivados?
Hay un discurso un poco quejica de que el mundo me ha dado unas cartas malas y yo les digo que dejen de quejarse porque en una entrevista de trabajo a nadie le va a importar su origen social. No, a la gente no le das pena. La vida es dura, no es justa. Pero, ¿qué vas a hacer tú?
¿Alguno de estos alumnos le ha contactado después?
Trabajo también con la Fundación Create, que favorece el emprendimiento entre los jóvenes. Hacemos un proyecto aquí en la nave todos los años para que los chicos de los colegios desarrollen una idea de startup y luego la presenten como si fuera ante un jurado de emprendedores.

¿Contempla algún proyecto en esa dirección para llegar a más niños?
Es una de las cosas que me planteo de cara a futuro, pero mi faceta emprendedora siempre me lleva a montar más empresas y a seguir creciendo, porque al final uno siempre tiene la tentación de seguir haciendo lo que se le da bien.
¿Cuánto te cambia una experiencia de éxito como la suya?
Cuando la sociedad te dice que tienes éxito, tiendes a creer que es por ti y te puedes equivocar. Yo he trabajado muchísimo, por supuesto, pero el éxito es una combinación de cosas. Si no hubiera nacido en este país, si mis padres hubieran sido diferentes, si no hubiera podido ir a Estados Unidos a estudiar con beca, a trabajar en las empresas en las que he trabajado o rodearme de la gente que me rodeado...
Uno tiene que ser consciente de que, aunque como empresario emprendedor siempre te van a ver a ti como el fundador y te ponen la cara; tienes que ser consciente de que eso es éxito cosmético, porque detrás hay muchísima gente y muchísimos factores. En el momento en el que te crees que tú eres el éxito, estás en peligro de convertirte en una persona peor y de creerte que eres infalible y entonces es cuando vas a equivocarte.
El cementerio está lleno de éxitos antiguos. Cualquiera en un garaje monta algo y a lo mejor en cuatro o cinco años se carga mis empresas o mis inversiones. No te puedes relajar y tienes que estar constantemente innovando y cambiando. La definición del éxito es levantarse por la mañana con una ilusión y una motivación y con ganas de trabajar en cosas.
¿Sufre o ha sufrido el síndrome del impostor?
Sí, es muy normal entre emprendedores, sobre todo cuando el éxito viene de una forma tan rápida. El éxito es muy peligroso, hay que digerirlo bien. Tiene una parte buena, que es ser un ejemplo o una inspiración para otros. En una encuesta reciente en España preguntaban a los chavales qué quieren ser de mayores y la respuesta número uno fue influencer. Antes era futbolista… Claro, porque ven cómo alguien de forma aparentemente sencilla, con una pantalla y hablando de tonterías, gana mucho dinero. Pero hay que trabajar. Mi sueño sería que en España dentro de unos años esa respuesta fuera: “Quiero ser emprendedor, quiero generar riqueza”.
Para mí el éxito es tener un sueño y perseguirlo, muchos de estos chicos quieren ser influencers, vale. ¿Y qué están haciendo para ello? ¿Se están formando? No solo basta con el sueño, detrás de todo ese éxito hay mucho trabajo. Si queréis serlo, poneos a currar.
El éxito es muy peligroso, hay que digerirlo bien
Ha explicado en muchas ocasiones que nada cada día 15 kilómetros y muchos ponen en duda que eso sea posible. ¿Lo es?
Sí, nado tres horas al día cinco kilómetros cada hora. La velocidad media suele ser de tres o tres kilómetros y medio en una piscina normal o en natación de larga distancia de alta velocidad y yo llevo muchísimos años entrenando para hacer esas distancias.
Tras la venta de Clicars, ¿cómo reparte su tiempo?
Hace ya un año y todavía estoy como asesor. También soy cofundador y presidente de Clikalia, la segunda empresa que fundé, y además invierto en otros proyectos con parte del dinero que gano, estoy invirtiendo en la siguiente generación de emprendedores y ahora mismo tengo participación directa en unas 70 empresas.
Aunque ahora estoy empezando a invertir en menos empresas, pero con más porcentaje de participación. Hasta ahora hacía muchas inversiones comprando igual un dos o un tres por ciento. Estoy comprando porcentajes más cercanos al diez, 15 o 20 por ciento en empresas en las que entro en el Consejo y tengo reuniones semanales con los fundadores y emprendedores. Así intento aplicar en esos negocios lo que ya he aprendido.
Las empresas en las que invierto suelen tener entre diez y 40 empleados y un mínimo de un millón de euros en facturación, se trata de proyectos que no están empezando por completo. Yo les ayudo a llegar a la siguiente fase, a atraer inversión, a negociar con los bancos para conseguir mejores condiciones, talento... El retorno lo obtienes a los diez o 15 años y de las startups, solo una de cada diez sobrevive después de diez años.
¿Cómo serán los emprendedores del futuro?
Creo que va a ser increíble el cambio de la sociedad y de la gente gracias a la inteligencia artificial. El mercado laboral no es capaz de ofrecer a la velocidad necesaria lo que las empresas demandan. El otro día leía que quizá deberíamos enseñar a los niños desde Primaria informática y a familiarizarse con determinados lenguajes. La inteligencia artificial está programando mejor que determinados programadores. Creo que los trabajos del futuro van a necesitar componentes humanos de empatía y creatividad y eso a las máquinas les va a costar más. Muchos trabajos de diagnóstico médico, sentencias judiciales, abogacía, análisis financiero… lo van a hacer algoritmos. Por eso los trabajadores del futuro serán los que mejor sepan trabajar con máquinas, tecnología y algoritmos.
¿Está trabajando ahora en el germen de otra posible empresa?
Siempre estás pensando en ideas, pero creo que en la vida el éxito muchas veces viene de enfocarte en algo y hacerlo bien. Ya somos más de 1.200 personas en Clikalia, una empresa sólida y rentable que levantó en 2021 la mayor ronda de capital en la historia de España, 460 millones. Por supuesto que tienes un montón más de ideas, pero si te dispersas mucho, no tienes impacto.
El éxito muchas veces viene de enfocarte en algo y hacerlo bien
Alguien que pueda estar leyendo esta entrevista y que tenga una posible idea de éxito, ¿qué pasos no debería saltarse?
Primero, trabajar para otros. Muchos de los emprendedores más exitosos han trabajado antes para otras empresas. Hay que aprender a ser bueno, tener una cultura del trabajo. Cuando ya tienes eso y una idea, creo que también es importante lanzarte cuanto antes y no sucumbir a la parálisis por análisis. Emprender es como lanzarte por un precipicio y aprender a volar mientras caes. Me gusta mucho una frase que dice que todo el mundo tiene una idea hasta que te pegan un puñetazo en la cara. Y es así, la realidad nunca es como uno se la ha imaginado en el papel y te tienen que dar palos, por eso hay que lanzarse y empezar a luchar.
Otra recomendación es rodearse de gente que lo haya hecho antes. Yo metí a otros emprendedores que habían montado y vendido sus empresas antes, igual que yo. Ahora estoy invirtiendo en otros emprendedores que vienen a mí para que invierta en sus empresas porque saben que mis conocimientos –por todos los puñetazos que me han dado–, se los puedo contar y por lo menos eso que se ahorran. No todos, claro, pero sí espero ahorrarles algunos.
Y, sobre todo, creo en la cultura del esfuerzo, del trabajo. Antes de emprender, hice una carrera de diez años como directivo en banca, en consultoría, y trabajaba muchísimas horas. Creo que la cultura del trabajo es muy importante porque en una startup trabajas todos los días de la semana, no hay fines de semana, no hay horarios. Por eso primero tienes que ver si eso es para ti o no y la mejor forma de hacer eso es haber trabajado antes en un entorno exigente. Es lo que le digo a todos: sueña grande, pero trabaja duro.

Si alguien tiene una idea de un sector que le pilla totalmente alejado, ¿es factible que salga adelante si se rodea de especialistas en esa área?
Claro. Yo tampoco sabía mucho de coches, pero me rodeé de mi socio Carlos, que era ingeniero de motores y que había trabajado en otras compañías de coches. Yo sabía financiar coches, que también es muy importante, y había montado una empresa. Lo más importante es el equipo fundador de la empresa, elegir a un socio que tenga habilidades, conocimientos que tú no tienes, que sean complementarios.
Sueña grande, pero trabaja duro
Y que la gente que se incorpore por debajo experimente muchas veces como líder. Es más, tu capacidad de atraer y retener talento también es fundamental. A mí se me ha dado bien convencer a otra gente para que se una a mis proyectos. Muchas veces confieso que no tengo ni idea de un proyecto, pero sé crear empresas, cómo atraer capital, cómo crecer y cómo crear equipos y atraer talento.
¿A qué hora se levanta?
A las 05:15 horas. A veces más pronto porque tengo un vuelo y otras veces no puedo nadar porque tengo un viaje y esos días tengo que entrenar por la noche. Pero creo que esa disciplina es decisiva. Nado tres horas al día, 15 kilómetros, en la piscina que instalé en Clicars y que aún no he logrado trasladar.
¿Cuántas horas duerme?
Cinco horas y media, según mi reloj.
¿Tiene un despacho fijo?
Nunca he tenido un despacho como tal porque no creo en esas cosas. Siempre me siento donde haya un hueco en mis empresas. Creo que es importante estar cerca del terreno y de las personas, que te vean accesible.