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Restauración de la muralla árabe en el año 2015.
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Restauración de la muralla árabe en el año 2015. (Foto: Kike Rincón)

La muralla árabe-cristiana refuerza su visibilidad con un centro cultural y envuelta en zonas verdes

jueves 12 de enero de 2023, 12:04h
Actualizado: 17/01/2023 21:05h

La huella de la muralla árabe y cristiana de Madrid verá reforzada su visibilidad. El Ayuntamiento de Madrid ultima un plan especial para proteger y poner en valor los escasos vestigios aún en pie del parapeto defensivo que levantaron los musulmanes junto al Palacio Real en el siglo IX y que se amplió durante el reinado del Alfonso VI en el XII. Cibeles blindará y transformará en zonas verdes visitables las seis parcelas en las que aún puede contemplarse este documento arqueológico que forma parte de la memoria de la Villa. En la calle Escalinata -junto a la Plaza de Isabel II- se construirá un centro cultural "para que madrileños y visitantes puedan conocer el histórico de la muralla en la ciudad", ha señalado este jueves Mariano Fuentes, delegado del área de Desarrollo Urbano que impulsa este proyecto.

Los restos se encuentran desperdigados por el casco histórico de la capital. El Ayuntamiento de Madrid prevé invertir 9 millones para actuar sobre tres espacios, algunos solares de titularidad privada que recuperará para el disfrute público, en las calles Escalinata, Espejo, Almendro y Cava Baja, además de en el parque del Emir. La protección, no obstante, se extenderá a parte del viario y a terrenos libres que pueden contener tramos de la fortificación cuya existencia se ha documentado históricamente.

Además del ajardinamiento y adecuación de los terrenos que contienen metros de muralla, el Consistorio recuperará en la calle Bailén, 12 el espacio a nivel de planta inferior para descubrir y potenciar los restos existentes e incorporarlos al recinto del parque del Emir. En este mismo enclave se proponen también unos cerramientos que permitan ver la muralla desde la vía pública, restituyendo así la continuidad de la trama urbana del casco antiguo.

En paralelo, esta nueva ordenación del ámbito amurallado contempla la fijación de normas específicas para poder rehabilitar los edificios construidos sobre los vestigios de la fortificación árabe-cristiana. Hasta ahora, estas viviendas y locales "no podían ser reformados", ha apuntado Mariano Fuentes, requiriendo algunos obras para "mejora de fachadas, cubiertas o instalación de ascensores".

Una muralla para resguardar Mayrit

La primera muralla de la capital, la árabe, se erigió durante el emirato de Muhammad ben Abd al Rahmman entre los años 850 y 866. Corría el tiempo de la Reconquista y tomar Mayrit -como la bautizaron los musulmanes- multiplicaba las opciones de penetrar los muros de Toledo. Con este objetivo se levantó esta atalaya defensiva que flanqueaba el Palacio Real y la Catedral de la Almudena. Más tarde, con el califa Abd al Rahmman III al mando, se reforzó con sillares de sílex en torno a las torres siguiendo una extensión de nueve kilómetros.

En total, llegó a envolver un perímetro urbano de alrededor de cuatro hectáreas de superficie que comprendían el alcázar y la almudaina, accediéndose por las puerta de la Vega, la Santa María y la de la Sagra. Un tramo de 120 metros de longitud aún pueden verse en el parque del Emir Mohamed I, junto a la Cuesta de la Vega y la Cripta de la Catedral de la Almudena. Unas obras en el año 1953 destaparon los vestigios.

La incursión cristiana trajo consigo una nueva muralla, aunque ninguna de las dos que han resguardado Madrid conservan la prolongación original. Según los restos arqueológicos hallados, comenzó a construirse tras la caída de Toledo durante el reinado de Alfonso VI y monarcas posteriores siguieron añadiendo tramos hasta el año 1212, que coincide con la batalla de las Navas de Tolosa, una de las batallas más importantes de la Reconquista. En 1967, la demolición del inmueble que ocupaba el número 17 de la calle Almendro dejó al descubierto 16 metros de muralla que el El Ayuntamiento restauró en el año 2020.

Antes, en 1954, el Gobierno franquista declaró ambas murallas Monumento Histórico-Artístico al considerarlas "un documento arqueológico de extraordinario valor para la historia de esta villa, pues Madrid no está sobrado de recuerdos de su historia”. Como puntualización, se estableció que la obligación de conservar el muro comprendiese tanto las zonas descubiertas como todos los fragmentos que pudiesen aparecer en lo sucesivo. Sin embargo, esta norma se infringió en años posteriores y algunas partes fueron destruidas.

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