Si algo caracteriza la presente primavera en la capital de España es el gran volumen de obras que se están llevando a cabo. Desde macroproyectos como el nuevo estadio Santiago Bernabéu, el carril bici de la Castellana, el Nudo Norte, la cubrición de la M-30 en el entorno Mahou-Calderón, o el Hospital 12 de Octubre, a otros más pequeños, aunque significativos, como la renovación de la emblemática Puerta del Sol, la avenida General Perón, el desmontaje del puente de Pedro Bosch o la plaza de la Remonta, entre muchos otros.
El Madrid del mañana ya está en marcha. Sin embargo, el precio que se debe pagar para alcanzarlo no es precisamente bajo, sobre todo para los vecinos. Más allá de las cuestiones económicas y como puede parecer lógico, muchas de estas obras traen aparejadas molestias de diversa índole y que afectan tanto a los propios madrileños como a los millones de turistas que visitan cada año la ciudad: cortes de tráfico e itinerarios alternativos, reducción de espacios transitables, suciedad, contaminación del aire y, sobre todo, el ruido generado por los taladros, las grúas y los camiones.
Una "isla de ruido" en el norte de Madrid
Desde la Asociación de Vecinos de Begoña, afectados por las reformas vinculadas a la ‘Operación Chamartín’ en el Nudo Norte, no dudan en definir su barrio como “una isla de ruido y contaminación en medio del nuevo Manhattan de Madrid”. Las principales molestias, explican, se vinculan con la contaminación atmosférica, lumínica y, por supuesto, acústica. “Ya de antemano veníamos sufriendo unos ruidos infernales como consecuencia del gran volumen de tráfico que circula a diario por la M-30 y el paso de los trenes de Cercanías. Un ruido que no está cesando durante las obras. Además, cuando la reforma finalice y pase a haber ocho carriles, será aún peor”, advierte Pilar Martínez, tesorera de la asociación, en declaraciones a Madridiario.
Controles de velocidad y más vegetación, las soluciones
Entre las medidas propuestas por el vecindario para paliar, en la medida de lo posible, la vigente problemática destacan el soterramiento de los tramos más próximos a las viviendas, la utilización de algún tipo de asfalto que aminore el ruido del tráfico rodado, la instalación de paneles con mensajes luminosos que adviertan de los controles de velocidad en determinados tramos y la plantación de especies vegetales que amortigüen el sonido. “A pesar de haber hecho ya muchas mediciones y demostrar que el ruido en la zona está muy por encima de los decibelios que son recomendables, no parece que desde el Ayuntamiento vayan a hacer nada. Lo ideal sería soterrar, pero las constructoras ni si quiera lo valoran. No les interesan las personas, solo sus beneficios”, explican.
Hasta la fecha, la única actuación ejecutada para reducir el ruido pasa por la instalación de mamparas a ambas orillas de las vías. Sin embargo, la vecindad argumenta que, por el efecto rebote, estas no hacen más que “desviar el ruido hacia arriba”, de manera que pasa de afectar a los pisos bajos para focalizarse en los superiores. Como cabe esperar, los altos niveles de contaminación acústica están perturbando el descanso de los vecinos. “Cuando todo esto empezó, emplearon una tuneladora que provocó un ruido terrible. Era insoportable. Ahora estamos con otras actuaciones que, aunque menores, también causan molestias. Algunos vecinos son incapaces de conciliar el sueño”, añaden.
El “calvario” de Imperial
Otro de los tramos de la M-30 afectados por el ruido se ubica en el entorno Mahou-Calderón, como consecuencia directa de la cubrición del ramal de la vía que atravesaba los bajos del estadio Vicente Calderón. “Se ha tomado la decisión de no soterrar, sino de cerrar una especie de túnel muy similar al que había anteriormente”, cuentan desde la Asociación Vecinal Pasillo Verde – Imperial. El problema, denuncian, radica en que, mientras duren las actuaciones, al tráfico rodado habitual hay que sumar el “importante trasiego de camiones que transportan el material de obra, dando lugar a altos niveles de contaminación atmosférica y acústica que afectan especialmente a las viviendas colindantes”.
Para más inri, los vecinos vaticinan niveles de ruido aún mayores a medida que los trabajos avancen. “Se trata de una obra de las gordas y eso que aún estamos en los comienzos. La parte más álgida del proyecto todavía no ha llegado. Todo se va a complicar cuando sea el momento de transportar y colocar las cerca de 200 vigas prefabricadas, de hasta 22 metros de longitud, necesarias para la sujeción de la infraestructura. Van a necesitar grúas y transportes especiales. Más allá de las viviendas, incluso los centros educativos de la zona podrían verse afectados. Va a ser un auténtico calvario”, lamentan.

Cubrir la M-30, una obra "de las gordas"
En último término, la Asociación Vecinal Pasillo Verde - Imperial recrimina la "poca permeabilidad" del actual equipo de Gobierno frente a la participación ciudadana en este tipo de proyectos urbanísticos que modifican sensiblemente la morfología de los barrios y afectan al día a día de los vecinos. "Comenzamos colaborando estrechamente con el Consistorio. Sin embargo, ese diálogo se ha ido perdiendo. Hay quien interpreta las urnas como democracia representativa y quien lo hace desde una perspectiva más participativa. No obstante, en una sociedad madura como la nuestra, no tiene demasiado sentido cerrar la puerta al diálogo con los ciudadanos", concluyen.
Consejos para cuidar nuestra audición
De acuerdo con lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en torno al 50 por ciento de los adolescentes y jóvenes de países con ingresos medios y altos se encuentran expuestos en la actualidad a niveles de ruido que pueden resultar perjudiciales para su salud. Estos se relacionan fundamentalmente con el tráfico, pero también se deben tener en cuenta los malos hábitos en cuanto a la salud auditiva, tales como la escucha de música con auriculares en los dispositivos de audio personales o la asistencia habitual a bares, discotecas y salas de conciertos. Tanto es así que más de 1.000 millones de personas con edades comprendidas entre los 12 y los 35 años están en riesgo de perder la audición fruto de la exposición prolongada y excesiva a música y otros sonidos recreativos por encima de los 80 decibelios.
“Actualmente nos enfrentamos a muchas agresiones a nivel de sonoridad: auriculares, conciertos, fiestas, discotecas… Son muchos riesgos y, para más inri, no se le presta ninguna atención. Las consecuencias no se dan al día siguiente, pero el efecto es lento y progresivo. En pocos años vamos a empezar a ver jóvenes, de no más de 40 años, con graves pérdidas auditivas”, explica Faustino Núñez, presidente de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), a este digital.
En este sentido, las autoridades sanitarias recomiendan un mayor seguimiento y un registro constante de los niveles sonoros con el equipamiento adecuado, la optimización de la acústica y los sistemas sonoros de las instalaciones para garantizar una calidad de sonido óptima y una escucha segura, el uso de protección auditiva personal en las circunstancias en las que resulte necesario, empleando para ello tapones, cascos o auriculares que aíslen del ruido, garantizar el acceso a zonas silenciosas para que los oídos descansen o la formación y concienciación social con respecto al daño auditivo y los riesgos que entraña. También la limitación del volumen y el tiempo de uso de los dispositivos de audio personales, sobre todo entre los más jóvenes, realizar revisiones audiológicas periódicas, idealmente una al año, y evitar, en la medida de lo posible, sonidos de gran intensidad que puedan dañar el oído.