www.madridiario.es
Acuarela de A. Hübner sobre el mercado del Carmen publicada en La Esfera en 1917. La iglesia es la de San Luis.
Ampliar
Acuarela de A. Hübner sobre el mercado del Carmen publicada en La Esfera en 1917. La iglesia es la de San Luis. (Foto: A. Hübner)

La plaza del Carmen y los mercados (II)

lunes 15 de febrero de 2021, 08:35h

La actividad de mercado callejero en esta, como en casi todas las plazas madrileñas, es difícil de datar con exactitud. En la del Carmen se ha publicado que, por lo menos, se realizaba desde 1820. También se cita al año 1830 por el traslado de los cajones (puestos callejeros) que se colocaban hasta entonces en la vecina Red de San Luis. Este movimiento parece lógico porque en ese cruce se iniciaron obras que culminaron en 1832 con la inauguración de la fuente conocida como de los galápagos, que hoy está en el Retiro. Estos mercadillos callejeros no debían ser modélicos.

El alcalde Marqués Viudo de Pontejos se propuso, en 1835, acondicionar mercados para garantizar la higiene y contribuir al ornato de la ciudad. Encargó al arquitecto Francisco Javier Mariátegui la redacción de proyectos para los mercados de San Ildefonso, el Carmen, la Cebada y los Mostenses. Existe en el Archivo de la Villa, un expediente promovido en 1835 por Apolinar López de Soria, en representación de una sociedad anónima, solicitando abrir mercados en la plaza de la Cebada y en las plazuelas del Carmen y San Miguel. Entre los abundantes documentos que contiene el abultado legajo, figura una petición de amparo de los comerciantes que ya estaban en la plazuela del Carmen. En ella se menciona:

Ciento y sesenta y dos cajones de madera se hallan establecidos en el día en la plaza del Carmen, hechos todos o comprados por los que los ocupan, consumiendo generalmente en ellos su capital, cambiando por la esperanza de ir allí a ganar para el sustento de sus familias.

En el transcurso de la tramitación aparecieron una serie de órdenes dictadas entre 1795 y 1800 para el ordenamiento de los cajones en la plaza Mayor y en las plazuelas de la villa, invocando a ellas -y a un supuesto derecho de ocupación a perpetuidad- para mantener el derecho de seguir vendiendo. Los comerciantes de San Miguel realizaron reclamaciones similares. En octubre de 1835 el ayuntamiento adjudicó las obras a la sociedad encabezada por Ricardo Joaquín de Henry. No cejaron los vendedores en su empeño recurriendo a todos los estamentos posibles, desde el gobernador civil hasta a la Magistratura. El 15 de febrero de 1836 debía haber comenzado la construcción de los mercados, lo que no pudo hacerse por no haberse desalojado a los vendedores, a los que no se reconoció derechos a perpetuidad. Del expediente mencionado se desprende que el asunto entró en un laberinto kafkiano y que a final de diciembre de 1839 no se había resuelto.

La escultura del farolero se instaló en la plaza pero después se trasladó a la Imprenta Municipal (Foto: Antonio Castro)

En esa fecha termina el expediente así que parece que nada se movió. En 1848 se pretendió desalojar otra vez a los vendedores para levantar un auténtico mercado y ajardinar la plaza. Las resistencias de los comerciantes dio al traste con la idea y así permaneció el mercado callejero durante sesenta años más. Y el mercadillo no mejoró en nada si nos atenemos a las noticias publicadas en prensa el año 1906 (El Día, 2-3-1906), cuando se inauguró el Bazar del Carmen:

El contraste que forma el nuevo local con los cajones de enfrente, malsanos, viejos, antihigiénicos, en pugna con el ornato público, no puede ser más deplorable. Así es, que si la desaparición de estos venía imponiéndose de antiguo, ahora lo piden con urgencia las leyes de la estética que, recomendamos, no olviden el Ayuntamiento y el alcalde.

Este bazar, abierto el 1 de marzo de 1906, fue una iniciativa del empresario Francisco Egea, que encargó el proyecto al arquitecto Antonio Farrés. Tenía la entrada principal por la plaza del Carmen, con vuelta a la de Tetuán. Constaba de una nave central con 36 puestos, una fuente en el centro para limpiar verduras, restaurante y bodegas para conservar los productos. Por las descripciones que se dan sobre su ubicación, podría ocupar parte del solar del actual teatro y centro comercial, ya que en una reseña se decía que estaba adosado al frontón Central.

Esta nave debió servir como revulsivo a los vendedores callejeros. El 16 de julio de 1907 se inauguró un nuevo mercado según el proyecto del arquitecto Isidro Urbano. Lo promovió la sociedad de mercaderes de la plaza y costó 500.000 pesetas. Se levantó en poco más de seis meses y los antiguos cajones se transformaron en 140 puestos, más higiénicos y ordenados. El puesto más antiguo entonces era la pescadería de la señora Pepa, quien informó a los periodistas de que se había abierto sesenta años atrás por una tía suya de ese nombre. El edificio, que ocupaba buena parte de la superficie de la plaza, fue casi totalmente destruido durante la Guerra Civil.

Plano de 1937 donde se observa la distribución de la plaza

Al acabar, se rehabilitó aunque cayó bajo la piqueta cuando se inició la construcción del aparcamiento subterráneo. Los comerciantes ofrecieron resistencia a abandonar el viejo mercado, a pesar de la promesa de que tendrían nuevo espacio comercial tras las obras. Fueron trasladados a una galería que había construido el Ayuntamiento en la calle de la Ballesta. El 7 de enero de 1969 comenzó el derribo y aunque se dijo que los comerciantes construirían otro mercado subterráneo en el mismo lugar, nunca llegó a realizarse.

Recordando la anterior actividad comercial, el 17 de mayo de 1990 se descubrió en un rincón de esta plaza el busto dedicado al empresario Pepín Fernández, fundador de las desaparecidas Galerías Preciados, que se levantaron muy próximas a este lugar.

Busto de Pepín Fernández, fundador de Galerías Preciados (Foto: Antonio Castro)

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios