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Que las banderas no oculten la corrupción

En estos tiempos convulsos plagados de emociones, sentimientos y resurrecciones de monstruos, se pasa de puntillas por aquellos asuntos relevantes para la mayoría. El pasado lunes fueron decenas de miles de personas las que, en marcha desde toda España, se congregaron en la Puerta del Sol por el futuro, por unas pensiones dignas, auténtico elemento vertebrador de los estados. En estos días de exaltación patriótica de unos y otros debería avergonzar, a unos y otros, la desigualdad, la pobreza y la corrupción. La solidaridad y la lucha contra la corrupción son armas fundamentales.

La Comunidad de Madrid ha sido laboratorio de neoliberalismo y corrupción. A la zaga han seguido otros territorios como la Valencia de Francisco Camps o la Cataluña de los Pujol. Es innegable la relación directa entre desigualdad, pobreza y corrupción, por lo que hay que cambiar el modelo y acabar con una fiscalidad que está al servicio de los más ricos.

La corrupción es un problema de modelo que desde el año 2004 ha campado a sus anchas por la Comunidad de Madrid. La llegada de Esperanza Aguirre tras el “tamayazo” trajo un sistema de capitalismo ultraliberal en el que los neocon llevaban de la mano la corrupción. Una corrupción que tiene un coste económico de miles de millones de euros que siempre termina pagando la clase trabajadora. Es necesario un cambio de modelo. Urge la regeneración.

Recientemente, la Escuela Sindical de CCOO de Madrid, consiguió reunir a políticos de diferente signo para dar luz sobre las medidas a tomar. Sobre este asunto, “regeneración política como base para la regeneración económica”, debatieron cuatro diputados nacionales de los partidos con representación en la comunidad madrileña: Juan Vicente Pérez (PP), Rafael Simancas (PSOE), Iñigo Errejón (Podemos) y Marcial Gómez (Ciudadanos), moderados por Carmen Vidal, secretaria de Comunicación de CCOO de Madrid.

El representante del PP, Juan Vicente Pérez, tras asegurar que la ciudadanía “nos ha desautorizado prácticamente a todos”, citó uno de los pasajes más conocidos de James Madison, uno de los padres de la Constitución de EEUU en cuya defensa salió con artículos periodísticos firmados como Publius. El mencionado texto es una metáfora sobre el escepticismo frente a la naturaleza humana, así como la desconfianza ante el poder:
“Si los hombres fuesen ángeles, el gobierno no sería necesario. Si los ángeles gobernaran a los hombres, saldrían sobrando lo mismo los controles externos que los internas del gobierno. Al organizar un gobierno que ha de ser administrado por hombres para los hombres, la gran dificultad estriba en esto: primeramente hay que capacitar al gobierno para mandar sobre los gobernados y luego obligarlo a que se regule a sí mismo”.
Abogó el diputado popular por aplicar controles para garantizar los derechos y la legitimidad democrática y dio impresión de querer pasar página aludiendo al paquete de “regeneración democrática”, unas medidas contra la corrupción que asegura ha fortalecido a su partido.

Por su parte, Rafael Simancas, tras proclamar la importancia de los sindicatos para la convivencia democrática y la estabilidad social, reivindicó la política para organizar el espacio público compartido. Simancas, con cierta retranca afirmó “el coste de la corrupción soy yo”, refiriéndose al “tamayazo” que en 2003 impidió que fuera presidente de la Comunidad de Madrid en beneficio de Esperanza Aguirre. Todos recordamos el frustrado plan estratégico territorial acordado en un programa de gobierno PSOE-IU. “Nos costó lo que nos costó y después vino lo que vino”, aseguró.

Insistió el diputado socialista en que hay muy poco diálogo y hay que reivindicar la política porque así ganará la colectividad frente a quienes la usan para sus intereses, “reivindicar política y regeneración es reivindicar los intereses de las personas más vulnerables de la sociedad”, concluyó.

Además, Simancas se refirió a estos “días complicados” que estamos viviendo, en los que “todo está desaparecido, porque todo se lo han comido conceptos tan anacrónicos como independentismo o soberanismo”, mientras hay una agenda de modernización pendiente que no atendemos.

En este escenario, Simancas realizó autocrítica sobre los partidos políticos tradicionales: “tenemos que pasar de una democracia representativa a una representación más ciudadana” y enfatizó en la necesidad de moralizar la vida pública: “sigue existiendo demasiada discrecionalidad y opacidad en la contratación pública”, denunció. Por ello, defendió que se dote a fiscales y policía para controlar comportamientos espurios. En su opinión, “sigue siendo muy barato ser corrupto, y sobre todo, corruptor. Existe todavía mucha impunidad”.

Además, relacionó la existencia de corrupción con aumento de precariedad y pobreza laboral “mientras los ricos son más ricos. Algo que tiene que ver con la reforma laboral y una legislación que debilita la negociación colectiva”. Asimismo aseguró que hay que subir el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y el salario de los funcionarios y, para ello, tiene margen el Gobierno.

Coincidió Iñigo Errejón con Simancas en la interrelación existente entre corrupción y desigualdad. Además criticó el alejamiento entre ciudadanía y política, “los políticos se parecen demasiado entre sí, las decisiones las toman poderes lejanos de la democracia”, y puso como ejemplo que se dé por perdido el rescate a los bancos.

Para el diputado de Podemos la crisis ha sido un proceso en el que las élites se han situado por encima de las leyes y en el que “los movimiento sociales y obreros, fundamentales en la Transición, son un objetivo prioritario”.
Nadie puede decretar, ni enfrentarse, contra los sentimientos, pero seamos racionales y que las banderas no oculten la corrupción.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

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